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Jordi Pujol, fundador de Fresh Sound Records
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Jordi Pujol, fundador de Fresh Sound Records

lunes 26 de abril de 2021, 20:45h

Mantenerse a flote durante cuatro décadas en una industria tan volátil como la discográfica es un hito que no muchos sellos pueden alcanzar, y hacerlo además sin rebajar los estándares de calidad del trabajo publicado y manteniendo la misma relevancia que el primer día se convierte directamente en un triunfo tan improbable como digno de señalar. Eso es básicamente lo que ha conseguido el barcelonés Jordi Pujol Baulenas con Fresh Sound Records, un sello que, a base de aunar esfuerzo, tenacidad, sentido de la oportunidad y criterio, sólo puede ser definido hoy en día como referencial dentro del mundo del Jazz. La propia longevidad del sello es la prueba principal de un trabajo bien hecho, no hay que darle muchas vueltas al asunto: nadie aguanta tantos años al frente de una discográfica especializada, a no ser que haga muy bien su trabajo.

Desde principios de los ochenta, Fresh Sound se especializó en la publicación de discos clásicos de Jazz americano, especialmente de la década de los cincuenta; discos que sus sellos originales habían relegado a un segundo plano, cuando no directamente al olvido, con el advenimiento de la era digital a principios de los noventa y el vencimiento de los plazos de explotación de derechos de muchas de esas grabaciones pasados los cincuenta años que marcan la mayoría de leyes de propiedad intelectual. Con un trabajo minucioso de arqueología musical, Pujol se entregó en cuerpo y alma a la titánica tarea de recuperar y devolver su justa relevancia a un montón de grabaciones ensombrecidas por el paso del tiempo y, en muchos casos, el maltrato del mercado y sus propias casas discográficas. Un trabajo que vendría a definir el concepto de prestigio; tal es la magnitud, reputación e importancia de su labor de rescate de un legado artístico fundamental que, sin Fresh Sound, seguramente se habría perdido o sería prácticamente imposible de encontrar (y estamos hablando de, literalmente, cientos de referencias).

Asomarse al catálogo de Fresh Sound es abrir la puerta a un vasto universo de artistas, estilos y sellos discográficos especializados que nos permiten viajar a través del tiempo a lo largo de una larguísima tradición musical que se remonta a principios del siglo pasado y llega hasta nuestros días. Dentro de ese catálogo encontramos tótems de la talla de Charlie Parker, Louis Armstrong o Duke Ellington, pero es el trabajo de reedición de nombres menos conocidos dentro de esa tradición lo que le otorga a Fresh Sound ese bien merecido marchamo de seriedad y criterio del que goza en la actualidad. Las reediciones de Fresh Sound (siempre cuidadas, remasterizadas cuando es necesario, ampliadas con material inédito y acompañadas de un preciosista trabajo tanto en la elaboración de textos como en las fotografías y ilustraciones) son la marca de la casa y la guía de estilo de una parte muy importante del legado artístico del sello. Cuesta pensar en un sello relevante en la historia del Jazz que no cuente con reediciones a cargo de Fresh Sound; Verve, Riverside, RCA, Prestige… la lista es larga, y el número de tesoros incluidos es apabullante.

Pero hay otro pilar fundamental sobre el que Fresh Sound se sostiene dentro del mundo discográfico, tan o incluso más importante que la labor enciclopédica que venimos comentando: el equilibrio entre tradición y vanguardia, que es lo que hace que un género siga vivo y se mantenga como relevante pasado el tiempo, especialmente tratándose de un estilo que se remonta ya a más de un siglo de antigüedad, como en el caso del Jazz. Es en esa dialéctica entre clasicismo y modernidad donde Fresh Sound ha encontrado otra de sus señas de identidad, convirtiéndose en un radar rastreador de talento joven y hogar en el que han dado y dan sus primeros pasos discográficos algunos de los nombres protagonistas del Jazz en el nuevo milenio. Mediante la colección Fresh Sound New Talent (una marca que equivale de alguna manera a un sello de calidad), Pujol tiende puentes entre pasado, presente y futuro, con la publicación y descubrimiento al gran público de los primeros trabajos de gente tan dispar e imprescindible como Ambrose Akinmusire, The Bad Plus, Avishai Cohen o los mismísimos Brad Mehldau y Robert Glasper.

La historia del Jazz se puede explicar tomando el catálogo de Fresh Sound como marco de referencia, y de la misma manera que el propio Pujol plasmó el desarrollo del Jazz en su ciudad natal con el monumental Jazz en Barcelona 1920-1965 (Almendra Music, 2005), de justicia sería que tarde o temprano alguien le devuelva el esfuerzo escribiendo la no menos monumental historia de Fresh Sound: así de importante es su trabajo.

In&OutJazz entrevista a Jordi Pujol, fundador y dueño de Fresh Sound Records

¿Cómo comienza Fresh Sound Records?

Fresh Sound Records como sello discográfico de jazz nació en 1983. En sus inicios empezó haciendo reediciones en vinilo de catálogos pertenecientes a grandes discográficas como RCA, Columbia, MCA y toda la línea de EMI Records. Más tarde la diversidad de sellos que figuraban en nuestro catálogo se fue ampliando al negociar la inclusión de otros sellos de discográficas independientes, como entonces eran Roulette, Bethlehem, Dawn, Argo, etc… y así fuimos incrementando la producción de las reediciones.

¿En qué momento comienzan las producciones propias de Fresh Sound Records?

Empezamos con producciones propias realizadas en Barcelona y en Los Angeles con músicos, en su mayoría ilustres veteranos, de la costa oeste. El primer disco que Fresh Sound grabó, como producción propia, fue en el verano del ochenta y cuatro: The Dave Pell Octet Plays Again. Fue mi primer viaje a Los Angeles, y a raíz de esta grabación surgió una gran amistad con Dave Pell, y una relación muy especial. Fue como un padre para mí, me presentó a muchos músicos y productores de la época dorada del jazz de la West Coast durante los 50s. Un estilo que desde que lo empecé a conocer enseguida me gustó, no solo por los excelentes solistas, sino por la importancia que tenían los arreglos en el repertorio de la mayoría de los grupos de la escena californiana. A lo largo de mis viajes durante los años 80 y 90, tuve la suerte de conocer a algunos de mis arreglistas preferidos, ídolos y referentes en este campo, como fueron Marty Paich, Shorty Rogers, Pete Rugolo, Bob Florence, Johnny Mandel, Henri Mancini, entre otros, y el todavía activo Bill Holman.

¿De qué manera la producción propia impulsó al sello?

La producción propia ayudó a que Fresh Sound empezara, no solo a ser conocida por los coleccionistas, sino también por los músicos. Así después de aquel primer álbum de Dave Pell, vinieron discos de músicos como Bud Shank, Bob Cooper & Lou Levy, Bill Perkins, Claude Williamson, Herb Geller, Conte Candoli, Pete Jolly, Frank Strazzeri y también del pianista sueco Jan Lundgren, entre otros, así como los que grabamos en Barcelona con Jerome Richardson, Charlie Mariano y Mundell Lowe, con la participación de Tete Montoliu.

Dentro del catálogo de Fresh Sound hay una estética, y cualquiera que conozca el sello puede identificarlo. En mi opinión el catálogo de reediciones y de inéditos puede gustar más o menos, pero es consistente, coherente y me proporciona la suficiente satisfacción para seguir buscando proyectos de interés. Hay coleccionistas y aficionados de muchos países que siguen la evolución del catálogo desde sus inicios. A partir de la década de los 90, la producción de títulos en CD ha sido continua y lo sigue siendo, porque el CD todavía tiene sus adeptos. En las últimas tres décadas, en CD se ha reeditado casi todo, y para hacer una reedición hoy en día hay que intentar aportar algo más a los proyectos para que el coleccionista lo aprecie, y así lo entienden los sellos que trabajan con rigor. Reeditar por reeditar me parece que no tiene sentido. Es por eso que con el CD y el vinilo se puede ofrecer este valor añadido, que el digital de momento no permite.

¿En qué momento nace Fresh Sound New Talent y cómo se compatibiliza con las otras líneas del sello?

A finales de los ochenta sentí la necesidad de grabar a jóvenes talentos, músicos nacionales y músicos americanos que estaban de paso por Barcelona, y así nació Fresh Sound New Talent en 1992. En su origen la escena que empecé a documentar fue la local. Era un buen momento, con el Taller de Músics, dando sus frutos con una excelente generación de músicos pionera, que empezaba a darse a conocer en Barcelona, en los escenarios del Jamboree, el Pipa Club, y como no, también en la Jazz Cava de Terrassa entre otros locales. Después de los muchos años en los que el gran Tete Montoliu, en Barcelona, y Pedro Iturralde en Madrid, eran los únicos nombres internacionalmente conocidos de nuestro jazz, era alentador vislumbrar una nueva y prometedora era, que no ha dejado de crecer desde entonces. Con la idea de grabar a los nuevos y emergentes talentos empezó paulatinamente a aumentar la propuesta del catálogo. El propósito era dar la máxima libertad creativa a los grupos recién formados, para que encontraran un espacio donde sentirse cómodos para exponer sin condiciones sus proyectos. En ese momento surgió la oportunidad de grabar a Brad Mehldau, en un disco emblemático When I Fall In Love, junto a Jorge y Mario Rossy, y aquello catapultó al sello a primer plano. Mientras que las reediciones las disfruto de un modo más íntimo, el disco con un músico joven y en activo te proporciona otro tipo de energía. Son dos experiencias apasionantes y perfectamente compatibles.

¿Qué te impulsa a documentar la escena de jazz de Nueva York?

Una noche de otoño del noventa y cinco, después de salir del Village Vanguard (Nueva York) me fui al Smalls Jazz Club por primera vez. Hacía poco más de un año que había abierto sus puertas, y ya cuando empecé a bajar por las escaleras que conducían a la sala, pude escuchar un saxo alto que me impactó y pensé -esta es la energía que busco- el saxo era Myron Walden. Poco después salió al escenario la banda de Omer Avital con Charles Owens al tenor, y el impacto fue in crescendo. Al salir de allí, lo hice motivadísimo, y fue a partir de entonces que decidí poner todo mi empeño en documentar también la apasionante escena del jazz underground neoyorquino. Así fue como empezaron a surgir maquetas y proyectos, y se fue formando el sello con una base más americana, y con la importante presencia y colaboración de Jorge Rossy (que entonces ya residía en NY como integrante del trio de Melhdau). Jorge estuvo como batería en muchas de aquellas primeras grabaciones junto con Kurt Rosenwinkel, Chris Cheek, Reid Anderson… El sello se hizo más internacional, sin descuidar nunca a los músicos de aquí.

¿Cómo es el criterio de selección para formar parte de Fresh Sound?

Me muevo en un terreno en el que estoy cómodo, lo que no haré nunca es un disco que no entienda o que no me guste, solo porque el nombre del músico sea más o menos conocido. Esto va contra mis principios. No me fijo tanto en la nacionalidad ni en el nombre, básicamente me fijo en lo que me gusta y me motiva. La confianza que tengo es fruto de la experiencia de todos estos años, ni más ni menos, y que solo se adquiere si haces cosas.

¿Cuál es su opinión sobre la escena de jazz actual?

Con respecto a la escena del jazz actual, cada día tienes músicos buenos que surgen, a veces sorprendentes, pero la desgracia es que cada vez hay menos lugares donde poder ir a escucharlos, y si a esto añadimos las consecuencias provocadas por la pandemia, es evidente que la situación es un drama. Por eso los músicos que empiezan lo tienen difícil, aunque están demostrando que a pesar de los difíciles momentos que vivimos para la música en vivo, son muchos los que han podido o sabido buscar salidas productivas para presentar su música. De la dificultad también se puede salir reforzado.

New Talent como sello de jazz contemporáneo, facilita por sus medios y contactos que el músico pueda darse a conocer a través de una proyección a nivel internacional de los discos, que proporciona su regular distribución en EEUU, Europa y Japón. Cuando un disco de un músico nuevo tiene repercusión internacional me alegro mucho por él, y al mismo tiempo me da confianza y ganas de seguir trabajando.

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