La sufrida clase trabajadora
domingo 13 de diciembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 19/12/2009 12:03h
Miles de personas han salido a la calle para reivindicar, junto a los sindicatos, su derecho a sobrevivir. Hay mucho que decir sobre la crisis y sus consecuencias, pero nadie puede dudar que los máximos sufridores de la misma son los sufridos trabajadores. Por un lado, hay unas decisiones políticas que no siempre ayudan. Esconder la mala situación económica, negarla durante meses, no ayudó mucho, la verdad. Las previsiones -excepto las del Gobierno- no son buenas; un relevo ministerial en Economía en medio de la hecatombe tampoco parece lo más adecuado. Y los brotes verdes, por desgracia, sólo aparecen en los sueños de la actual titular del departamento.
Por otro, los empresarios. Aunque en su mayoría se las ven y se las desean para sacar sus negocios adelante, hay quienes están aprovechando que el Pisuerga pasa por la oficina del INEM para descargarse de trabajadores o asustar a los que les quedan con rebajas y reducciones. Malos tiempos para la dignidad laboral. Ni que decir tiene que todos entendemos que quien tiene una empresa lo hace para ganar dinero. Pero igual que cuando las vacas son gordas y los beneficios pingües todo es alegría, convendría que hubiera algo de contención cuando las cifras no son tan buenas. Y no dedicarse sistemáticamente a buscar la manera de reducir el sueldo a los trabajadores en lugar de ser más imaginativos.
Por último, los sindicatos. Su misión es la defensa de la clase trabajadora. Pero las épocas de estrecheces llegan a todos; un ejemplo de austeridad, en su caso, sería a lo mejor reducir los liberados y destinar a algunos de estos a realizar los trabajos que desempeñaban antes de liberarse. Sobre todo en aquellos sectores donde los recortes de plantilla han dejado tiritando los departamentos y a los pocos trabajadores que quedan sepultados literalmente en tareas añadidas a las que ya tenían.
¿Y a los trabajadores, qué se les puede pedir? ¿Paciencia? Ya tienen mucha. ¿Resignación? Parece una antítesis de la deseada competitividad y la iniciativa laboral. ¿Que acepten más rebajas? El miedo es libre, y ahora hay mucho suelto por el mundo laboral. Pero si eso deteriora las condiciones laborables hasta devolvernos a situaciones de un siglo atrás, habremos perdido mucho más que el presente: también perderemos el futuro.