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The Opera Locos.
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The Opera Locos. (Foto: Antonio Castro)

The Ópera Locos: divertido festín musical

martes 25 de septiembre de 2018, 08:05h

Yllana consigue una vez más meterse al público en el bolsillo con su nuevo espectáculo que tiene a la ópera como gran protagonista y a cinco grandes intérpretes que la recrean con mucho humor.

The Ópera Locos es un festín teatral que parodia al género lírico con un enorme respeto por lo musical y un modélico guion para desarrollar la historia. Esta nos presenta a cinco divos que se reúnen para ofrecer un concierto antológico con las páginas operísticas más populares. Pero el espectador comienza a ver pronto que hay un sutil argumento que va marcando la acción y las sucesivas arias. Son historias de amor entre los cantantes que se desarrollan entre bastidores o mientras están cantando en escena. No hay ni una frase de diálogo hablado. Solo las letras de las piezas seleccionadas. Una fórmula que permitirá su exportación a cualquier lugar del mundo.

Con una puesta en escena funcional y un colorista vestuario, es el trabajo de los intérpretes -y la dirección escénica de Ottone y O’Curneen- la baza más poderosa de esta propuesta. Con una base musical grabada por la Orquesta Sinfónica Verun, los cantantes deben interpretar en todo el amplio sentido de la palabra, sus roles. Los arreglos musicales son interesantes y divertidos. Vemos con asombro como el aria Mon coeur, de Sansón y Dalila acaba convirtiéndose en el tema principal de El guardaespaldas. Momento estelar, por cierto, de Mayca Teba, declarándose con todo descaro a un espectador de la primera fila. Espectacular resulta el vals de Musseta (Quando me’n vo) transformado en un apoteósico concertante con cuatro de los intérpretes.

Todos los cantantes tienen su momento estelar, como corresponde a una reunión de divos. María Rey Joly debe enfrentarse a la terrorífica, vocalmente hablando, Reina de la noche mozartiana mientras realiza una descacharrante pantomima.

El tenor Toni Comas es quien más presencia tiene durante todo el espectáculo. Da vida a un divo en horas bajas, incapaz de afrontar el Nessun dorma, de Turandot mientras mantiene un tira y afloja amoroso con la soprano. En su desesperación se da al alcohol y canta con dramatismo Vesti la giubba. Pero su gran escena es cuando, finalmente, consigue arrancar el aria de Turandot provocando la apoteosis del público.

Enrique Sánchez Ramos y Jesús García Gallera también se persiguen en escena en un intento de formalizar un amor homosexual. Ello les permite protagonizar el dúo de la barcarola, de Los cuentos de Hoffman, en una tesitura que roza el falsete y el contratenor. Diremos que su amor triunfa y los espectadores también lo celebran.

Carlos Chamorro les ha montado una sencilla coreografía humorística que subraya piezas populares como Granada o el Toreador de Carmen.

Vi la función con el teatro lleno. Y con un público eminentemente operístico porque, cuando se monta una especie de lección de canto, siguió perfectamente las melodías que le proponía el maestro.

Terminada la selección operística, y resueltos satisfactoriamente todos los enredos amorosos, los espectadores reaccionaron como en una gran velada en los mejores teatros líricos del mundo: puestos en pie y aclamando a los solistas. Ver salir de un teatro a seiscientas personas con la sonrisa en la boca tras noventa minutos de función es impagable.

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