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Las falacias de Ciudadanos

miércoles 05 de junio de 2019, 07:54h

Están dispuestos a dejarse todo su capital en las subastas de poder que menudean por toda España. En ese remate final de oportunidades, convocado con la urgencia que reclama la coyuntura política, los marchantes partidistas ofrecen cargos públicos de relevancia y prebendas administrativas. Rebuscan en sus bolsones de electos y enseñan al subastero su chequera de concejales y diputados provinciales.

Pujan y pujan entusiasmados, como si les fuera en ello la propia existencia. Se han fijado los precios de salida y todos saben lo que vale un alcalde, un presidente de diputación y un gobernante autonómico. La pieza más cotizada en Madrid lleva por rótulo las siglas de Ciudadanos. Llevárselo a casa es el objetivo prioritario de todos los presentes en el mercadeo.

De no mediar una sorpresa imprevista o la interferencia de algún comprador inesperado, posibilidades ambas extremadamente remotas, el Partido Popular conseguirá el trofeo más codiciado. Cuando lo exhiban en las vitrinas de la calle Génova, locos de contento, pensarán que ha comenzado para ellos una nueva etapa política. Se han rendido a la bestia que devora su futuro, pero eso es lo de menos con tal de conservar sus parcelas domésticas.

Rivera se lo ha puesto muy sencillo al Partido Popular. Utilizando verdades a medias y falacias manifiestas, improvisando argumentos fabulados, el zascandil de Ciudadanos ha tejido un cordón sanitario que pretende aislar al PSOE de Pedro Sánchez. Insinúa Rivera que los socialistas esconden en Ferraz herramientas suficientes para destruir España.

Basándose en esa presunción determinista, demonizando al partido ganador, manipulando los resultados de la derecha, que no suman sin los sufragios ultras de VOX, Rivera dibuja un panorama que solo vislumbra él. Los dirigentes madrileños de Ciudadanos secundan los desvaríos de su jefe. Olvidan, sin embargo, que la única alternativa que contemplan, el PP de Casado, ha perdido gran parte del respaldo popular que tenía y sobrevive, derechizado y perplejo, en franca recesión electoral.

Camuflan también los penosos antecedentes de corrupción generalizada que afectaron a varios gobiernos regionales y a decenas de ayuntamientos gestionados por el Partido Popular. Uno de sus presidentes y uno de sus vicepresidentes han pasado largas temporadas a la sombra preventiva y esperan las correspondientes sentencias. Recientemente dimitió la presidenta Cristina Cifuentes, enfangada en las presuntas irregularidades que rodearon la consecución de un master universitario.

Ciudadanos pretende prolongar aún más el ciclo gubernamental del Partido Popular en Madrid. ¿Es ese el cambio que nos prometían? Por otra parte, digan lo que digan, se pongan de espalda o de perfil, Ciudadanos tendrá que bailar con VOX. El presunto acuerdo con el PP no saldrá adelante sin el sostén activo de los representantes extremistas. Ciudadanos tiene la llave de la situación, nadie lo discute, pero con esa llave se abre también el alcázar donde espera la extrema derecha. Con ese estigma permanente se sentarán en la Asamblea de Madrid, en el Ayuntamiento de la Capital, en Las Cortes Nacionales y en el Parlamento Europeo. Tendrán que inventarse nuevas falacias.

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