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Hacia una nueva educación

miércoles 10 de junio de 2020, 07:59h

Lo telemático, presente para algunos desde hace tiempo en determinados ámbitos de nuestras vidas como el laboral, ha terminado por ocuparlo casi todo en el momento presente. Y puede que lo haga para siempre en esferas de la vida antes impensables como la afectiva debido a las medidas de confinamiento y distancia social que se han impuesto por la pandemia. Al estar encerrados en casa, hemos buscado el contacto virtual, ya que el personal no era posible.

Otra esfera en la que lo telemático ha irrumpido con fuerza es la educativa. En estos dos últimos meses, profesores, alumnos y padres han experimentado otra forma de abordar el proceso educativo que se podría resumir con tres conceptos: innovación, responsabilidad, compromiso.

Los docentes se han visto obligados a innovar, a adaptarse a la situación y convertirse en generadores de dinámicas de enseñanza no presencial y contenidos virtuales antes inexistentes, poco utilizados o dispersos. Los estudiantes han tenido que habituarse a un nuevo formato de enseñanza que cuenta con la capacidad de autoorganizar su tiempo y apela a su responsabilidad personal. Los padres, sobre todo aquellos con niños de más corta edad, han adoptado la rutina de sentarse con sus hijos y ayudarles a aprender con esta nueva manera de educar; han tenido que aumentar la dedicación y elevar su nivel de compromiso con el día a día del proceso educativo. Es como si las circunstancias hubieran consagrado por la fuerza una variante improvisada de aquel movimiento educativo llamado homeschooling, que surgió con fuerza en los EE. UU. durante la década de los setenta y que abogaba por la educación en el ámbito familiar.

Para el curso que viene veremos clases reducidas en el número de alumnos, lo que podría llevarnos a la necesidad de aumentar el número de aulas y por tanto de docentes. La educación se va a tornar más personalizada, lo que resultará beneficioso para el alumno al reducirse las ratios. El presente y futuro a corto, medio y largo plazo de la educación pasa por innovar (que no improvisar) de forma profunda. Quizá sea el momento para implantar los cambios que se llevan discutiendo durante años y que nunca se hacían.

Vivimos un momento similar a lo que Schumpeter llamaba ‘destrucción creativa’. Por ejemplo, es probable que la proliferación de los contenidos educativos multimedia sustituya progresivamente al libro en papel, surgiendo nuevos puestos de trabajo y oportunidades que sustituyan a los anteriores.

Los docentes se han encontrado con multitud de problemas al trabajar a distancia con los alumnos. El más limitante de ellos ha sido la carencia de un dispositivo electrónico o de propio o al alcance de cada uno de los alumnos y la correspondiente conexión a Internet. Por eso, el igual que la Comunidad de Madrid tiene ya implantado un sistema para el préstamo de libros de texto, tendremos que gestionar un sistema similar para dotar a los alumnos de esos recursos digitales. Debemos estar preparados y dotar de las herramientas necesarias a profesores, alumnos y padres para que la comunidad educativa no sufra como lo está haciendo ahora.

En las Escuelas Infantiles de 0-6 años y en la Educación Primaria, es claramente necesario que el alumno esté supervisado en todo momento. Pero quizá en Secundaria, por no decir en la Universidad, sea necesario empezar a plantear la implantación un sistema semipresencial que evite aglomeraciones en los centros educativos. A lo mejor tenemos que empezar a pensar en que, a partir de determinada edad, no sea necesario ir al centro educativo todos los días. Eso también implicaría una mayor responsabilidad por parte del educando. Siempre es algo arriesgado llamar al compromiso del alumno consigo mismo si este no es aun suficientemente maduro, ¿pero puede acelerarse el proceso de maduración si lo incitamos a esa responsabilidad y le facilitamos los cauces para asumirla?

Innovación para los profesores, responsabilidad para los alumnos y compromiso para los padres. ¿Es capaz nuestra sociedad de asumir todos estos cambios? ¿Son ineludibles? Hay muchas preguntas como estas que necesitarán respuestas. El futuro se presenta tan incierto como apasionante, lleno de grandes desafíos para la educación, pero estamos listos para trabajar y ofrecer las soluciones que este nuevo tiempo nos demanda.

Yago Mahúgo

Diputado de Ciudadanos y miembro de la Comisión de Educación de la Asamblea de Madrid.

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