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Librería Reno
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Librería Reno (Foto: Mónica González Boto)

Librerías que sobreviven al tiempo gracias al relevo generacional

Librería Reno, ejemplo de la resistencia cultural

Por Carlota Vergara
martes 11 de noviembre de 2025, 06:42h
Actualizado: 19/11/2025 08:21h

Abrir a día de hoy una librería es un acto revolucionario, incluso quizá romántico. Un envite valiente que se mueve entre la nostalgia y la vocación. Cuando una librería consigue ajustar los engranajes y ser provechosa tanto para libreros como para lectores, la jubilación de los dirigentes de estos espacios no debería ser el final. Por eso, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal) impulsa un proyecto desde hace unos meses para evitar que las librerías independientes no desaparezcan. A través del programa de la Oficina de Transición de Librerías (OTTL), se facilitan los traspasos y el relevo generacional en el sector.

“Somos conscientes de que cuando una librería cierra, se pierde un poco del tejido cultural de la ciudad”, ha manifestado Ismael Contreras, librero madrileño que acaba de tomar las riendas de Cómics Vigo, una tienda especializada con tres décadas de historia. “El resto de librerías no absorben todo lo que se pierde. Por eso creemos que el cierre de una librería es siempre algo negativo”, ha detallado el dirigente.

“Somos conscientes de que cuando una librería cierra, se pierde un poco del tejido cultural de la ciudad”

El caso de Contreras, también responsable de la librería Atom Cómics en Madrid, es uno de los primeros ejemplos prácticos del programa. La OTTL, ha manifestado el dueño, “ha salido precisamente para eso, para apoyar a que las librerías que están funcionando y que tienen la posibilidad de continuar, aunque no sea con la misma persona, lo hagan”. Sus palabras tienen mucho que ver con la filosofía del proyecto, que se fundamente en dar continuidad a los espacios culturales aunque respetando su esencia.

En el centro de ese mapa de librerías que pasan de unas manos a otras, resuena el nombre de la Librería Reno, que lleva más de medio siglo abierta. Por las estanterías de Reno han pasado generaciones de lectores, escritores y vecinos. Al frente de Reno hoy está Marisa Somoza, heredera de una tradición librera que comienza con su madre, Teresa de Pablo, una mujer premiada por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) por su dedicación y contribución al sector. “Mi madre siempre decía que para ser librera hace falta capacidad de atender al público, sonreír, llamar a la gente por su nombre, dejar que se pierdan en los pasillos. La literatura y la conversación son fundamentales”, ha contado Somoza mientras nos enseña hasta el último rincón de su librería.

La historia de Reno se remonta a la década de 1960, cuando la librería ocupaba un espacio diferente al actual. “Cuando remodelamos, nos quedamos con este local, que antes había sido una taberna. Mi madre siempre contaba de broma que debimos pedir una subvención al alcalde de entonces, Tierno Galván, porque nunca se había quitado un bar para poner una librería, mientras que al revés siempre pasaba”, ha recordado la librera entre risas.

Reno no es sólo un escaparate de libros, es un centro cultural activo. Marisa organiza tertulias y presentaciones, también alquila espacios para clubes de lectura. Entre estos encuentros, una de las colaboraciones más destacadas es con la escritora Ana Rossetti, que ha impartido tertulias sobre espiritismo y literatura del siglo XIX en la propia librería. “Apagamos la luz y pusimos los candelabros. Fue un día de los muertos literario, fantástico”, ha trasladado Somoza, al recordar la actividad cultural que animaba las paredes de Reno hace pocos días.

A pesar del lado más idealizable de la profesión , mantener una librería en 2025 es muy costoso. “Tiene su parte bonita, pero es un plus de trabajo. Te conviertes en confesor, psicólogo, enfermero…. Y además, los márgenes comerciales son penosos. No puedes tener muchos empleados y tienes que invertir mucho tiempo y dinero solo para sobrevivir”, ha apostillado la dueña de Reno. En su caso, esa dedicación incluye estar al tanto de pedidos de administración, novedades editoriales y la atención personalizada a clientes.

La librería Reno también ha sabido adaptarse a los tiempos modernos. Con su página web, ofrece los mismos servicios que gigantes como Amazon, con envíos rápidos y descuentos, pero manteniendo la esencia del comercio de proximidad. “Antes los clientes podían esperar. Ahora todo es inmediato, todos quieren el libro al día siguiente. Nos hemos tenido que poner al día para sobrevivir”, ha afirmado Somoza, consciente de los desafíos que enfrentan las librerías independientes en la era digital.

En un contexto en el que las librerías independientes enfrentan la presión de la digitalización y la concentración del comercio, Reno se mantiene como un ejemplo de resistencia. Su historia es la de una familia que sabe lo que significa la vocación.

La clave, en lo que han coincidido Somoza y Contreras, no es solo económica, sino cultural. En España hay unas 3.200 librerías independientes, y más de un tercio están regentadas por personas que se acercan a la jubilación. Sin relevo, muchas estarían condenadas al cierre. La Oficina de Transición de Librerías nació para acompañar esas transiciones, pero también para repensar la sostenibilidad del sector.

El Día de las Librerías, que se celebra cada noviembre, tiene este año un significado especial. No sólo celebra la afición por los libros, sino también la continuidad de los lugares que los sostienen. Gracias a esta Oficina, librerías como Cómics Vigo demuestran que el cierre puede evitarse y que el traspaso puede ser una forma de supervivencia cultural.

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