Caminando por la calle Campomanes, entre Ópera y la céntrica plaza de Santo Domingo, se encuentra la librería Desperate Literatura, un espacio singular para encontrar ejemplares de varios idiomas (entre los que destaca el inglés y francés, además del español). Esta librería ha sido el refugio para los amantes de las letras, tanto locales como turistas extranjeros, que acuden en busca de sus próximas aventuras y por el “conocimiento” de sus trabajadores en la literatura inglesa y francesa.
De normal, un banco junto a la entrada con la frase de Groucho Marx ‘I refuse to join any club that would have me as a member’ (Me niego a unirme a ningún club que me acepte como miembro) y un cartel anunciando aquello que se puede encontrar en su interior, llamarían la atención de cualquier viandante, sin embargo, en la actualidad, los andamios rodean toda su fachada, enterrando así el negocio de Terry Craven y Charlotte Delattre, entre un amasijo de hierro.
La infraestructura muestra la transformación que se está produciendo en el edificio, un cambio que dará paso a unos pisos turísticos y que no cuenta con la librería, que recientemente ha cumplido 10 años, como se puede observar en los globos de helio que cuelgan en el interior del establecimiento, junto con fotografías de sus mejores momentos y un cartel que pide la ayuda de sus clientes para trasladarse a un nuevo local.
La historia de Desperate Literatura surgió de una idea alocada. Terry Craven y Charlotte Delattre trabajaban juntos en una librería de París, cuando decidieron trasladarse a Madrid, sin hablar español, y abrir un pequeño refugio literario en pleno corazón de la capital. Los comienzos no fueron fáciles, de hecho, ambos socios tuvieron que dormir en la parte trasera de la librería hasta que pudieron adquirir una de las viviendas situadas en el mismo edificio (un hogar que también han tenido que desprenderse de él).
Su nombre, Desperate Literatura, proviene de las palabras de Joaquín Font, el personaje de Detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Este protagonista afirma que “hay literatura para cuando estás feliz, aburrido y también para gente desesperada”. Con esas dos palabras, Craven y Delattre querían reflejar que en su librería había todo tipo de ejemplares, sin embargo, tal y como reconocen descubrieron que era “algo difícil de pronunciar” para los españoles. “Nosotros no queríamos ser la típica librería con un señor viejo como librero que no habla. Nuestra idea era crear una comunidad, hablar, ofrecer una bebida, ser un punto de encuentro para mucha gente. Hacer una fiesta de la lectura, con música o con lo que sea”, apostilla Craven en las puertas de su local.
Con esa idea de crear una comunidad de lectores, a pesar de ser también un lugar de paso para muchos turistas extranjeros, Desperate Literatura ofrecía diversas actividades como una máquina de escribir, un punto para los niños o un teléfono de la poesía, donde a través de unas notas de voz sus compradores pueden escuchar un poema. “También contamos con premios literarios con un jurado de conocida trayectoria”, recordaba su dueño.
Actividades que se encuentran en suspensión por la mudanza y otra que quizás no vuelvan: “Antes contábamos con una sección de libros alcohólicos - ríe - donde dábamos un chupito de whisky. Hemos parado esto. Estamos demasiado viejos”.
Una mudanza forzosa
En 2022, los dueños de la librería se enteraron de la venta del edificio. “No nos comunicaron nada, fue sin avisar. Tenían planeado usarlo para poner pisos turísticos, por lo que compraron todas las viviendas y el local de la librería, pero lo han vuelto a comprar y nos han puesto este maravilloso armatoste aquí”, apuntaba Craven señalando los andamios de la obra.
Con esta decisión, poco a poco, los vecinos tuvieron que marcharse (entre ellos el propio Craven) y la librería se convirtió en un “punto de recogida” para recoger los enseres de los que habían sido sus vecinos. “Teníamos muy buena relación con los residentes. Nos dimos cuenta de que había menos gente en el edificio porque no estaban renovando los contratos”, confiesa.
El librero denuncia que el centro de Madrid “está cambiando”, en gran medida por los pisos turísticos. Paseando por la plaza Santo Domingo, Craven señala otro edificio, también desalojado, y recuerda como antes de la pandemia los empleados de esas oficinas iban al bar de en frente (Cervecería El Monje) al salir de trabajo: “Cerraron durante la Covid para teletrabajar y la terraza ahora está vacía”, manifiesta.
Un nuevo local
Obligada a trasladarse para dejar espacios a nuevas construcciones de apartamentos turísticos, Desperate Literatura escribirá una nueva página en otra zona tras años y medio de búsqueda de un local que se acercará a las condiciones de una librería. Pero, sobre todo, que se pudiera comprar, ya que la experiencia de su mudanza forzosa hizo recapacitar a los dueños de este emblemático lugar: “Llevamos 10 años de alquiler y no vamos a alquilar otro espacio para que luego nos echen. Vamos a empezar de cero y lo vamos a hacer todo con nuestras propias manos”, asegura.
“Si la vida te da limones, pues haces limonada”, bromea Craven. Y nunca mejor dicho, porque Desperate Literatura se muda a una antigua frutería de la histórica calle de Cava Baja: “Es un edificio antiguo con un millón de capas de pintura. Hay que adecuar el edificio a la normativa de construcción actual, lo que incluye la instalación de un sistema de aire acondicionado, recuperación de paredes originales y la creación de estanterías y expositores”.
Los costes de la reforma ascienden los 80.000 euros, a los que hay que sumar los gastos de transporte de stock desde su antiguo local, pero sus dueños están dispuestos a “endeudarse mucho” para continuar con su sueño. Además, estos socios quieren aprovechar el sótano de la antigua librería para crear una sala de eventos y encuentros para los amantes de la literatura.
Para tratar de hacer frente a todo ello, Craven y Delattre han iniciado una campaña de crowdfunding para financiar al menos 25.000 euros de la reforma. “La historia de esta librería se sigue escribiendo y cada contribución cuenta para ser parte de un capítulo importante en la preservación de la cultura independiente de la ciudad”, reza la campaña de GoFundMe.