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Löpez Simón y Alejandro Talavante salen a hombros de Las Ventas
Löpez Simón y Alejandro Talavante salen a hombros de Las Ventas

Puertas Grandes (chicas) para Talavante y López Simón

viernes 25 de mayo de 2018, 23:18h
¡Madre mía! Cuatro orejas, cuatro, en una misma tarde en Las Ventas. Dos salidas a hombros en una misma tarde. ¡Madre mía! ¿Fue la desconcatenación del toreo? ¿Fue una corrida de las que se graban en la memoria 'per omnia saecula saeculorum? ¡Quia! No cabe duda que Talavante y López Simón estuvieron bien ante el blandito y comodito encierro de ‘cuvillos’ con un remiendo del Conde de Mayalde, pero no para tanto premio a lo grande. Mejor, estadísticas aparte, a lo chico.

Todo llega, todo. El sistema que maneja la Fiesta a su antojo estaba triste: ahí es nada, medio mes del abono isidril a pie y nadie había descerrojado la soñada Puerta Grande venteña. ¿Qué pasa aquí? ¿Tan mediocre y vulgar está el panorama? Y, de golpe, ¡zas! En una sóla tarde se apaña con una lluvia de orejas, que fue paralela a la lluvia, cuyo dios no se quiso perder aguar un festejo más del ciclo. Y olé. El sistema y sus jefes los taurinos ya están contentos: se desató el triunfalismo y olé. O no olé.

Lo que no resta méritos a las labores de Alejandro Talavante y López Simón. Pero tampoco se los añade, con y sin salida a hombros. El extremeño, con el público a favor desde que se destrenzó el paseíllo. Tras el cual fue obligado a saludar, por no esconderse y volver a dar la cara en Madrid ocupando la sustitución del lesionado. Después cacareó una importante faena ante un boyantísimo y nobilísimo burel, el segundo, de nombre ‘Cacareo’.

El bicho, justo de presencia y escaso de fuerza, mansón en el caballo, como toro posmoderno -y cual todo el encierro en general-, humillaba cual arrepentido pecador en la muleta del extremeño, que atraviesa aun gran momento. En sus tandas de redondos y naturales –uno de ellos monumental-, con mucha ligazón, se gustó y gustó, destacando un bellísimo y mandón cambio de mano kilométrico y un par de pases de pecho muy marcados al hombro contrario.

Jugueteó toreando fácil e inspirado con el docilísimo ‘Cacareo’, aunque a aquello le faltara la emoción del toro/toro. Además, la tizona quedó desprendida, por lo que con una oreja hubiera sido suficiente, pero el público –a su favor, se recuerda- pidió la segunda y el usía decidió colaborar con el sistema otorgándosela. Ya con el también noblote quinto, lidiado bajo el diluvio universal, la faena de Talavante bajó de quilates, aunque hubo alguna secuencia al natural también destacable, y además Talavante con la Puerta Grande asegurada tampoco arriesgó en demasía.

El que sí arriesgó fue López Simón, tras ser volteado aparatosamente por el sobrero, una mole descastada de Conde de Mayalde a la que no avababa de cogerle el aire. Pero tras la espectacular cogida de la que salió hecho un ecce homo, el madrileño le echó pundonor jugándose la femoral y tras pinchar se atracó en el segundo intento, siendo volteado de nuevo, por lo que el público, sobrecogido, pidió el trofeo para él.

Pasó, deamadejado, a la enfermería, de donde salió para buscar la segunda oreja y el pasaporte triunfal. Y lo hizo ante otro noble bicorne, al que recibió con enjundiosas verónicas., Después, en el barrizal que ya era el ruedo, floreó un toreo de mayor nivel clásico que con su anterior. Tras doblarse por bajo con muletazos mandones y bellos, le dio series por ambos pitones en las que lo más destacado fue cómo improvisó el cierre de dos de ellas, con sendas trincheras tan largas que se convirtieron en molinetes. Ahora acertó con l el estoque a la primera y sí él quería la Puerta Grande, también el cotarro, que solicitó mayoritariemnet la oreja.

Convidado de piedra al triunfalismo, y a las bajas exigencias del coso, fue Juan Bautista, que lo más reseñable que hizo fue un quite de peligro, en el segundo, al subalterno Juan José Trujillo tras un par de banderillas en el que el toro le persiguió y lo tuvo a su merced, de no ser por el capote salvador de (San) Juan Bautista.

Porque en el gayumbón que abrió plaza, de 600 kilos, el francés sólo ofreció una labor insulsa y aburrida. Una ‘vulgarité, que en el cuarto se diluyó en el agua con la lluvia y el coletudo hasta recogió algunos tibios aplausos, pero sin ser capaz de aprovechar lo facilongos que estaban los trofeos, el triunfalismo del público y del usía.

FICHA

Cinco toros de NÚÑEZ DEL CUVILLO, escasos de trapío y de fuerza, nobles y manejables; 3º, sobrero de CONDE DE MAYALDE, grandón y descastado pero manejable. JUAN BAUTISTA: silencio; ovación. ALEJANDRO TALAVANTE: dos orejas; ovación. LÓPEZ SIMÓN: oreja; oreja. Plaza de Las Ventas, 25 de mayo, 18ª de Feria. Casi lleno.

Crónica del festejo anterior

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