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COP25: Por una verdadera transición justa

jueves 19 de diciembre de 2019, 11:45h

Ciertamente sus resultados han sido escasos y habrá que esperar a 2020 en Glasgow, pero que el desarrollo de la 25 Conferencia de las Partes (COP25) se haya realizado en Madrid ha tenido efectos muy positivos en la ciudad y en toda España.

Quizá la presidenta de la Comunidad de Madrid exageró un poco poniéndose medallas por la organización de la Cumbre, ya que ha sido una responsabilidad compartida de todas las administraciones (incluida la ONU) y por supuesto del pueblo de Madrid que sabe adaptarse a las circunstancias. Tampoco se puede obviar que cuando el Gobierno de España tomó la decisión de traer la cumbre a nuestro país, también Podemos y Ciudadanos apoyaron al Gobierno.

Efectivamente nuestra ciudad hace ya muchos años, gobierne quien gobierne, tiene una gran capacidad de acoger eventos de relevancia internacional. Quienes tenemos memoria recordamos que en 1991, en sólo doce días de preparación, la ciudad acogió la Conferencia de Paz árabe-israelí con la presencia de Mijail Gorbachov, presidente de la URSS y George Bush, presidente de EEUU. Eran tiempos complicados de violencia en los que en el foro hubo delegaciones de todo Oriente Medio, de Europa y de España como anfitriona. En el Ayuntamiento gobernaba el PP, en la región y el Estado, el PSOE y fue un logro común. Como ahora.

La realización de la COP25 en Madrid ha tenido un importante efecto pedagógico y de concienciación en la ciudad y en el país. Además ha dejado muy clara la postura del sindicalismo de clase ante la emergencia climática. La pedagogía y concienciación ha servido para que muchas personas que flirteaban con el negacionismo hayan abrazado la causa de hacer frente al cambio climático.

El primero en abrazar esta causa ha sido el alcalde de la ciudad José Luis Martínez Almeida, a quien hemos visto enfundado con un maillot ciclista reivindicando “movilidad por el clima ahora” o con una camiseta del voluntariado contra el cambio climático porque “no hay un planeta B”. Es más, sin que la ciudad haya alcanzado el calificativo que marca Europa, bautizó a Madrid como “Green capital”. Si hace escasos meses, en campaña electoral, nuestra ciudad se llenó de carteles que rezaban: “Con Almeida, Madrid Central se acaba el 26 de Mayo”; y al inicio de curso explicaba ante perplejos alumnos que era preferible que ardiera el Amazonas a que se incendiara la catedral de Notre Dame, ahora el alcalde abraza la causa ecologista.

Este cambio de actitud hay que acogerlo con gran satisfacción porque seguro va a posibilitar un consenso entre los grandes partidos que posibilite un gran pacto para sacar adelante una ley de cambio climático. El ejemplo lo tenemos en México, donde se logró aprobar una ley de cambio climático tras la realización de la COP16.

En esta línea sí es importante que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, siga los pasos del alcalde de la ciudad y abandone definitivamente el negacionismo que imponen Vox en España y Donald Trump en el mundo. Todos siguen coincidiendo en el mantra: “a saber qué lobby hay detrás de las emergencias climáticas”. No olvidemos que Vox achaca a conspiraciones marxistas la lucha contra el cambio climático y que este verano bloqueó una declaración en el Congreso sobre los incendios en Canarias porque se hacía referencia al calentamiento global.

El premio Nobel de Economía, Paul Krugman, aseguraba hace escasos días que el Partido Republicano de EEUU, más allá de Trump, tiene un motivo demasiado evidente para su negacionismo ya que en el actual ciclo han recibido el 97 por ciento de las aportaciones de la industria del carbón y el 88 por ciento del petróleo y el gas; pero apuntaba otra razón que va más allá del dinero. Esta es que los derechistas creen que cualquier forma de acción pública está rodeada por una especie de “efecto halo” y si se aceptan políticas públicas para proteger el medio ambiente, habrá que aceptar políticas públicas sanitarias, de enseñanza, vivienda, etcétera. Aunque discutible no creo que sea una teoría descabellada.

Lo que no es una teoría descabellada sino demostraciones científicas es el cambio climático, ya emergencia climática. Pero igual que hay “tierraplanistas”, que defienden que la Tierra es plana, o “creacionistas”, que aseguran que Dios creó el Mundo y niegan el big bang y la evolución de las especies; en la actualidad ponen a la ciencia en el punto de mira y niegan el calentamiento del planeta acelerado por la mano del ser humano, por otra parte, carente de todo humanismo.

Sí hay que reivindicar la relevante presencia de las Comisiones Obreras, que como parte integrante del movimiento sindical internacional ha participado muy activamente en esta COP25, fundamentalmente en su vertiente más sociolaboral con tres pilares fundamentales: aumentar la ambición respecto al clima con una transición justa sin dejar a nadie en el camino; sumarse a la iniciativa “acción climática para el Empleo” y el compromiso a financiar un desarrollo bajo en carbono con apoyo explícito a los más vulnerables.

A estos objetivos, que también son los de la International Trade Union Confederation (ITUC), hay que añadir la lucha contra la brecha de género, el respeto a los derechos humanos, la justicia social y la participación de la sociedad civil en las discusiones en la toma de decisiones.

Con estas reivindicaciones fundamentales hemos secundado manifestaciones y movilizaciones dentro y fuera de la Cumbre. Destacar la masiva manifestación, de cinco kilómetros, el pasado 7 de diciembre También hemos participado en encuentros al más alto nivel y con organizaciones del más diverso tejido social, abanderadas en su gran mayoría por una juventud especialmente concienciada con un futuro que es tan incierto como suyo.

En este escenario, y basados en la glocalidad (lo global y lo local) que impregna la emergencia climática se hace imprescindible un marco estable de dialogo social que analice, planifique, tome decisiones y lleve a cabo las medidas necesarias para descarbonizar nuestra economía, preparar y formar a la clase trabajadora para que tenga la capacitación necesaria requerida en otros empleos de nueva creación, y a quienes por diversas razones no puedan hacerlo, acompañarles desde los poderes públicos para que nadie quede atrás.

Otro negacionista ultra, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, impidió a acoger la COP25. Por ello decidió Chile presidirla antes de que el estallido social explotase en sus calles. Ante la revuelta social, el presidente del país andino, Sebastián Piñera, también se negó a organizar la cumbre. Es el momento en que el Gobierno de España decide que no puede aplazarse y la trae a Madrid. Lo inexplicable y criticable es que con muertos y heridos en Chile, con vulneración de derechos humanos como ha denunciado la Corte Interamericana, Amnistía Internacional o Human Rights Watch, no se haya cuestionado la legitimidad de la presidencia chilena. No es de recibo blanquear institucionalmente con la percha de la emergencia climática a un Gobierno que incumple los derechos humanos. También es transición justa la justicia social.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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