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Leandro Fernández de Moratín (1760-1828)
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(Foto: Antonio Castro)

Leandro Fernández de Moratín (1760-1828)

miércoles 28 de octubre de 2020, 16:27h

Coincidiendo con el inicio del mes de los difuntos, Madridiario inicia la publicación de una serie de semblanzas teatrales, guiándonos por las tumbas de grandes profesionales en los cementerios madrileños. Algunas son auténticos monumentos funerarios. Agradecemos a los cementerios de La Almudena, San Isidro, San Justo, San Lorenzo y Santa María las facilidades dadas para obtener los reportajes fotográficos.

Uno de los mausoleos más llamativos del cementerio de San Isidro es el que se construyó en 1900 para acoger los restos de cuatro grandes personajes de la historia de España: Francisco de Goya, Juan Meléndez Valdés, Juan Donoso Cortés y Leandro Fernández de Moratín. Los cuatro habían muerto fuera de nuestras fronteras. El proyecto arquitectónico fue de Joaquín de la Concha Alcalde y las esculturas fueron obra de Ricardo Bellver. En el cementerio se lo conoce como Panteón de Hombres Ilustres.

Moratín, el único hombre de teatro de esta tumba, murió en 1828 y fue enterrado en el cementerio parisino de Père Lachaise. Allí tuvo una hermosa sepultura, comprada por Manuel Silvela, entre las de Molière y Lafontaine, en la que se leía:

“Aquí yace Leandro Fernández de Moratín, insigne poeta cómico y lírico, delicias del teatro español, de inocentes costumbres y de amenísimo ingenio. Murió el 21 de junio de 1828.”

Los restos de Moratín y Donoso Cortés estuvieron rodando por varios lugares antes de recalar en el cementerio de San Isidro. Un Real Decreto del 15 de julio de 1853 dispuso el traslado de Leandro Fernández de Moratín a España. Tras la exhumación en Père Lachaise su cadáver fue depositado en la parisina iglesia de San Felipe de Roule. De allí fueron traídos al cementerio extramuros de la Puerta de Bilbao el 8 de octubre. No faltó la nota morbosa en la prensa (La correspondencia de España, 12-10-1900):

“La caja en que se trajeron los restos de Moratín era de madera y muy pequeña, forrada con terciopelo negro y guarnecida con galón dorado; en la parte superior tenía una portezuela con cristal que permitía ver el cráneo y los pocos huesos en ella encerrados”.

Finalmente, el 12 de octubre de 1853 los restos de Moratín y Juan Donoso Cortés fueron llevados hasta la colegiata de San Isidro. Ya España no los movieron hasta la inauguración de este panteón. No así los de Goya, que también fallecía el mismo año 1828 en Burdeos. En 1919 los restos del pintor fueron depositados, definitivamente, en la ermita de San Antonio de la Florida.

El 11 de mayo tuvo lugar el solemne traslado a San Isidro de los restos de los cuatro que, previamente, se habían depositado en la capilla de Nuestra Señora del Buen Consejo. Allí se habían depositado en 1866 los restos de Meléndez Valdés. Tras una ceremonia en la catedral de San Isidro, un imponente cortejo con cuatro carrozas, inició el camino hacia el cementerio. Echegaray, Ricardo de la Vega, Eugenio Sellés y Luis Silvela llevaban las cintas de Moratín.

Leandro nació en Madrid el 10 de marzo de 1760 y fue un reconocido joyero y un gran dibujante pero pasó a la historia como figura del teatro español del siglo XIX, tanto por su trabajo como dramaturgo como por su afán renovador de la escena. Su padre, Nicolás, también fue dramaturgo, además de abogado.

Quiso ser el modernizador del teatro patrio desde su juventud. El 20 de diciembre de 1792, contando treinta y dos años y desde Londres, se ofreció al favorito Manuel de Godoy para ser nombrado director absoluto de los teatros. No fue atendido, pero sí jugó un papel importante en los años siguientes. El 7 de febrero de ese año 1792 había estrenado en el teatro del Príncipe La comedia nueva o el café, auténtica denuncia de los modos habituales entonces en la escena española. Consiguió revolucionar a todos los profesionales pero, a la vez, comenzar a despertar entre los intelectuales un movimiento regeneracionista que iría en aumento durante dos décadas. Con poco éxito, todo hay que decirlo.

La comedia nueva transcurre en un café próximo al teatro y durante dos horas, las del estreno de la obra ficticia El gran cerco de Viena. El autor arremete contra todo y contra todos: autores, actores, empresarios, músicos…

Tras la lectura a la compañía, todos se molestaron e intentaron boicotearla. Pero venció todas las trabas, incluso el análisis de la censura, que no le encontró inconvenientes. La noche del estreno, con una parte del público prevenida para reventar la representación, terminó con un gran aplauso de los espectadores. Posteriormente estrenaría El Barón, La mojigata o El sí de las niñas. Firmó algunas traducciones con el seudónimo de Inarco Celenio.

Leandro Fernández de Moratín también fue el impulsor de la Junta para la reforma de los teatros que, al inicio del siglo siguiente, fracasó estrepitosamente disolviéndose en 1802 sin haber llegado a los dos años de existencia.

Moratín terminó el siglo XVIII y comenzó el XIX como funcionario importante del teatro madrileño. Fue efímero director de los teatros de Madrid en 1799, renunciado al ser nombrado miembro de la Junta para la Reforma de los Teatros, cargo al que también renunció inmediatamente. Posteriormente, el 14 de enero de 1800, fue nombrado corrector de piezas teatrales antiguas. Le correspondió realizar censos y listas de comedias representables. No sorprende que entre los títulos que incluyó como prohibidos estuvieran La vida es sueño, El mágico prodigioso o La prudencia en la mujer. En el citado escrito de 1792 arremetió contra todos los géneros que se representaban entonces.

Fue también un eficaz traductor-adaptador de obras de Molière tan conocidas como El médico a palos o La escuela de los maridos.

Tachado de afrancesado tras la caída de Godoy, fue nombrado por José Bonaparte bibliotecario de la Real Biblioteca. Su alineamiento con los invasores provocó la marcha de Madrid tras el final de la guerra. Acabó en París, donde falleció el año 1828.

Su figura, y su teatro, fueron reivindicados por la escena española a medida que avanzaba el siglo XIX. Actualmente El sí de las niñas reaparece alguna vez. Menos lo hace La comedia nueva y casi nunca El viejo y la niña. El ayuntamiento de Madrid dio su nombre a una de las calles más importantes del Barrio de las Letras.

Por diversas circunstancias este panteón alberga, dentro de la tumba de Donoso Cortés, los restos de otras dos personalidades. Se trata del Teniente General Diego de León y del compositor Francisco Asenjo Barbieri. También reposa allí su esposa Joaquina Peñalver de la Sierra. Hay que acercarse mucho al sepulcro para leer la inscripción de estos nombres, con las fechas de sus muertes.

Leandro Fernández de Moratín

Cementerio sacramental de San Isidro

Patio Cuarto, de la Purísima Concepción

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