La Plataforma Ecologista Madrileña ha reabierto el debate sobre la vigencia de los llamados “pasos tradicionales de palomas”, una modalidad de caza autorizada por la Comunidad de Madrid en determinados puntos de la sierra, que ha sido señalada por su impacto ambiental y por la ausencia de justificación social. Esta entidad ecologista ha exigido la supresión de estas autorizaciones, subrayando que afectan a especies migratorias y que, en algunos casos, se desarrollan en zonas colindantes con espacios naturales protegidos.
María Ángeles Nieto, integrante de la organización, ha explicado en conversación con este digital que la práctica “consiste en adquirir animales que están en migración, que vienen del norte de Europa a pasar el invierno en la Península y que son animales benignos que intentan poder encontrar alimentos”.
Los pasos han consistido en la instalación de puestos de caza en collados de montaña, donde las palomas y los zorzales “llevan días volando, están llegando al final de su etapa y están agotados. Lo que hacen es buscar, cuando atraviesan las zonas montañosas, las zonas más bajas entre montañas, y es precisamente ahí donde se sitúan los puestos de caza, donde los cazadores camuflan”, ha detallado la activista.
Los cazadores han ubicado los puestos entre la vegetación, desde los que han disparado a los bandos que cruzaban. Esta modalidad ha sido autorizada cada temporada entre el 15 de octubre y el 15 de noviembre, coincidiendo con la fase más intensa de la migración. Según la Plataforma Ecologista Madrileña, esta coyuntura ha multiplicado la presión sobre las aves. “Se están solapando dos periodos de caza de manera simultánea”, ha recordado Nieto.
“Se están solapando dos periodos de caza de manera simultánea”
Uno de los enclaves más polémicos ha sido el paso de El Boquerón, situado en el límite del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Según ha relatado Nieto, la problemática incide en que “los cazadores disparan en dirección al parque nacional, porque las aves vienen en ese camino, entonces ellos se sitúan de frente a ellas y, por lo tanto, de frente al parque nacional. El plomo cae en el parque nacional o pueden caer animales muertos dentro del parque”, ha destacado la miembro de la asociación.

Además, la situación ha generado preocupación por el uso de armas en un entorno protegido. “En el parque nacional no está permitida la caza y tampoco portar armas, y ellos lo hacen. Además, se sitúa sobre una parte de la vía pecuaria y se solapa a una época, la otoñal, en la que hay mucha actividad en el monte, de paseantes, de ciclistas o de recolectores de setas”, ha manifestado Nieto.
La crítica se ha extendido a la falta de información oficial sobre los resultados de esta práctica cinegética. La Comunidad de Madrid publica al final de cada temporada el número total de aves cazadas, sin embargo, no ha desglosado cuántas correspondían a los pasos autorizados. “Los cazadores no están obligados a ver cuántos animales cazan en esa modalidad”, ha lamentado la representante ecologista. Además, este control insuficiente ha aumentado el riesgo de disparo a otras especies. “Hay probabilidad de que si se mete alguna otra ave dentro de estos bandos, no se la diferencie y se la dispare. En ocasiones disparan a lo que pueda pasar por allí y pueden abatir especies, incluso especies protegidas”, ha alertado Nieto.
“Los cazadores no están obligados a ver cuántos animales cazan en esa modalidad”
A este vacío informativo se ha sumado el riesgo del plomo. “Es un metal tóxico que se lleva mucho tiempo diciendo que se sustituya y que se elimine por otros materiales. De hecho, en la Comunidad de Madrid, por ejemplo, la Ley de Patrimonio Natural y Biodiversidad prohíbe el uso del plomo en humedales, porque los animales lo confunden con piedras y con semillas y se lo comen. El plomo no se elimina, se queda en el intestino, en el estómago y produce enfermedades que acaban matando a los animales que se las comen”, ha apuntado María Ángeles Nieto. Este fenómeno ha sido una consecuencia grave para especies carroñeras como los buitres. “Si un animal que come plomo muere, las carroñeras se comen ese animal con plomo y el plomo pasa al sistema digestivo de buitres. De hecho, en buitres esta es una causa importante de mortalidad”, ha advertido la portavoz.
En la temporada actual, fuentes de la Comunidad de Madrid han explicado que esta modalidad de caza constará de 35 puestos, de los que sólo hay peticiones para ocupar 17 de ellos. También han apuntado desde el Gobierno Regional que la actividad se permitirá del 15 de octubre al 15 de noviembre de lunes a sábado, quedando excluidos los domingos. Además, la Comunidad ha informado a Madridiario de que el total de cazadores que podrán utilizar los puestos serán 153 tiradores. Por último, fuentes de la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior han concluido que se trata de "pasos tradicionales de palomas en los que se caza con un cupo limitado" y que, además, cuentan "con el visto bueno de los espacios protegidos".