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Se alquila frontón

miércoles 04 de octubre de 2017, 12:23h
En el primer tercio del siglo XX muchos madrileños solían acudir no solo a estadios de fútbol como los de Chamartín o el Metropolitano, y a plazas de toros como la de Goya, Tetuán o Vista Alegre; también acudían a los frontones. Las competiciones de pelota vasca tenían su público y así lo demostraban los llenos que mostraban los frontones Recoletos, Madrid, Beti Jai o Jai Alai. De estos hoy solo queda el Beti Jai, en la calle Marqués de Riscal, y la fachada del frontón Madrid, en la calle Doctor Cortezo, tras la cual se abre hoy un hotel de cuatro estrellas. Por eso fue tan importante que en 2010 el Ayuntamiento, ante las peticiones de entidades vecinales y culturales, iniciara el proceso de expropiación del Beti Jai, decisión que se vio respaldada cuando la Comunidad de Madrid concluyó al año siguiente, tras 20 años de tramitación, su declaración como Bien de Interés Cultural.

Se salvó así un inmueble singular en el que, desde mayo de 1894, cuando se inauguró con proyecto de Joaquín Rucoba, hasta 1919 en que se convirtió en una fábrica de vehículos, se celebraron partidos de pelota, mítines políticos, asambleas gremiales y exhibiciones de esgrima y de hípica. Después, el frontón entró en un proceso de degradación a medida que se iba utilizando como cárcel en la guerra civil, local de ensayos, fábrica, taller o estudio de cine. El edificio, que en 1989 entró en el mercado inmobiliario, habría sido derribado como tantos otros en esta ciudad de no haberse iniciado el expediente de Bien de Interés Cultural y de no haberle dado la máxima protección el Plan General de 1997.

Expropiado por el Ayuntamiento en 6,8 millones de euros, el pasado mes mayo terminó la primera fase de rehabilitación en la que se gastaron otros 2,8 millones lo que permitió consolidar sus fachadas, su muro de ladrillo de estilo neomudéjar y su graderío con capacidad para 4.000 espectadores. Ahora el Ayuntamiento debate quién debería hacer frente a los más de 23 millones que se calcula serían necesarios para devolver al edificio su imagen original y lo que es más importante determinar qué se hace con este equipamiento. No sé si la propuesta de abrir un concurso como pretende el equipo de gobierno para que una empresa privada vasca lo convierta en un frontón con restaurante de lujo es lo más indicado en un momento en que el recuerdo de los pelotaris no forma parte ya de las aficiones madrileñas lo que me da pie a pensar que podría terminar convertido en un enorme espacio multiusos; tampoco sé si tiene sentido invertir tanto dinero público en crear un nuevo equipamiento al que no se va a saber dar utilidad. Quizás la solución fuera mixta: concesión privada con un calendario pactado para su utilización pública. Hay tiempo debatirlo, máxime cuando este edificio centenario no corre ya peligro.
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