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Foto de la obra 'Cartas de amor'.
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Foto de la obra 'Cartas de amor'. (Foto: Elena C. Graiño)

‘Cartas de amor’, el esplendor de Julia

lunes 03 de octubre de 2016, 10:57h
El 7 de enero de 2001 terminaban las representaciones de ‘Madame Raquín’ en el teatro Muñoz Seca. Ese día Julia Gutiérrez Caba parece que dijo adiós al teatro. En estos quince años ha trabajado en televisión y cine y en algún recital esporádico. Su vuelta ahora, con ‘Cartas de amor’, al teatro del Canal no puede calificarse sino de acontecimiento. Y Julia deslumbra, sobre todo en la última media hora del espectáculo.
‘Cartas de amor’ es una obra de difícil dramaturgia. Estrenada en Nueva York en 1989, llegó por primera vez a España tres años más tarde, con Analía Gadé y Alberto Closas. Dos personajes, Melissa Gardner y Andrew Ladd, se cartean incesantemente durante casi ochenta años. El autor de las misivas califica su propuesta como lectura dramatizada. Pide que los actores no memoricen el texto, sino que lean las decenas de cartas ante el público. Nada más. Ante esa ausencia de acción, los intérpretes deben captar al espectador, seducirlo, con su voz, con sus lecturas. Con estos instrumentos deben transitar desde la infancia hasta la muerte.

David Serrano, el director de este nuevo montaje, sienta a los protagonistas desde el principio en sendas butacas de un espléndido decorado. No se levantarán en 90 minutos. A su alrededor se irán desparramando las misivas de la obra. ¡Qué talento hace falta para engatusar al público con estas mimbres! Julia Gutiérrez Caba y Miguel Rellán lo tienen.

Hay que haber nacido –casi- en un escenario para estar en él como esta actriz. Su naturalidad es asombrosa y su economía de recursos, también. Parece que no hace nada, pero el tránsito por las distintas edades, situaciones y estados de ánimo de Melissa es digno de estudio. Cierto que su personaje es el más agradecido. Ella es rebelde, pintora, divorciada, alcohólica… todo un regalo de personaje. Pero la señora Gutiérrez Caba no se desmelena, no se le desmanda un pelo. Y vemos a la alcohólica, la rebelde, la madura locamente enamorada… A medida que vamos intuyendo el final, su intensidad corta la respiración.

Recuerdo que, hace 30 años, la vi en el teatro Principal de Zaragoza junto a López Vázquez en ‘El manifiesto’. La sala estaba abarrotada. En un momento la actriz hizo lo que se llama ‘pausa dramática’, un brevísimo silencio. El público contuvo hasta la respiración hipnotizado: algo tremendo iba a pasar. Ese dominio de los recursos no se aprende en las escuelas. Se tiene o no. Ahora vuelve a mostrar el magisterio que nos ha hurtado durante quince años. Cuando apareció en escena recibió una gran ovación. Así reciben a los grandes en Nueva York o Londres. Era una manera de decir: ¡gracias por volver! Recomiendo a los jóvenes amantes del teatro que no se pierdan esta interpretación. A los que conocen la trayectoria de Julia no hay que decirles nada. Seguro que han comprado ya localidades.

Y, además, está Miguel Rellán. Sirve con generosidad el texto. Su hombre es más convencional. Tiene éxito laboral, familia, una carrera política y una amante. Y cobardía para renunciar a todo y seguir al amor de toda su vida. El actor no baja la guardia en ningún momento. Aporta viveza cuando su oponente se sume en la melancolía, se duele cuando ella cuenta sus aventuras y amoríos. Si, como he dicho, el personaje femenino tiene más aristas, el autor proporciona al intérprete masculino un regalo: la carta final. Esos últimos minutos del montaje acaban de soltar los lagrimales. En ellos Rellán concentra todo su magisterio, no menor que el de Julia.

No dejen que se lo cuenten. ‘Cartas de amor’ está en la sala verde del Canal hasta el 23 de octubre. Julia, por favor: ¡no vuelvas a irte!

Antonio Castro

Cronista Oficial de la Villa

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