La Comunidad de Madrid ha iniciado la tramitación de una
nueva Ley de Caza y Pesca “para modernizar su normativa y mantener el equilibrio de los ecosistemas”. La administración regional ya ha abierto el período de consultas por el que la ciudadanía dispone de 15 días (hasta el 29 de noviembre) para registrar sus alegaciones. De momento habrá que esperar para conocer el contenido definitivo de la norma, pero lo que es seguro es que
el texto no acabará con el choque entre ecologistas y cazadores.
Este periódico se ha puesto en contacto con la coordinadora de Ecologistas en Acción en la Comunidad de Madrid, María Ángeles Nieto, y con el presidente de la Federación Madrileña de Caza (FMC), Antonio García Ceva, para conocer sus posturas acerca de este nuevo proyecto legislativo.
La necesidad de actualizar una normativa obsoleta
La primera coincidencia entre ambos representantes aparece pronto: ecologistas y cazadores están de acuerdo en la necesidad de una nueva ley. La actividad cinegética en la Comunidad de Madrid se rige por una norma estatal, la Ley 1/1970, de 4 abril de caza, y su reglamento del año 1971, a la que se han ido añadiendo algunas adaptaciones. La de pesca, aún más antigua, se rige por la Ley de 20 de febrero de 1942. Estas leyes, explica la Consejería, son “extraordinariamente antiguas” y “no incorporan las especificidades propias de la Comunidad de Madrid ni los aspectos más modernos de su práctica”.
“Son normativas obsoletas que se deberían haber actualizado hace años”, apunta María Ángeles Nieto. Antonio García Ceva añade que “la ley del 70 es magnífica” en líneas generales, pero coincide en que está “obsoleta, sobre todo en algunas materias”.

También están de acuerdo en la necesidad de actualizar el régimen sancionador. La memoria justificativa del anteproyecto establece que esta es una cuestión “recurrentemente reclamada por los gestores, agentes de la autoridad y defensores de las actividades de la caza y de la pesca”. En la misma línea que Nieto y García Ceva, el legislador entiende que la normativa vigente incluye preceptos que ya no son de aplicación y carece de otros que se antojan necesarios de acuerdo al contexto actual, y que la cuantía (aún en pesetas) no cumple con el carácter disuasorio que persigue.
"Los furtivos son para los cazadores lo que los kamikazes para los conductores"
“Queremos que caiga el peso de la ley sobre todo aquel que comete cualquier delito medioambiental. No hay que olvidar que, como cazadores, somos conservacionistas”, explica Antonio García Ceva, que enfatiza su rechazo a la caza furtiva: “Son para nosotros lo que los kamikazes para los conductores”.
Más allá de esto, los puntos en común son difíciles de encontrar, y la coordinadora de Ecologistas en Acción comienza por dudar de la idoneidad de la forma: “Para empezar, el hecho de que la caza y la pesca se regulen en una sola ley ya me parece poco operativo. Una de dos: o será una ley muy larga y compleja para abarcar ambos aspectos, o será muy escueta y por lo tanto poco efectiva”.
La caza y pesca como elementos de conservación de los escosistemas
La dirección de la nueva ley parte de la base de que las actividades cinegética y piscícola son elementos imprescindibles en la conservación de nuestros ecosistemas y del medio natural. La caza, dice el texto, no sólo representa una tradición arraigada, también favorece la lucha contra la despoblación. María Ángeles Nieto, sin embargo, considera que la caza “no tiene nada que ver” con la gestión de las especies: “La Comunidad de Madrid dice que la población de especies de caza mayor están aumentando y que las de caza menor, en algunos casos, están disminuyendo, pero no dan ningún dato. Decir que la caza es una herramienta de control de poblaciones es una aberración”, sentencia la ecologista.
"El cazador busca hacerse con el mejor trofeo"
Nieto asegura que, en la actualidad, la caza es una actividad recreativa en la que el cazador busca hacerse con el mejor trofeo, “con el macho que más cornamenta tenga”. “Y cuando se utiliza como gestión de poblaciones, continúa la coordinadora de Ecologistas en Acción, termina con poblaciones desequilibradas, como el caso de la Cabra Montesa o la puesta en peligro de especies como la Tórtola”.

El presidente de la Federación Madrileña de Caza opina todo lo contrario: “A nosotros nos parece que la caza es una herramienta magnífica para controlar las poblaciones”, y añade que la propia FMC contribuye a ello desde hace años como organismo colaborador de la Consejería. “Por ejemplo, tenemos un grupo de arqueros que se dedica a controlar la aparición de jabalíes en las zonas periurbanas de la Comunidad de Madrid”, comenta García Ceva.
El problema de la aparición de jabalíes en las ciudades, justifica María Ángeles Nieto, es consecuencia de la “gestión nefasta de la fauna en la Comunidad de Madrid y de la expansión urbanística en el medio natural”. La forma de arreglarlo, en su opinión, no es “liándose a tiros”.
"La caza es una herramienta de control sanitario"
Antonio García Ceva defiende también la utilidad de la caza como herramienta de contención de enfermedades. La propia Consejería, de hecho, establece que la sobreabundancia de especies de caza mayor puede suponer problemas no sólo de tipo ecológico, sino también sanitario. “Trabajamos con un grupo de cetreros para controlar posibles brotes de leishmaniosis, que ya surgieron en 2012 y acabaron con la vida de dos personas. Es un aspecto absolutamente necesario para toda la población”, explica el presidente de la Federación.
La pesca: especies invasoras y ecosistemas fluviales
En relación a la pesca, la memoria del anteproyecto establece el mantenimiento o mejora del estado de conservación de las especies autóctonas como una de las premisas para el desarrollo de esta actividad. La coordinadora de Ecologistas en Acción, sin embargo, no entiende cómo se propone como solución la misma actividad que, a su juicio, ha provocado el problema. “La pesca ha sido la principal causante de la introducción de especies invasoras en nuestros ríos, humedales y embalses”, asegura.
"La pesca ha sido la que ha introducido a las especies invasoras"
“La carpa, el pez gato, la trucha arcoiris, el siluro, el cangrejo americano… Todas estas especies están generando problemas porque los pescadores, que no eran conscientes de la repercusión de introducir especies ajenas al ecosistema, las metían para pescar mejor”, explica María Ángeles Nieto. La forma de arreglarlo, argumenta la ecologista, pasa por mejorar los ecosistemas fluviales: “Si reducimos la contaminación y mejoramos las riberas de los ríos, contribuiremos a que la fauna piscícola autóctona se haga fuerte sin necesidad de introducir especies de fuera o criadas en piscifactorías”.

¿Actividad necesaria o forma de ocio anacrónica?
La postura de Ecologistas en Acción, recuerda Nieto, va más allá de las objeciones a la nueva ley, pues se oponen a la esencia misma de la actividad cinegética y piscícola: “Es anacrónico que en el siglo XXI haya un número de personas muy minoritario, que en la Comunidad de Madrid no llegan ni al 1 por ciento de la población (unas 44.000 licencias de caza y otras 46.000 de pesca), que disfruta matando animales”.
Antonio García Ceva entiende, sin embargo, que prohibir la caza como proponen los ecologistas, “sería un desastre”. El presidente de la Federación Madrileña de Cazadores asegura que impedir esta práctica descontrolaría la población y provocaría epizootias que podrían afectar al ser humano y acabar con la economía agrícola del país: “Esto va más allá de ecologistas y no ecologistas, nadie puede defender que se prohíba la caza en su totalidad”.
María Ángeles Nieto concluye que lo que debería hacer la ley es favorecer la transición hacia la desaparición de estas actividades: “Si acaso, dejarlo como algo residual en casos puntuales y justificados, pero nunca como actividad de ocio recreativa”.