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Mira que eres canalla

sábado 04 de abril de 2020, 20:29h

Podría empezar con un reproche y decirte que mira que eres canalla, que eso no se le hace a quien te quiere bien.

Podría virar a la nostalgia y revivir aquella noche en tu casa de Hermanos Miralles, que en esos días Enrique Tierno nos estaba cambiando a General Díaz Porlier, mártir en la horca del absolutismo fernandino, en la que en palique denso de estrellas que herían como amenazas y apuntando hacia el alba fuiste dibujando en surcos y con boli BIC Cristal escribe normal una imagen que desde entonces ha estado y está sobre el cabecero de mi cama.

Una ola se eleva desde el mar agitado y a punto está de caer sobre un dedo que apunta al cielo y del que caen gotas de lluvia confundidas con fluidos seminales para fundirse en una Luna de primer creciente, mientras un ojo machadiano, que no es ojo porque tú lo veas sino porque él te ve, contempla impertérrito la escena.

Podría quizá y por cambiar el tercio evocar aquella tarde de triunfo en la inauguración de tu exposición retrospectiva de pintura, Transfiguraciones, en el Centro Municipal de las Artes de Alcorcón, y la charleta con tu colega y hermano común José Antonio Alcácer que te seguiría en la programación del centro.

Recuerdos desgranados, bandadas de pájaros ausentes planeando sobre aquellos años sesenta en los que ambos, junto al tercero indefectiblemente en concordia, Daniel Merino, os llevabais siempre la palma en los certámenes de pintura joven.

Podría evocar aquella noche en la que el escultor, pintor, óptico, escritor e inventor de eventos, Julio Álvarez/Abel Beire y en un solar de la calle Villanueva puso en pie el “Entierro de la sardina” esfumado durante la oprobiosa, mientras tirábamos piedras a la pared medianera y vociferábamos las cuatro y diez, con James Dean tirando piedras a una casa blanca.

Podría también y con mucha más proximidad en el tiempo, acercarme a aquella tarde en la que te llamé por teléfono para comunicarte que se nos había ido José Antonio, con quien tanto queríamos, y tu asistente me dijo que agradecías la información y que se te habían saltado las lágrimas.

Pero nada de eso viene al caso porque son cosas nuestras. El chiste del gato. Tonterías mientras llega la agonía.

Neguémonos a ser tiempo en el espacio y hablemos de ti y de tu pintura, que penetró sobre telas de gran formato en lugares remotos y para muchos ignotos del erotismo, que colgaron en una treintena de exposiciones individuales y un número aproximado de colectivas, algunas seleccionadas para Ferias Internacionales como las Bienales de París o Sao Paulo y que en 1974 te valieron el gran Premio de Pintura de la Mostra Fondazione Michetti.

Hablemos de ti como cineasta en los complejísimos sesenta como auxiliar de dirección en los rodajes de Cleopatra de Joseph Mankiewicz y La vida es magnífica de Maurice Ronet; como guionista y director de los cortos Minutos después, Chapuza 1 y A flor de piel, con Jaime Chávarri y Ana Belén a la cabeza del elenco; como director de un episodio en el largometraje El muro del éxtasis, y como dibujante, realizador, animador, director y compositor de la banda sonora de Un perro llamado dolor, que recibió el Premio Goya 2001 a la Mejor película de Animación.

Y hablemos, claro, de La matemática del espejo, de La liturgia del desorden, de Templo de carne, de Volver al agua, de tu poesía, que como escribió José Caballero Bonald, pasó: “… casi sin transición de una lírica de cuño intimista al de una épica de extrovertidas argucias, entre cuyos tentáculos forcejean algunos de los más abruptos y tipificados signos de una sociedad atrofiada por su propia estulticia o su propia vileza”.

Poesía de hombre bueno, pero a la vez intrépido crítico de la vida con un repertorio argumental, que, sigue diciendo Pepe, nada más ajeno a lo monocorde: “Desde los emblemas del erotismo a los de la muerte y desde la más grosera mitología contemporánea al saludable ejercicio del autosarcasmo, Aute ha transcrito con denodada reiteración -y con similar patetismo- algunas arquetípicas historias personales de esa delirante aventura que, para entendernos, llamamos colectivamente historia”.

Solías citar a Woody Allen: “I only believe in sex and death”. Ahora, a lo peor no sería políticamente correcto, pero es y fue tu liturgia del desorden y -entre otras magias- la belleza del Azar en accidente como por ejemplo: morir.

Habría que hablar de tus canciones, pero sólo se me viene a la garganta compungida aquella que llamabas desesperada… “… ¡me cago en todos mis muertos! No encuentro el Nolotil y no amanece”.

En fin, Luis, que lo dicho, llámame el día que puedas, y date prisa que ya son las cuatro y diez.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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