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Las pantallas del los cines Callao invitan a la población a permanecer en casa.
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Las pantallas del los cines Callao invitan a la población a permanecer en casa. (Foto: Chema Barroso)

La solidaridad de quienes salen de casa por una buena causa en plena crisis del coronavirus

domingo 15 de marzo de 2020, 09:00h

El claro mensaje de “evitar salir de casa” lanzado por las autoridades parece que ha llevado a equívocos. Pese a la situación de emergencia, con el estado de alarma activado desde el sábado, muchos cogieron los bártulos y se echaron a la carretera con destino a sus segundas residencias en el pueblo o la playa. Las administraciones han advertido de que “no estamos de vacaciones”, pero el confinamiento en el domicilio no convence a todos. Frente a esta cuestionable actitud, otros han optado por seguir las recomendaciones o ‘saltárselas’, pero por una razón justificada: ayudar a los colectivos más vulnerables.

Como cada vez que se ha enfrentado a una situación adversa, la sociedad madrileña no ha escatimado en demostraciones de solidaridad. A título personal, organizados en grupos o desde las empresas, se ha alimentado una ola de altruismo para combatir al coronavirus. Algunos han seguido con buenas costumbres como la de donar sangre, acudiendo a la llamada del Centro de Transfusión madrileño, que vio mermar las donaciones a poco más de 600 al día. Atendieron a la garantía de la Consejería de Sanidad de que las salas y unidades móviles son espacios seguros y libres de contagio y, con ello, han contribuido una vez más a salvar vidas. Otros han emprendido nuevas iniciativas con el foco puesto en los enfermos y los mayores.

El Colegio de Médicos de Madrid ha puesto en disposición del Gobierno regional un registro de facultativos no asistenciales o jubilados que han mostrado su interés en prestar atención sanitaria en caso de que se les necesite. “Se han ofrecido desde médicos en el área de prevención de una empresa que ha cerrado estos días hasta personal ya retirado”, comentan a Madridiario desde la institución. Más de 50 personas han completado el formulario habilitado para detallar su experiencia, su especialidad o si se encuentran activos.

“No solo se trata de hacer una lista”, explican, sino de comprobar en qué área puede colaborar cada uno o si puede hacerlo. “Quizá alguien de 75 años, con 10 años sin ejercer, no puede estar en un sitio asistencial porque además por edad es grupo de riesgo”, aclaran. Por el momento no se ha solicitado su actuación, pero el objetivo es adelantarse a una posible demanda pues, a la importante carga de trabajo se suma el riesgo de que “los médicos puedan infectarse y no poder ejercer”.

Los empresarios también han querido aportar soluciones y en la capital varios hoteles han puesto a disposición de Sanidad sus habitaciones para que se transformen en áreas medicalizadas. Hasta ellos podrían desplazarse aquellos pacientes con patologías leves que requieran aislamiento pero prefieran permanecer lejos de sus viviendas. De hecho, esta propuesta ha sido incluida en el paquete de 200 medidas que anunció el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso el pasado día 12 de marzo como plan de choque al avance de la pandemia.

Largas colas para donar sangre en Madrid. (Foto: MDO)

Comida a domicilio y voluntarios para hacer recados

Por su parte, mercados municipales como el de La Paz han habilitado un servicio telefónico y online a través de sus plataformas digitales para recibir pedidos por vía telefónica y acercar la compra a las casas de los usuarios. Una iniciativa con la que favorecen la reducción de los desplazamientos de la población y abastecen las despensas de las personas mayores del barrio. Acciones similares han sido promovidas por el sector hostelero y de la restauración, así como por parte de entidades y particulares.

En Valdemoro, su Asociación de Consumidores -Acusval- ha reunido a más de medio centenar de voluntarios que, divididos en grupos, harán la compra diaria a los ancianos de la localidad. Jesús, su portavoz, indica a este medio que ya se han puesto en contacto con el Área de Servicios Sociales del Ayuntamiento para trabajar de forma conjunta y comenzar a prestar este servicio “desde esta próxima semana”.

Para ello, tomarán medidas de seguridad como el uso de mascarillas y guantes a fin de proteger a los abuelos de posibles contagios del virus. El método que seguirán para dar esta prestación será “de lo más sencillo” y personalizado: “Le pediremos la lista de la compra, nos indicarán marcas o tiendas determinadas que prefieran, nos darán el dinero y se lo entregaremos”, explica.

Las redes sociales también han servido como canal para poner en contacto a voluntarios y personas que necesitan de su colaboración. Perfiles como @Covid_voluntarios, en Instagram dan a conocer a la disponibilidad horaria y geográfica de quienes se ofrecen a asumir tareas tales como hacer recados, cuidados o reparto de comidas. Además, son muchos los ciudadanos anónimos que se interesan por el estado de sus vecinos más vulnerables, los acompañan o les echan una mano en las labores diarias en estos días de recogimiento.

El regalo de no dejar de trabajar

La activación del estado de alarma ha vaciado (o casi) las calles madrileñas, pero hay excepciones en la limitación de la movilidad y la apertura de negocios. El personal sanitario no solo no ha parado, sino que dobla turnos y no libra sus guardias. Los transportistas y productores no permiten el desabastecimiento, así como los dependientes de supermercados y tiendas de alimentación continúan despachando la mercancía. El ritmo tampoco para en las gasolineras.

Los psicólogos no abren sus gabinetes, pero pasan consulta por teléfono, y los profesores no van al aula, pero dan la clase online. Los limpiadores de hospitales y edificios ahogan al virus con desinfectante y en las farmacias se sigue dispensando vida. Los peluqueros lavan las cabezas de las personas con movilidad reducida, acompañados muchas veces por cuidadores, y en las tintorerías se lavan las sábanas sobre las que se tumban los pacientes.

Los periodistas mantienen informados de cada medida a los ciudadanos, que les escuchan, leen o ven desde casa mientras teletrabajan y las fuerzas de seguridad velan por la seguridad de todos y el cumplimiento de las directrices marcadas por las autoridades. Y así un sinfín de trabajadores que, una vez más, dan lo mejor de sí mismos por el bien común.

Más opciones de ocio sin salir de casa

Para multiplicar las opciones de ocio de los millones de personas que sí deben acatar las advertencias de las autoridades políticas y sanitarias, muchas compañías han abierto al público su oferta. Es el caso de plataformas digitales como Movistar, Orange, Amazon o Netflix, que permiten el acceso a sus series, películas, documentales y otros contenidos de forma gratuita. La editorial Hearst España también ofrece la posibilidad de leer online una veintena de revistas, entre las que se encuentran Elle, 10 Minutos, Fotogramas o Esquire.

LaJoven Compañía ha publicado las grabaciones de algunos de sus espectáculos teatrales en Youtube “para que la espera en casa sea más amena”. Así, quien lo desee podrá disfrutar desde el sofá de obras como La edad de la ira -de Nando López-, PlayOff -de Marta Buchaca- o Fortunata y Benito -de Laila Ripoll-. Autores como el dibujante de cómics El Torres o los creadores de El Bosque han colgado en la web sus libros. Ante la cuarentena, decenas de artistas se han unido para organizar el festival Me quedo en casa. A través de sus perfiles en Instagram harán directos de unos 30 minutos a modo de concierto acústico para entretener a sus seguidores.

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