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Hombro con hombro y pala en mano, abriendo camino en Madrid

lunes 11 de enero de 2021, 18:09h

Hacenderas es el término castellano que se utiliza para denominar al trabajo comunitario que se realizaba en algunos pueblos para limpiar caminos, bosques, hacer construcciones de uso común… El término existe en otros idiomas: auzolan en euskera o minka en aimara. Pero en castellano la palabra ha caído en desuso, a pesar de que la capacidad de la gente para cooperar, organizarse y poner soluciones entre todas y todos a problemas comunes es una constante en nuestras vidas y en nuestra historia. Hoy, cuando es necesario, los vecindarios cuentan con un tejido asociativo que organiza de manera permanente el compromiso con el bien común. A veces, con la colaboración de las instituciones y otras, venciendo los obstáculos que le ponen por desconfianza o miedo.

En Madrid, el papel de las asociaciones ha sido clave desde hace más de 50 años para dignificar la vida de la mayoría de sus habitantes. Y en los últimos meses, este tejido vecinal ha sido un elemento clave para afrontar la crisis social derivada de la crisis sanitaria. En torno a 60.000 vecinos han recibido la solidaridad de las redes vecinales durante la pandemia, 60.000 personas a las que las instituciones públicas no han sido capaces de atender por diferentes motivos. Solo el apoyo de las comunidades organizadas ha hecho posible que decenas de miles de personas no pasen hambre en nuestra ciudad.

De nuevo estos últimos días, cuando el temporal Filomena hacía estragos en nuestra ciudad, han sido centenares de vecinos y vecinas organizados desde el movimiento vecinal y las redes de apoyo los que han articulado una respuesta inmediata a la emergencia, haciendo posible la apertura de accesos a servicios esenciales como centros de salud, farmacias, comercios, etcétera.

Más allá de los ridículos posados de algunos políticos que, en solitario, se han exhibido pala en mano retirando teatralmente un metro cúbico de nieve, centenares de personas han realizado auténticas intervenciones para despejar de nieve y hielo lugares estratégicos de sus barrios. Los recursos no han salido de la colaboración del Gobierno municipal al que el tejido vecinal ha ofrecido su colaboración desde el primer momento: han sido los propios colectivos quienes han movilizado personas y recursos y, en algunos casos, han sido los huertos comunitarios los que han puesto a disposición de sus vecinos las herramientas necesarias.

Hemos visto vecinos completando la tarea de la UME en torno a un hospital público como el Gregorio Marañon, despejando el camino a los centros de salud y alrededor de las bocas de metro, farmacias y de los pequeños comercios del barrio para facilitar el tránsito.

La respuesta ha sido inmediata. Los vecinos de Madrid son el activo más potente con el que cuenta esta ciudad. Su capacidad para cooperar, arrimar el hombro y superar los obstáculos es prodigiosa. Contrasta con unas instituciones patosas e indecisas, que dan la espalda a esta realidad activa, bien por miedo, incomprensión, desconocimiento o, en el peor de los casos, debido a unos prejuicios ideológicos y servidumbres políticas (el pacto con los elementos más reaccionarios y abiertamente contrarios a las organizaciones sociales), que no les permiten reconocer y apoyar al tejido ciudadano madrileño como merece.

Por el momento, mientras los vecinos y vecinas de Madrid, pala en mano y hombro con hombro van despejando el camino, seguimos a la espera de que nuestro Ayuntamiento despliegue un plan de retirada del hielo en cada barrio que permita un retorno temprano a una cierta normalidad.

Nacho Murgui

Concejal de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid

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