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Román, con la taleguilla ensangrentada tras ser corneado, es llevado a la enfermería por sus compañeros
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Román, con la taleguilla ensangrentada tras ser corneado, es llevado a la enfermería por sus compañeros

Cornalón muy grave de 30 centímetros en la pierna derecha para Román

lunes 10 de junio de 2019, 08:12h
Un tremendo cornalón en la pierna derecha sufrió Román -que sustituía al herido Emilio de Justo- al entrar a matar al tercero de la tarde, un peligrosísimo toro de Baltasar Ibán, con el que había estado muy valiente. Desde un principio se vio que el brutal percance tenía aspecto de máxima gravedad, como así se confirmó, porque el animal sacó el pitón derecho ensangrentado de las entrañas del coletudo. El público, cariacontecido, pidió la oreja para el torero, que su cuadrilla le llevó a la enfermería. En una bronca corrida de 'ibanes', Curro Díaz cortó otra oreja y Pepe Moral anduvo espeso.

Es la durísima ley de la Fiesta: pagar con sangre cuando te la juegas con máximo valor y entrega ante un toro agresivo y bronco. Cual aconteció con el tercero de la tarde, un cinqueño de ofensiva cabeza y que desarrolló sentido ya en banderillas, donde la cuadrilla de Román, mal en la brega y con los rehiletes -su subalterno El Sirio fue volteado y se salvó de la cornada de milagro-, pasó las de Caín tras que Santanero I, paradójicamente, hubiera cumplido en sus dos encuentros con el caballo. El burel llegó a la flámula midiendo a Román y pegándole arreones en cada embestida, si es que aquello era embestir, que no, más bien era topar.

Había un silencio de enorme expectación en el cotarro, con el corazón oprimido ante la gallardía con que el valenciano, entregadísimo, intentaba el imposible toreo de lucimiento ante un burel que cada vez mostraba más violencia. Por fin, Román se fue a por la tizona y se tiró a matar de verdad de verdad de la buena, como un jabato. Momento en el que Santanero I le soliviantó la carne en una espeluznante cornada con el hierro ardiente del asta derecha penetrando en la taleguilla de Román, que acabó emborronada de sangre, como el propio pitón.Estaba claro que el ‘tabaco’ era gordo y en la plaza quedó ahora el sopor de la desgracia, a la que siguió una lluvia de pañuelos en demanda de la oreja para el heroico valenciano.

Después, el público, con las defensas bajas por lo que acababa de presenciar, reaccionó con máxima emotividad cuando Curro Díaz tuvo el bello gesto de brindar el siguiente toro al compañero herido, dejando la montera sobre la barrera junto a la enfermería. Además, este cuarto fue el único noblote del encierro, lo que aprovechó el linarense, que empezó con dos trincherillas y el del desprecio, para alumbrar algún fogonazo de su clase después en cortas series de muletazos ligados y desmayados, sobre todo en redondo, aunque con la suerte descargada casi siempre.

Lo intentó al natural también, pero el toro se había acabado ya buscando la querencia de las tablas y con un espadazo desprendido y el público a su favor se llevó otra oreja, que, sugestión aparte por el percance de Román, ésta más que discutible en cuanto a sus méritos reales.

No hubo más que destacar en lo que afecta al lucimiento porque el resto de bicornes, incluido el sobrero de Montealto lidiado en primer lugar en lugar del inválido ‘ibán’ devuelto a corrales, fueron mansos, complicados y descastados. Eso sí, guapos de presencia y con mucha leña, por lo que fueron aplaudidos al asomarse al ruedo. Con esta pura fachada sin bravura ni nada que se le pareciese, Curro no se complicó la vida con el citado sobrero e intentó echar otra oreja en su esportón con el que mató en lugar de Román, pero el ‘ibán’ se limitaba a defenderse y embestir o lo que fuera aquello con la carifosca por las nubes.

Al menos el linarense anduvo con dignidad a lo largo de todo el festejo, lo que no aconteció con un espeso Pepe Moral, al que el segundo, antes de empezar a pegar hachazos, metió la cara humillando unas cuantas veces, pero el sevillano, siempre despegado, no pasó de vulgar. Y peor anduvo en el otro, que sí, que no era fácil porque llegaba a la pañosa rebrincado, pero tampoco se comía a nadie dentro de su mansedumbre, mas su matador anduvo por acá y por acullá y pegó un mitin con tizona y verduguillo que ya enfadó al público definitivamente.

FICHA

Cinco toros de BALTASAR IBÁN, con trapío y cornalones; duros y descastados, excepto 2º y 4º; 3º muy peligroso. 1º, sobrero, de MONTEALTO, justo de presencia y descastado. CURRO DÍAZ.: silencio; oreja; ovación. PEPE MORAL: silencio; pitos. ROMÁN: oreja que le pasó a la enfermería su cuadrilla tras ser cogido por el 3º. Plaza de Las Ventas, 9 de junio, 27ª de Feria. Algo más de tres cuartos de entrada. Enfermería: El largo parte médico de Román habla de herida por asta de toro en tercio medio de la cara interna del muslo derecho con una trayectoria de 30 centímetros hacia fuera y abajo y que produce destrozos en vasto interno, musculatura aductora, contusión con vaso espasmo de arteria femoral. Rodea fémur por su cara posterior produciendo contusión de nervio ciático, presentando orificio de salida por cara externa del tercio inferior de muslo. Intervenido quirúrgicamente bajo anestesia general en la enfermería de la plaza de Las Ventas. Se traslada al Hospital San Francisco de Asís para valoración cardiovascular. Pronóstico Muy grave.

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