www.madridiario.es
Antonio Lence, director de Grupo Viena Capellanes, posando a las puertas del Café Viena.
Ampliar
Antonio Lence, director de Grupo Viena Capellanes, posando a las puertas del Café Viena. (Foto: Kike Rincón)

Café Viena: la memoria de un local casi centenario

sábado 01 de diciembre de 2018, 09:00h
Viena Capellanes conmemora este año el 90 aniversario de uno de sus primeros establecimientos: el Café Viena. Un lugar de reunión y tertulia política que ha logrado sobrevivir al paso del tiempo adaptándose a las circunstancias del momento. Así es este espacio de veladas, confidencias y encuentros culturales.

Ubicado en la calle Luisa Fernanda esquina con Juan Álvarez Mendizabal, el Café Viena celebra sus 90 años con la misma ilusión con la que comenzaron en 1928 cuando lo frecuentaban los hermanos Baroja, vinculados al origen de la empresa.

Viena Capellanes nació en 1873 cuando el empresario Matías Lacasa, tras patentar el pan de Viena, puso en marcha una tahona en el edificio de los Capellanes. Sin descendencia, dejó en herencia su negocio a los sobrinos de su mujer, los hermanos Baroja. Pío y Ricardo se pusieron al frente de la tahona mientras se forjaban un lugar en la vida cultural española como escritor y pintor. Cuando por fin lo consiguieron, decidieron dejar el negocio en manos de un joven, Manuel Lence, que había llegado de Galicia y que se convirtió en su recadero más fiel. "El Café Viena fue un capricho de mi tío abuelo. Llego casi andando de Galicia con 14 años en busca de trabajo y siempre fue un visionario de futuro para la época en la que vivía", cuenta Antonio Lence, uno de los descendientes en el árbol genealógico y director general del Grupo Viena Capellanes.

Este familiar que desde hace años dirige los 19 establecimientos, casi 60 corners de productos en diferentes empresas y un servicio de catering para empresas y particulares, es cliente habitual del Café Viena: "Tengo cinco hermanos y vivimos todos cerca. Los viernes nos juntamos en este sitio para ponernos al día. Es un lugar muy especial. Cuando estoy aquí me siento como en mi casa", explica Antonio Lence sobre el local que fundó su tío abuelo.

Después de tantos años al mando, se ha convertido, como lo define, en su "hogar", al que ha cuidado con esmero para no perder la esencia que lo caracteriza y que tantas similitudes guarda con los cafés europeos. Entre percheros, espejos y sombrereros, a pesar de la reforma que sufrió en los años 70 y que consiguió reproducir con exactitud los techos y molduras, es fácil perderse entre las anécdotas, bonanzas y dificultades que vivió el local, protegido en el catálogo de edificios singulares del Ayuntamiento de Madrid. Un atmósfera eterna la que rodea su historia y a la que contribuyen algunos libros de contabilidad con muchos años de antigüedad y una máquina registradora que descansa cerca de la entrada al local. Unos objetos que guardan un enorme valor sentimental para Antonio Lence: "Recuerdo cuando salía del colegio y pasaba luego por nuestras oficinas para visitar a mi padre. había un archivo con cientos de libros a los que no le hacía ni caso. Y ahora, son joyas que no queremos olvidar".

Con esa nostalgia y el recuerdo de sus seres queridos convive Antonio cada día. Pero se trata de una añoranza positiva que le hace sentirse orgulloso de su familia. Entrar en este local invita a embarcarse en un viaje al pasado, cuando el joven Lence, que llegó de tierras gallegas dispuesto a comerse el mundo, decidió abrir este café justo debajo de su casa para poder compaginar su vida familiar y cultural.

A pesar de su pasado literario y de la presencia de escritores y poetas, es desconocida la importancia que tuvo en la capital como café que albergaba estos encuentros culturales. Otros como el Pombo, el Colonial, el Fornos o El Gijón destacaron desde finales del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX. "No podemos olvidar al Café Viena que además destacó por sus reuniones políticas", recuerda Lence. Puesto que el café se encontraba un poco alejado del centro, la empresa contrató a unos coches que salían desde la Puerta del Sol para trasladar a los comensales hasta el local y de manera gratuita. A cambio de este servicio, el cochero y su caballo comían o cenaban gratis en el local.

Las tertulias políticas también protagonizaron muchos momentos en la década de los años 30 sobre todo el día de las elecciones. Un menú especial se elaboró para esa fecha. La ocasión lo merecía: se trataba de los primeros comicios en los que votaron las mujeres. Dos platos principales (solomillo y tortilla), postre, vino y pan de Viena a un precio de 5`25 pesetas que disfrutaron muchos políticos influyentes de la época. En la actualidad, continúa esa afluencia sobre todo del PSOE, que tiene su sede en la calle Ferraz. Incluso los diputados gallegos en el Congreso visitaron a menudo el local, quizás por la vinculación de los propietarios con su Galicia natal.

Banquetes vegetarianos
Otro ingrediente de su cocina que atraía no solo a políticos si no a la sociedad en general era su enorme oferta gastronómica. Incluso la comida vegetariana se instaló en sus fogones, posiblemente por el convencimiento vegetariano de Manuel Lence. La Sociedad Vegetariana y su médico de cabecera, el naturista Casiano Ruiz Ibarra participaban en banquetes donde solo se degustaban estos alimentos.

Manuel Lence era un vegetariano convencido

Pero no todo eran vegetales y comida sostenible. Las meriendas fueron muy concurridas, casi como ocurre en la actualidad, atraída la clientela por el buen café. Lo habitual era pedir una media tostada o un chocolate con picatostes elaborados con pan inglés. Tampoco faltaban los tradicionales azucarillos que se servían de cinco en cinco con sabor de fresa o limón. "A pesar de que la tradición de las meriendas se está perdiendo, nuestros clientes suelen venir por la tarde", cuenta el director general. Aunque ya no solo la tostada es la protagonista, los productos de bollería han igualado posiciones: "Tenemos obrador propio en el que los productos se elaboran con materias primas de alta calidad".

Del esplendor a la decadencia

"Con la guerra todo quedó destruido". Con estos recuerdos, Antonio Lence se traslada a una época, la de 1936, en la que el local estuvo ocupado por milicianos convirtiéndolo en residencia provisional, refugio y centro de aprovisionamiento por su cercanía al Cuartel de la Montaña. Lejos quedan los años de esplendor en los que el Café brillaba con luz propia. Durante un tiempo, que pareció eterno, muchos de los elementos decorativos y el mobiliario original fue pasto del fuego y la violencia de la contienda. "Tras la guerra consiguió ser restaurado pero perdió vitalidad", sostiene Lence. Una recuperación lenta y costosa pero que solo fue cuestión de tiempo: el café sobrevivió y consiguió sacar la cabeza después de tantas calamidades vividas. Fue restaurado y frecuentado por estudiantes y tertulianos del todo el mundo de la cultura, a los que convocaba Luis Buñuel.

El cine fue testigo del paso del tiempo en el local. El rodaje de Tristana convocó a multitud de personas que trabajaron en la película. Incluso, el Café sirvió de localización de alguna escena y es recordada la presencia de la actriz Catherine Deneuve. El cineasta Juan Antonio Bardem y el torero Luis Miguel Dominguín también fueron asiduos del café.

Un lugar de reunión que no ha dejado de ser referencia de tertulias, charlas y debates. Unas 'quedadas' que, a la fuerza y con ímpetu, se han adaptado a los nuevos tiempos: "Antes la gente buscaba más la calefacción y ahora el wifi", bromea Lence. Pero lo cierto, es que sea por una cosa u otra, el Café Viena sigue siendo escenario de veladas aunque sea mientras se chatea o se consulta el mail: "Son diferentes y no por ello peores".

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Madridiario

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.