Qué lejos quedan los fantasmas. Sólo los más viejos del lugar recuerdan
aquellos funestos penaltis en Anfield y Bilbao. No queda nada de la pena que se enredó en sus pies durante los primeros meses de madridista. Hace semanas que
Mbappé volvió en sí para liderar a su equipo y, tras varias fechas coqueteando con él,
Kylian ha firmado su primer hat-trick con la camiseta del Real Madrid. A
Cristiano Ronaldo, por poner un ejemplo, le costó 36 jornadas conseguirlo.
Visitar el estadio de la pulmonía en pleno enero no parece el plan ideal. La vuelta de Tchouameni al once (jugó de central y Asencio pasó al lateral derecho) y el pinchazo previo del Atlético enrarecían aún más el ambiente. Uno de esos partidos tontos en los que se pierden puntos y, quizás, ligas.
El Madrid consiguió un relativo control del partido bastante pronto, aunque tardó mucho en generar ocasiones. Antes de poner a prueba a Klein, Courtois había doblado el lomo un par de veces, cosa que por lo visto fue la sentencia del Valladolid: El Pucela ha conseguido la victoria en el José Zorrilla sólo tres veces en lo que va de campeonato; en todas ellas, por 1-0 y con un sólo disparo a puerta.
En todo caso, el Madrid no llegó a sufrir y antes de la media hora de partido Mbappé puso el 0-1 (29’). El francés recibió un pase entre líneas en la frontal del área, algo escorado a la izquierda, y dibujó una pared con Bellingham, cuyo pase estuvo a la altura del desmarque.
Era ya el segundo aviso del Real Madrid. Un minuto antes, Rodrygo mandó a las nubes un caramelito. El brasileño fue seguramente el más apático del once, y eso que viene encadenando una serie de buenos partidos. En este caso, no fue capaz de aprovechar la oportunidad de partir desde la banda izquierda (sí lo hizo la pasada jornada, frente a Las Palmas), libre por la sanción de Vinicius.
El segundo gol del Madrid fue también el segundo de Mbappe (56’), en un gran contraataque. Lo que se pide al ver galopar a bestias del calibre de Kylian, Jude y Rodrygo, vaya. Este último fue el que lo condujo, con el francés a su izquierda y el inglés a su derecha. Rodrygo pasó a Mbappé y este definió al palo largo, por debajo de las piernas del defensor.
La jugada la había lanzado Ceballos después de una buena maniobra. El utrerano está en un estado de forma excelso. Su capacidad de sacrificio y el arte de robar balones ha acabado por convencer a aquellos que sólo se habían fijado en sus caños y demás anécdotas. Su fútbol es mucho más que talento, y así lo ha demostrado en la primera ocasión en la que se le ha dado (un poco por una mezcla de casualidad y necesidad) el tiempo suficiente para hacerlo. La semana pasada el Bernabéu le regaló una ovación inolvidable.
Después del 0-2 el Real Madrid perdió mordiente y acabó sedando el partido. El Valladolid salía de vez en cuando en estampida desordenada y estéril que acababa siempre desbaratada por uno u otro de los de atrás. Asencio, por cierto, volvió a mostrar un nivel más que convincente, y puede que sea el mejor recurso (al menos de los que baraja Ancelotti) para reforzar el lateral derecho.
Salieron Alaba, Güler y Modric (más tarde, Lorenzo y Endrick), y todo siguió más o menos igual. Casi marca un golazo el croata, que picó muy cruzado un balón que parecía demasiado incómodo para poder meter gol. Salvó al portero pero no cogió puerta por centímetros.
El hat-trick de Mbappé llegó ya cuando no se esperaba (90’). De penalti en una acción emborronada que hubo que rearbitrar a posteriori. Ya casi en el descuento Mario Martín perdió un balón en el centro del campo que propició un ataque del Madrid. Bellingham recibió dentro del área, desactivó con un amago a su par y, cuando sólo quedaba empujarla, apareció el propio Martín para enmendar su error. En la repetición se apreció que el pivote del Valladolid, después de tocar balón, alcanza con los tacos la rodilla de Bellingham. Además de penalti, segunda amarilla para Martín.
En octubre habría sido difícil creerlo. El Real Madrid es líder, cuatro puntos por encima del Atlético y siete del Barcelona (si gana mañana). Kylian Mbappé lleva 15 goles, sólo uno menos que Lewandowski.