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Rajoy pone orden en el PP ignorando la democracia

Rajoy pone orden en el PP ignorando la democracia

miércoles 04 de noviembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 10/11/2009 17:29h
El presidente del PP, Mariano Rajoy, ha decidido intervenir ante el caos y desorden existentes entre los populares valencianos y madrileños. Eso dicen los que consideran que, por fin, el jefe ha dado un golpe en la mesa (no sé en cuál) y ha puesto orden en el ejército de Pancho Villa que parece el centro derecha español.

Unos y otros, amigos y enemigos de Rajoy, han olvidado que un partido político no es ni una empresa familiar ni una sociedad comandada por jefes absolutistas que llegan a dedo y a dedo eligen a los necesarios para todo lo que se les encomienda. Todas las formaciones políticas han de ser democráticas y deben recurrir a la democracia para decidir sus posiciones y nombrar a los elegidos para defender estas políticas en las instituciones. La Carta Magna deja bien claro, en su artículo 6, que “su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”.

Evidentemente, a nadie se le ha ocurrido desarrollar unas reglas de juego para todos los partidos políticos, en las que quede claro que las sanciones se impondrán cuando uno se salta a la torera ciertas normas y no cuando el que gana tiene mayoría en el órgano que castiga y vela por el funcionamiento democrático de esta o esa formación política. Por ese motivo, los encargados por los que mandan en los partidos de resolver los conflictos internos, más que hacer justicia lo que hacen es servir de apoyo a los intereses del capo de turno, dictando sentencias que tienen más que ver con los equilibrios o desequilibrios internos que con el cumplimiento de la norma.

En Valencia, los populares han esquivado el marrón de las golferías del caso Gürtel como han podido y han interpretado el cese de Ricardo Costa a su manera, es decir, pasándose por el forro de la sobaquera las decisiones de Rajoy, quien, a su vez,  acordó lo que se le puso en la entrepierna respecto a la corrupción.

En Madrid, la batalla por el control de Caja Madrid volvió locos a todos los populares, y a los otros. De pronto, Rodrigo Rato se convierte en la solución a todos los males de Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, quienes se encontraron en el camino de la pacificación entre los populares madrileños y españoles unas declaraciones de la mano derecha del alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, el vicealcalde, Manuel Cobo, en las que dice lo que piensa sobre su compañera de partido y presidenta autonómica, Esperanza Aguirre. Ella respondió pidiendo mano dura contra el que lanza esas duras afirmaciones contra ella. Con todos estos follones adornando el belén popular, el presidente nacional toma la iniciativa y asegura que el que se mueva o hable no irá en las listas electorales, que como todo el mundo sabe se deben elaborar democráticamente.

Asimismo, su amigo valenciano, el presidente Francisco Camps, después de hacer lo ordenado por su amiguito gallego, hoy afincado en Génova, y remodelar su Ejecutiva a gusto del que manda, advierte que todo el que hable sin su permiso puede ser excluido de las listas, del partido y de no sé cuántas cosas más.

Esto está lleno de demócratas.
Al final, Aguirre consigue que la atiendan a medias, Rajoy consigue desenvainar su espada de filos antidemocráticos para dejar todo como estaba aunque parezca lo contrario y a Cobo con su sanción a cuestas por no decir dentro de los órganos de su partido lo preocupado que está por los derroteros de la liberal Aguirre. No se sabe si Alberto Ruiz-Gallardón tendrá ánimos para  compartir la carga de la sanción de Cobo y así aligerar el peso, no sé si político, de ambos.

Al final, lo único que ha quedado claro, al menos para mí, es que el que no llora, no mama a la hora de obtener algún cargo público y bien retribuido, e incluso que mamando se puede uno quedar con hambre y sin puesto. Son cosas de la democracia que aplican los partidos políticos. El que hace las listas consigue agradar, incluso, al que se queda fuera por no haber pillado teta u otra parte del cuerpo, político, por supuesto,  a la que engancharse.

Nino Olmeda

Periodista. Empezó su carrera profesional en El Socialista, colaboró con medios como Diario 16 e Interviú y durante casi una década intervino en tertulias de la Cadena Ser. Fue presidente de Tele K (televisión de Vallekas). Durante más de 30 años se dedicó a la información autonómica en Servimedia, Ha recibido numerosos premios de la Asamblea de Madrid, el Gobierno regional, la ONCE, Canal 33 y premio APM, entre otros. También ha recibido, tras su jubilación que no retirada, un homenaje de los todos los presidentes de la Comunidad de Madrid y de la Asamblea autonómica. En la actualidad, colabora con Madridiario y Zarabanda.

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