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El miedovirus

viernes 06 de marzo de 2020, 17:16h
El miedo es libre… y barato. Puedes tenerlo en grandes cantidades y no costarte un euro. El miedo al coronavirus se adquiere a gusto del consumidor y en todos los ámbitos. En la economía, los síntomas tienen el efecto contrario: la Bolsa lo sufre, no cuando los valores son elevados, calientes, sino cuando la temperatura está en permanente descenso. El miedo del dinero es libre y el virus se enseñorea de las cotizaciones.

La enfermedad contagia al mercado y pone en cuarentena ferias, congresos, convenciones y otros eventos asfixiados por el pánico. Las grandes concentraciones deportivas se suspenden, se congelan ante el pánico incontrolable. La gente ya no se besa, ni se da la mano; el saludo, se salda con una mueca, o un toque de tobillos. En los comercios se agotan los geles desinfectantes y el jabón empezará a cotizarse más caro que el petróleo. Hasta en las costumbres más arraigadas, el miedovirus, rompe tradicionales. La fe puede mover montañas, pero el temor, lo paraliza todo, como que se prohíba besar el pie al Cristo de Medinaceli, o a otras imágenes icónicas, por miedo a que se hayan contagiado desde los píes a la corona…coronavirus. Los santos más milagreros se vuelven sospechosos de haber perdido sus poderes y ser un vehículo de transmisión vírica.

La psicosis se acentúa a medida que avanza el número de afectados y no hay referencias claras sobre dónde está el foco; ni aparece un medicamento o vacuna específicos para combatir la enfermedad. Y si las cosas siguen así, quedará terminantemente prohibido el besamanos en las recepciones oficiales, compartir asiento en el transporte público o coger el cambio del importe de la compra, por si acaso, el anterior tenedor llevaba el virus en la cartera.

El miedovirus nos atenaza. Y lo malo es que nadie está dispuesto a quitarle importancia.
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