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Madrid, un proyecto compartido de futuro

Por Carlos González Esteban
viernes 18 de agosto de 2017, 11:28h

Un proyecto de ciudad que no sepa anteponer el mayor bienestar de todos sus ciudadanos, es un proyecto estéril.

Siempre resulta difícil definir que entendemos por ciudad. Esto es debido, seguramente, al hecho de que se trata del producto más complejo que ha creado el hombre. Lo que no nos ofrece ninguna duda, en lo que todos coincidimos, es en la consideración de la ciudad como soporte de convivencia social. En este sentido, Madrid es una ciudad llena de vitalidad, abierta al exterior e integradora, pero siempre respetuosa con cuantos vivimos en ella y acogedora con cuantos nos visitan. Con frecuencia se ha dicho que Madrid es una “ciudad de aluvión”, que no ha tenido un crecimiento natural, sino que es fruto de la inmigración, ya proceda ésta de otras regiones españolas, ya proceda, como ocurre en los últimos años, de países extranjeros. Sin embargo, siendo una ciudad cuya población supera los 3.100.000 habitantes, de los cuales 650.000 son extranjeros, Madrid ha sabido preservar la escala de lo cotidiano, las referencias de nuestro entorno, su humanidad y sus señas de identidad.

Pero Madrid no quiere ser una ciudad alegre y confiada que, en su riqueza y bienestar, vive de espaldas al mundo. Antes al contrario, es una ciudad solidaria. Solidaria con las restantes ciudades y pueblos españoles, aportando una significativa cantidad de sus rentas fiscales al reequilibrio territorial y al bienestar social del conjunto del país.

Todos somos conscientes de lo mucho que ha aportado a Madrid su condición de capital de España, de centro político del país y estamos no solo agradecidos, sino orgullosos de ese cometido. Sin embargo, no queremos ser una ciudad que ponga todo su afán en ser la sede de las principales instituciones del Estado o de los organismos de la Administración. Nuestra vocación no es la de ser una ciudad administrativa.

Queremos ser, y somos, una ciudad prestadora de servicios y productora de bienes. Queremos crear riqueza. Riqueza económica, riqueza social, riqueza cultural. Ese es nuestro afán como madrileños y en ese sentido se orientan nuestros esfuerzos.

El Producto Interior Bruto (PIB) de la Ciudad de Madrid representa el 64,2 por ciento del conjunto de la Comunidad de Madrid y el 12,1 por ciento del de España, situándose significativamente por encima del peso de su población. Este nivel de producción de la Ciudad superaría al de todas las comunidades autónomas salvo Cataluña y Andalucía.

Madrid es el primer centro de actividad económica y financiara del país. Nuestra ciudad acoge el 57 % de la inversión extranjera, al tiempo que genera el 70% de los flujos financieros que se originan en España hacia el exterior. Asimismo, el 20 % del total de nuevas empresas que se crean en nuestro país, son madrileñas. Como reflejo de todo ello, podemos señalar que Madrid concentra más del 50 % de la actividad publicitaria española.

Esta vitalidad de la actividad económica redunda, de modo inmediato y directo, en la creación de riqueza y bienestar para los madrileños.

De igual modo, Madrid es la capital cultural de España. En Madrid se desarrolla más del 70 % de la producción cinematográfica que se realiza en España. Las artes escénicas encuentran, igualmente en Madrid, el mejor espacio en el que desenvolver su actividad. Nuestra ciudad, con más de dos millones y medio de espectadores al año, es la que hace posible la viabilidad de la producción de la práctica totalidad de las compañías españolas de teatro. Lo mismo podríamos decir en cuanto al circo y al ballet. Los museos radicados en Madrid son los más visitados de España y el valor y calidad de sus colecciones es conocido y apreciado en todo el mundo. La actividad expositiva, que se desarrolla no solo en museos sino en un sin numero de salas de instituciones y centros culturales, no tiene parangón en ningún otro punto de nuestra geografía.

Es esta doble condición de capital económica y cultural la que, en mayor medida, marca nuestra condición de destino turístico a nivel tanto nacional como internacional, recibiendo, cada año, más de nueve millones de visitantes, con una oferta hotelera que supera las 80.000 plazas y un índice de ocupación del 72 %, siendo el número de pernoctaciones superior a los 18 millones, lo que supone un nivel nunca antes alcanzado.

Fruto de toda esta actividad económica, turística y cultural, Madrid mantiene una intensa relación con su área de influencia, tanto a nivel metropolitano como a nivel nacional, asumiendo una posición de liderazgo, que también se proyecta a nivel internacional.

Pero una ciudad como Madrid es, inevitablemente, una ciudad inacabada, que no puede caer en la autocomplacencia por los logros alcanzados. Aún queda mucho por hacer y somos sabedores de que, de no hacerlo, nos veremos abocados a la decadencia en la que, a lo largo de la historia, han caído otras grandes ciudades, después de haber alcanzado un elevado estadio de desarrollo.

Por ello, y para mantener esta posición de liderazgo y, al mismo tiempo, la capacidad de nuestra ciudad de dar cobertura a las necesidades de los madrileños y procurar tasas crecientes de bienestar, las administraciones públicas deben mantener un esfuerzo sostenido para dotar a la sociedad de los medios, infraestructuras y recursos, de todo orden, que facilite su desenvolvimiento.

Mantener una posición de liderazgo en un mundo crecientemente globalizado, exige asumir, cada día, nuevos desafíos y responsabilidades.

Nuestro primer desafío es el de hacer de Madrid una ciudad sostenible, manteniendo un crecimiento y un desarrollo ordenado. Una ciudad en la que se preserven nuestros recursos naturales, la calidad del aire y se haga un uso eficiente del agua. Una ciudad en la que día a día trabajemos en la reducción de los residuos urbanos, en su reciclaje y reutilización, y se controle la generación de ruidos, dentro de parámetros que no comporten daños a nuestra salud. Una ciudad en la que hagamos posible la limitación del tráfico, reduciendo progresivamente el número de los vehículos privados que a diario circulan por nuestras calles, eliminando, progresivamente el uso del gasoil y, a fututo, de los restantes combustibles derivados del petróleo; haciendo de las calles y avenidas un espacio de convivencia, reduciendo el espacio necesario de aparcamiento y ampliando su capacidad mediante el empleo de nuevas técnicas, como puedan ser los aparcamientos robotizados. Nuevas técnicas y soluciones que, en definitiva, hacen posible el equilibrio con nuestro entorno y con el medio físico.

Tenemos que seguir avanzando en la recuperación del patrimonio histórico. Poniéndolo en valor y dándole nuevos usos, acordes con las cambiantes necesidades de nuestra sociedad. Se trata de un ejercicio intelectual orientado a la renovación y revitalización de la ciudad. Tenemos que trabajar con las nuevas tecnologías para la implantación de la sociedad de la información, la comunicación y el conocimiento. Saber vincular, con creatividad, ambos campos de actuación, aunando vanguardia y tradición y creando el caldo de cultivo adecuado para, trabajando conjuntamente las administraciones con la sociedad civil, avanzar en el proceso de modernización de nuestra ciudad.

Vitalidad y sostenibilidad son los dos presupuestos necesarios para garantizar la calidad de vida urbana. Pero un proyecto de ciudad que no sepa anteponer el mayor bienestar de todos sus ciudadanos, es un proyecto estéril. Tenemos que actuar desde los valores, prestando una atención preferente a aquellos grupos desfavorecidos y con mayor grado de dependencia de las políticas sociales y asistenciales: los desempleados, los mayores, los inmigrantes y las personas sin hogar. Nuestra ciudad tiene que saber ser socialmente equilibrada y solidaria con todos sus miembros. Tenemos que seguir definiendo una estrategia que nos permita trasformar las estructuras sociales, incrementando las oportunidades de todos los madrileños y la integración de todos los grupos sociales.

Al mismo tiempo, tenemos que impulsar la creación de espacios de participación, en los que los ciudadanos puedan expresar sus necesidades, y en los que encuentren una interlocución directa con la administración municipal, dando a conocer sus demandas, formulando propuestas y corresponsabilizándose de los proyectos y soluciones que, de forma cooperativa, se adopten. Conjugar la visión interna, que desde los propios ámbitos municipales se tiene de la ciudad, con una visión externa, desde los ciudadanos y los ámbitos institucionales propios de la sociedad civil, junto con una visión técnica, de carácter más especializado, en cada una de las facetas que presenta la realidad urbana.

La modernización de la administración no puede ni debe limitarse al incremento de la calidad de los servicios que presta, ni al mero perfeccionamiento de las estructuras y de los procedimientos administrativos. Ese esfuerzo por mejorar la calidad de los servicios y adecuar las estructuras y procedimientos debe ir acompañado por un esfuerzo parejo por dotar de trasparencia la gestión pública. La implicación de los ciudadanos en la gestión de los asuntos públicos es, en nuestra sociedad, una necesidad perentoria, y debe ser una voluntad política.

A lo largo de los últimos años el Ayuntamiento ha impulsado la creación de nuevos espacios de participación. Se han creado los Foros Locales, se han puesto en marcha los Presupuestos Participativos y se vienen desarrollando los Planes de Barrio consensuados con los movimientos asociativos y vecinales. El siguiente paso que debemos dar es el de aprender a trabajar dentro de estos órganos permanentes de participación ciudadana. Familiarizar a la sociedad, a los ciudadanos y a la propia administración municipal con su funcionamiento, haciendo de los mismos eficaces mecanismos de participación ciudadana. A nosotros, los madrileños, nos toca tomar parte activa en la vida política y social de la ciudad, saliendo de nuestra zona de confort para involucrarnos en la gestión de los asuntos públicos.

Tomar parte activa en la vida política y social de la ciudad, involucrándonos en la gestión de los asuntos públicos


El tránsito entre el pasado y el futuro comporta una ruptura. Si la ciudad lo hace con creatividad y dinamismo, tendrá muchas más posibilidades de labrarse un futuro próspero. El proceso evolutivo es, como siempre, fruto del juego del azar y de la necesidad. Pero el modo con el que cada ciudad haya venido preparándose para afrontar ese momento histórico que le toca vivir, será determinante para alcanzar el éxito.

Para afrontar los desafíos a los que se enfrenta nuestra ciudad, tenemos que adoptar una visión estratégica de futuro. Ampliar la perspectiva y saber anticiparnos para poder atender las cambiantes necesidades sociales. Actuar con ambición y con tesón.

Tenemos que acertar a definir, entre todos, un proyecto compartido de futuro para nuestra ciudad, sabiendo limitar el riesgo, tomando conciencia de que la ciudad es un elemento delicado e inestable. Tener presente la fragilidad de algunos de los elementos de su estructura social y la fragilidad del elemento medioambiental. Actuar con decisión y sin miedo al futuro.

Tenemos que promover un diálogo abierto, trasparente y responsable sobre el modelo de ciudad. Es por esto, por lo que pedimos a los políticos que acepten con generosidad poner su talento al servicio de la ciudad de Madrid, y que lo hagan desde el compromiso y con vocación de servicio. Les pedimos que actúen con pasión y razón. Con corazón y con inteligencia. Que den lo mejor de sí mismos, sabiendo proyectar a futuro los anhelos e ilusiones de los madrileños. Y que lo hagan desde el consenso.

Labor a la que es necesario que se sumen las organizaciones económicas, sociales, profesionales y vecinales de nuestra ciudad, así como expertos independientes, buscando compromisos con un proyecto de ciudad compartido, colaborado con los órganos políticos y de gobierno municipal y autonómico en la definición de las políticas que han de orientar la acción de las administraciones.

Lo que como ciudadanos buscamos es poder vivir en una ciudad que ofrezca bienestar actual y posibilidades de futuro. Una ciudad en la que la vida resulte amable desde el punto de vista de integración social, suficiencia económica y de disponibilidad de recursos culturales, sanitarios, deportivos y medioambientales. Hacer realidad este deseo será posible si todos contribuimos a ello.

Carlos González Esteban es Secretario General del Instituto de Estudios Madrileños

Carlos González Esteban

Técnico urbanístico. Secretario General del Instituto de Estudios Madrileños.

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