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7-O, trabajo decente contra precariedad

jueves 03 de octubre de 2019, 10:20h

“Sorry we missed you”, que traducido viene a significar “disculpe, le hemos echado en falta”, es la frase que dejan los repartidores cuando el destinatario de un paquete está ausente en el Reino Unido. También es el título de la última película del director británico Ken Loach que mañana viernes, 4 de octubre, se estrena en el Auditorio Marcelino Camacho de CCOO de Madrid dentro del ciclo “Cine y trabajo”.

Loach es de los pocos directores que tratan la temática social en sus cintas y, en los últimos tiempos, los estragos de la Gran Recesión. En su anterior creación (Yo, Daniel Black) nos presenta el problema de un trabajador de 59 años que cae enfermo… Loach quiere mostrar el mundo la indecencia del nuevo capitalismo, repleto de trabajadores precarios que tienen que acudir a bancos de alimentos porque son pobres. En definitiva, trabajo indecente en este mundo occidental, en este primer mundo.

Desde hace doce años, cada 7 de octubre, el planeta entero conmemora el Día del Trabajo Decente a instancias de la Confederación Sindical Internacional (CSI). Pero es en 1999 cuando la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se refiere al concepto como a la “generación de oportunidades para que hombres y mujeres accedan a un empleo en condiciones de igualdad, libertad, seguridad y dignidad humanas”.

En esta línea, para la CES (Confederación Europea de Sindicatos) a la que pertenecemos CCOO, “sólo puede ser denominado trabajo decente aquel que se realiza respetando el cumplimiento de las Normas Fundamentales del Trabajo, lo que significa que lo disfrutamos después de la mayoría de edad, que no somos discriminados, que lo hemos elegido libremente y que en su desempeño podemos ejercer la libertad sindical y negociar colectivamente”.

Tal como relata Unai Sordo, secretario general confederal de CCOO en su libro ¿Un futuro sin sindicatos?, “la OIT es un socio clave en nuestra acción diaria para lograr el trabajo decente basado en salarios dignos, condiciones laborales justas, garantía de protección social, eliminación de la discriminación y la desigualdad en el trabajo y de las brechas salariales por razón de sexo”, del mismo modo que es un objetivo del sindicalismo internacional “la aprobación de un tratado vinculante de derechos humanos y empresas multinacionales”.

Según la propia OIT, en los países industrializados, invirtiendo el 2 por ciento del PIB en el sector de cuidados se generaría un aumento del empleo total del 2,4 por ciento al 6,1 por ciento; se crearían más de 42 millones de puestos de trabajo en seis economías emergentes.

Este año, la CSI ha dedicado el 7 de octubre a reivindicar la inversión en el sector de cuidados, un sector infravalorado, con salarios bajos y malas condiciones laborales. Un sector en el que las mujeres asumen las tres cuartas partes del trabajo de este sector no remunerado.

En este escenario, Sharan Burrow, secretaria general de la CSI considera que “una baja inversión en cuidados, con la expectativa de que las mujeres asuman la carga de cuidados no remunerados, representa un enorme obstáculo a la hora de garantizar una mayor participación de las mujeres en el mercado laboral, reducir la brecha general de género y lograr la igualdad entre las mujeres en el trabajo y la sociedad”.

En la Comunidad de Madrid sabemos muy bien que precariedad y temporalidad van de la mano. Ocho de cada diez contratos que se formalizan son precarios, y de estos, la mitad tienen una temporalidad inferior a 15 días. Además, precariedad y temporalidad provocan innumerables accidentes laborales. Las empresas más piratas, donde no existe sindicato, contratan y subcontratan servicios externos y la siniestralidad se dispara en esta cadena de subcontrataciones.

Y en el sector de cuidados, la falta de inversión, las plantillas reducidas y la presión insostenible sobre las condiciones laborales de las trabajadoras no sólo supone una explotación laboral indecente sino que pone en riesgo la calidad de la atención a las personas dependientes de esos cuidados.

Defender, reivindicar trabajo decente –que es labor diaria de las Comisiones Obreras de Madrid- es llevar el sindicato a las empresas y más allá. Es llevar el sindicato a las pequeñas empresas y denunciar esa extendida costumbre de los falsos autónomos. Es organizar a los nuevos explotados por la digitalización, desde los repartidores que trabajan en bicicleta, hasta especialistas que participan en plataformas escribiendo sesudos informes.

Pero también defender el trabajo decente es exigir a los empresarios que cumplan con su responsabilidad social e inviertan los grandes benéficos empresariales, más de 28.000 millones de euros en 2018 conseguidos gracias a unas legislaciones laborales y fiscales favorables, en creación de empleo, en I+D, en innovación, en sostenibilidad y no los escondan en productos financieros.

Es que los partidos políticos faciliten la mejora de la estructura productiva, la calidad de los empleos y persigan el fraude. Es exigir una cambio radical en la legislación laboral que derogue las reformas laborales aun en vigor que desintegran las relaciones laborales y la negociación colectiva por el poder sin cortapisas que otorgan a los empresarios. Una nueva legislación que persiga las nuevas formas de explotación que han nacido al calor de la digitalización de algunas actividades.

Y siempre la evidencia, a más trabajadores organizados en el sindicato, más trabajo decente, menos precariedad, más seguridad laboral, mejores salarios y condiciones laborales, mayor igualdad... Frente al nuevo capitalismo indecente los trabajadores y trabajadoras tenemos que organizarnos y sumar fuerzas. Este 7 de octubre es una buena fecha para pensar en ello.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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