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Los aeropuertos que no son para las personas

viernes 07 de diciembre de 2018, 09:22h
“Un aeropuerto para las personas”, así definía Carlos Fabra al mayor de sus caprichos personales en Castellón. Un proyecto tan mastodóntico como innecesario que finalmente la Generalitat Valenciana se ha visto obligada a rescatar, rescindiendo el contrato actual, por el desembolso económico que supuso a la hacienda autonómica.

Hoy, a unos 450 kilómetros de distancia de aquella infraestructura tan faraónica como infrautilizada, y a pesar de que la Comunidad de Madrid cuenta ya con numerosos aeropuertos por toda su geografía autonómica, la construcción del aeropuerto Casarrubios-El Álamo amenaza con imponerse, amenazando con repetir la historia de las magnas obras que se distribuyen por todo el territorio español y de las que en algunos casos, véase la Ciudad de la Justicia de la Condesa Aguirre, sólo quedan un par de edificios absurdos en mitad de la nada y un increíble socavón en las arcas públicas por el que nadie ha asumido responsabilidades.

La pretendida instalación en Casarrubios-El Álamo es, a todas luces, la apuesta por un aeropuerto que de nada sirve para los vecinos y las vecinas de Navalcarnero (entre otros municipios de la zona) quienes, por cierto, llevan años esperando la conexión de un tren de cercanías con el centro de Madrid que no acaba de materializarse como consecuencia de la corrupción sistémica del PP, que truncó toda posibilidad.

Atendiendo a esta perentoria necesidad y a la contundente realidad que la acompaña resulta, pues, prioritario responder a las demandas reales de la ciudadanía, quienes han visto su derecho a la movilidad limitado por las escasas infraestructuras existentes en el municipio. Y no tanto hacerlo para las grandes corporaciones o grupos empresariales que ven en la construcción del aeropuerto una posibilidad de desarrollar un negocio que les procuraría, principalmente, su propio enriquecimiento.

Quizás alguien pueda pensar que la llegada de un aeropuerto supondría generación de empleo directo e indirecto para la zona. Sin embargo, la experiencia nos enseña que gran parte de estos presuntos puestos de trabajo son normalmente ocupados por los propios trabajadores de las diferentes compañías que, teóricamente, operarían en ese aeropuerto y cuyos contratos no han sido realizados en España, con lo que no existe garantía alguna de la creación de los mismos, como ya ocurrió en el aeropuerto de Castellón. Por el contrario, de lo que no cabe ninguna duda es que de aplicarse esta medida perjudicaría a una parte de la actividad económica principal de El Álamo, así como a los viñedos que se extienden en Navalcarnero y que actualmente están reconocidos como Denominación de Origen de Vinos de Madrid.

La construcción de esta mega estructura supondría a su vez un atentando contra la zona en la que se enmarca el proyecto. Ya que provocaría la eliminación de un espacio natural, que se vería afectado por el ruido producido por los aviones, las emisiones contaminantes que perjudicarían la economía agrícola, así como a la salud de la ciudadanía y la degradación del ecosistema, ya que dicha construcción interferiría con las rutas de las aves migratorias, entre otros importantes inconvenientes para la seguridad, el desarrollo y la habitabilidad de la zona.

Ante estas breves reflexiones, que podrían ser ampliadas con un sinfín de razonamientos que desaconsejan esta construcción por su enorme y negativo impacto en muchos kilómetros a la redonda, cabe preguntarse por qué un plan de infraestructura, que fue rechazado hace más de diez años por los vecinos y vecinas de Navalcarnero y El Álamo, vuelve a ser considerado como opción si las mismas condiciones por las que se paralizó siguen estando vigentes en caso de que dicho plan se apruebe. La respuesta a esta pregunta se encuentra en las grandes corporaciones, cuyos intereses no tienen por qué estar ligados a los de la ciudadanía.

El suroeste de la Comunidad de Madrid necesita infraestructuras viables, eficaces y respetuosas con el espacio que ocupen y que respondan a las demandas reales de Navalcarnero, El Álamo y de sus municipios vecinos. Y eso no pasa por la construcción de un aeropuerto, sino por la inversión en industria moderna, en I+D+I dentro de los mismos municipios, con la conexión al centro de la ciudad de Madrid por medios de transporte eficientes, como el Cercanías y con una mayor inversión agrícola en la zona.

Está en juego nuestra salud y la de nuestro medio ambiente. En la Comunidad de Madrid no necesitamos más aeropuertos, necesitamos más sensatez y mayor protección de los intereses de la ciudadanía frente a los de las grandes corporaciones o grupos de empresarios cuyo principal (y único) objetivo es el incremento exponencial de sus cuentas de resultados, por encima de cualquier otra consideración.

Javier Cañadas | Francisco Javier Rello

Miembro de la Secretaría de Organización Autonómica de Podemos Comunidad y candidato a la Asamblea | Responsable de Organización Municipal del Círculo de El Álamo

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    12126 | M. Jesús - 10/12/2018 @ 21:54:01 (GMT+1)
    Totalmente de acuerdo con el artículo..

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