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Ginés Marín, a hombros camino de la Puerta Grande
Ginés Marín, a hombros camino de la Puerta Grande (Foto: Arjona)

San Isidro: Ginés Marín se consagra con un artístico faenón de Puerta Grande

Por Emilio Martínez
viernes 26 de mayo de 2017, 02:02h
Todo llega. Aunque hubo que esperar media feria. Pero valió la pena para disfrutar de una actuación redonda, artística y de altos quilates del confirmante Ginés Marín, que ante el único toro encastado, brilló en grado máximo con la pañosa y confirmó, además de la alternativa, que lleva dentro un gran torero. El resto del encierro con menores exigencias confirmó también la clase del otro doctorando Álvaro Lorenzo y sirvió para que El Juli cortara una oreja muy barata.

El sueño de Ginés Marín, y de cualquier coletudo que se precie, salir a hombros tras el duro examen venteño, se convirtió en realidad merced al toreo puro que festoneó ante ‘Barberillo’, que tras unas verónicas lentas y ganando terreno a los medios que le dio su matador, manseó en el caballo y se repuchó en banderillas. Pero por los secretos arcanos de la Naturaleza, sacó toda la casta que llevaba dentro en el último tercio. Y un Marín inspiradísimo no sólo no se arredró, sino que lo aprovechó desde el inicio con esa muletita casi de juguete con unos naturales que le salieron del alma, como el remate rodilla en tierra.

Se barruntaba algo grande y así fue. Porque el jerezano, siempre con la rima de la ligazón en un palmo de terreno y todo ligadísimo, incendió después los tendidos con dos tandas de redondos aromatizados con el más puro arte: una cerrada con un improvisado molinete, que se le ocurrió sobre la marcha, y otra con la plusvalía del más puro arte y con un arrebatador y escultórico pase de pecho. En plena ‘borrachera’ artística sumó dos nuevas series de naturales y redondos citando de frente que desataron la locura.

Marín se tiró a matar con la fe de los conversos y suyas fueron dos indiscutibles orejas. Ya había apuntado con el de la ceremonia, con un muleteo también clásico y con chispa lo poco que le duró el bicho, por su ausencia de sangre brava como todos menos ‘Barberillo’. De similar guisa fue el lote del otro confirmante, Álvaro Lorenzo, quien dejó buen ambiente también con su clasicismo con percal y flámula, intentando la misión imposible de redondear faenas de premio por la falta de casta y el exceso de nobleza. El toledano se merece una repetición.

El padrino de ambos ofreció su tauromaquia habitual con facilidad y variedad ortodoxa, con muchos pases y poco arte, porque Dios no le ha llevado a El Juli, como a Marín, por esos caminos. No obstante, echó en su esportón una oreja de su primer bicorne por una labor desigual: a ratos deslavazada –ora con muletazos ortodoxos, ora con algún enganchón- a ratos poco reunida, aunque con algunas fases interesantes por ambos pitones rematada con el famoso truco del ‘julipié, desprendido.

No era meritoria para el trofeo, pero su concesión fue reglamentaria por la mayoría de moqueros demandándolo. En su otro enemigo, iba por similar camino, aunque gustó menos al cotarro y el ‘julipié’ no le salió bien. Concluido el festejo, aún era más llamativa la diferencia entre la joya de oro puro de la premiada faena de Ginés Marín y la bisutería de la de El Juli. Es lo que tienen las comparaciones, ya se sabe, odiosas… para el que las pierde. Loor a Ginés.

Ficha

Toros de ALCURRUCÉN, bien presentados aunque desiguales, justos de fuerza y casta excepto el 6º; todos nobles EL JULI: oreja con protestas; ovación. ÁLVARO LORENZO, que confirmaba alternativa: ovación; ovación tras aviso. GINÉS MARÍN, que también confirmaba: ovación; dos orejas. Salió por la Puerta Grande. Plaza de Las Ventas, 25 de mayo. 15ª de Feria. Lleno.

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