El próximo sábado 9 de mayo, en el barrio madrileño de Usera, varias historias de viajes extraordinarios se reunirán bajo un mismo techo. El espacio El Almacén de Viajes acogerá 'Mundanos', una jornada pensada para escuchar a personas que un día decidieron alterar por completo el curso previsto de sus vidas y salir al mundo durante meses o años. No son exploradores profesionales ni aventureros de manual, son, precisamente, lo contrario: gente corriente.
La anfitriona de este encuentro será Marta Insausti, también organizadora del evento. Esta madrileña y motera desde los 18 años, decidió con casi 56 subirse a una moto y dar la vuelta al mundo en solitario. Aunque suena a completa locura Marta lo cuenta sin épica impostada. Cuando se le pregunta por el miedo, responde con una naturalidad que desmonta el tópico: “No pasé miedo en ningún momento. Puedes pasar apuros por malas carreteras, pero no miedo a esas cosas a las que solemos tener miedo, como encontrarte con gente mala”.
De viaje a Italia a vuelta al mundo
Su vuelta al mundo no nació de un derrumbe: Marta venía de una etapa personal y profesional durísima: una crisis empresarial, un divorcio, un cáncer y una depresión. “Fueron unos años de esos en los que piensas: ‘¿Me puede pasar algo más?’”, recuerda. Después de recuperarse de la enfermedad, algo cambió. “Sentí que había estado muy mal pero que ya me encontraba muy bien y que tenía muchas ganas de vivir".

Lo que al principio iba a ser una escapada en moto a Italia se transformó poco a poco en un viaje a otra escala. Una carta de la Fundación Vicente Ferrer, entidad con la que colaboraba desde hacía años, le abrió una primera posibilidad: ir a Anantapur, en el sur de la India, para conocer un proyecto de mujeres. Entonces apareció la pregunta que lo cambió todo: ¿y si iba en moto?.
Marta empezó comprando un mapa mundi casi como quien juega a imaginar otra vida, pero la idea fue creciendo. Si podía llegar a India, quizá podía seguir hacia el Sudeste Asiático, saltar a Australia o Nueva Zelanda, cruzar después a Chile, subir por América hasta Nueva York y regresar a Madrid. Lo puso en un mapa, lo convirtió en un Excel y se enfrentó a la frase que casi siempre aparece antes de las grandes decisiones: “Vale, pero tú no te atreves a hacer esto ni de broma”.
"Tenía planes para todo. Pero el Covid no lo vi venir, ni yo ni nadie"
La forma de vencer esa duda fue concreta y sencilla: poner una fecha. El 14 de septiembre de 2019, Marta Insausti se levantó, cogió la moto y se fue de viaje.
A pesar de ser una aventura pensada para durar unos 15 meses, el mundo tenía otros planes. En marzo de 2020, recién llegada a Chile desde Nueva Zelanda, estalló la pandemia, por lo que Marta tuvo regresó a Madrid y dejar la moto allí. Dos años después volvió para recuperarla y continuar la ruta hacia el norte, hasta Nueva York. “Había previsto todos los horrores que podían pasarme: enfermedades, accidentes, vacunas, problemas con los seguros… Tenía planes para todo. Pero el Covid no lo vi venir, ni yo ni nadie”, explica.
La zona de "inconfort"
Esa es una de las ideas que probablemente sobrevolarán 'Mundanos', ya que la jornada quiere acercar al público historias reales, con errores, miedos, momentos difíciles y decisiones tomadas sin garantías. En el programa participarán viajeros que han cruzado el mundo sin aviones, que han pedaleado desde España hasta Pakistán, que han recorrido África en 4x4 o que han atravesado continentes en moto. Pero la figura de Marta aporta al encuentro una lectura especialmente curiosa: alguien que salió de una vida urbana, empresarial y familiar ya construida para comprobar qué quedaba al otro lado de la rutina.

Ella rechaza la expresión “zona de confort”. porque le parece imprecisa. “Siempre digo que lo de ‘zona de confort’ no me gusta nada, porque suele ser una zona de inconfort. Mucha gente está a disgusto”, afirma Insausti.
Para ella, la seguridad cotidiana muchas veces está hecha de miedo, obligaciones y estructuras difíciles de cuestionar. “Vas creando una estructura que te ata y parece que no hay marcha atrás. Hasta que de repente lo mandas todo a la mierda y te das cuenta de que se puede vivir con muchísimo menos, más al día”, sostiene.
Su relato, sin embargo, no intenta vender una aventura fácil ni universal. Marta insiste en que se considera una privilegiada y que no pretende convertir su experiencia en una receta. “No me gusta ir de ‘qué fácil es todo’, porque no lo es”, matiza.
Pero sí defiende que, al salir de lo previsto, aparecen formas de relación y de aprendizaje difíciles de encontrar en la vida doméstica. “Si te dejas llevar y permites que la vida actúe, te pasan cosas preciosas que no te pasan en el sofá de tu casa”, resume.
La motera también insiste en que viajar sola no significa necesariamente sentirse sola. “Yo no me sentí nunca sola. Cuando viajas sola se te acerca muchísima gente a hablar contigo y tú también tienes necesidad de comunicarte”, asegura.
Hela y su viaje en bici hasta Pakistán
Entre las asombrosas historias que acompañarán a los asistentes este 9 de mayo en el evento, se encuentra la de Helena Selini, de 33 años y nacida en Toledo (aunque ahora vive en el pirineo catalán), quién se hizo miles de kilómetros en bicicleta con destino Nepal, y terminando finalmente en Pakistán, sin haberlo planificado. "Nunca pensé en viajar hasta Pakistán como destino final, sí que para mí Pakistán era uno de los países que más interés me despertaba", cuenta.

"Yo quería hacer África, pero era mucho más difícil porque aún no habíamos salido del todo del Covid, asi que junto a mi pareja pensamos ir hasta Nepal por poder salir de casa y por ser los dos unos enamorados de las montañas", relata Selini. "Además había una ruta de la subcultura hippie que iba desde Amsterdam o Londres por tierra hacia el sur de Asia principalmente India y Nepal, algo que siempre me había llamado la atención y de lo que había leído muchísimo".
Aquel viaje transformó a Selini por completo, transformándola de una niña inocente a una mujer que podía confirmar que "la mayoría de la gente es buena". "Un viaje en bici no es solo un viaje en bici, cada uno lo hacemos a nuestra manera", expresa. "Para nosotros fue un viaje en bici lento, muy conectado con las personas y sin ninguna intención más allá de avanzar explorar, conocer y sentirlo todo".
"Fueron 20 meses pedaleando que dan para muchas historias, tanto a nivel personal como conviviendo con otras culturas", añade. "Más allá de vivir en una tienda de campaña, ducharnos en los ríos, cocinar en una cacerola vieja (que fue increíble también) me quedo con las experiencias humanas".
En ese sentido, Selini recuerda numerosas anéctodas, pero lo que más menciona siempre es la hospitalidad y lo que ello les supuso. "Desde tener que cargar con 10 kilos de patatas en la bici porque nos paraban a darnos de comer hasta llegar a zonas musulmanas donde sabías cuando entrabas a una casa pero no cuando salías porque te querrían invitar durante días".

El mayor desafío que Selini tuvo que afrontar fue la vuelta a España. No se encontraba bien de salud y ya llevaba varias visitas a hospitales, por lo que fue el duro más golpe del viaje, ya que su intención era continuar hasta Nepal y luego continuar por China y hasta dónde llegasen. No obstante, esta toledana sabe que este viaje no será el último que haga y, anima a cualquiera que sienta las ganas de vivir una aventura así a hacerlo. "Animo a las personas a que vayan más lento, que coleccionen menos lugares y profundicen más en ellos, que se olviden por un rato de la cámara o de querer guardarlo todo en Instagram", concluye.
Adrián y su vuelta al mundo sin aviones
Otras de las increíbles historias de la que se hablarán en el evento 'Mundanos' en Usera es la de Adrián Lafuente, un joven de 28 años quién decidió dar la vuelta al mundo pero sin tomar atajos, evitando los vuelos en avión. "Desde que era muy pequeño yo ya soñaba con dar la vuelta al mundo", asegura. "Tenía claro que, para hacerlo, necesitaba estar preparado: tener estudios, experiencia y un bagaje que me permitieran marcharme y después volver".
Durante sus estudios, Lafuente se empezó a interesar mucho por la sostenibilidad y, sus ganas de tener un papel más activo en la sociedad al respecto le llevó a crear una asociación de divulgación junto a un amigo. "Queríamos dar la vuelta al mundo de una forma simbólica", cuenta. "Si íbamos a divulgar sobre sostenibilidad, decidimos hacerlo sin coger ningún avión, por el impacto de las emisiones de CO₂, e intentar que todos los trayectos fueran de bajo consumo".
Así, optaron por un viaje haciendo autostop, saliendo el 5 de junio de 2023, coincidiendo con el Día Mundial del Medio Ambiente. "Lo hicimos sin avión para divulgar, inspirar y demostrar que también se pueden hacer viajes de una forma más responsable o éticamente más consciente", defiende.

Lafuente recorrió unos 150.000 kilómetros, pasando por alrededor de 50 países y lo hizo todo en exactamente 1.000 días. "Durante el viaje entrevistamos a más de 45 iniciativas sostenibles por todo el mundo", cuenta. "Ha sido un viaje lleno de emociones y también de problemas, con muchas anécdotas y muchos momentos muy buenos, aunque creo que los momentos más fuertes, al menos emocionalmente, ocurrieron casi todos cruzando océanos".
Una de las anéctodas impactantes que recuerda Lafuente es cuando les persiguieron unos piratas en alta mar, mientras cruzaban el Pacífico. "Al salir del Golfo de Panamá, una noche quedamos atrapados en unos hilos o artes de pesca de pescadores ilegales, ya saliendo de aguas panameñas y entrando en aguas internacionales", relata. "Las condiciones no eran muy buenas y, de repente, vimos varios barcos que nos estaban siguiendo".
"Estamos bastante seguros de que eran piratas o, al menos, delincuentes del mar", afirma Lafuente. "Seguramente, al ver que habían 'pescado' un velero en vez de un pez, quisieron sacar más provecho de la situación".

"De hecho, diría que viajar por mar es uno de los grandes desafíos que me he encontrado en el viaje", reflexiona. "En el mar estás totalmente desconectado, las travesías son muy largas y convives con otras dos personas en un espacio reducido, lo que se hace mentalmente difícil".
"Animaría a todo el mundo a viajar y que lo hiciera al menos una vez fuera de su zona de confort", concluye Lafuente. "Ayuda a valorar la suerte de tener una lavadora, de abrir el grifo o de tener agua potable; además, permite conocer culturas nuevas y comprobar que, en el fondo, las personas somos muy parecidas".