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Carmena encadenada

martes 15 de marzo de 2016, 07:44h

Es verdad que muchos observadores miran con lupa las intervenciones de Manuela Carmena, pero también es cierto que sus contradicciones y sus extravagancias verbales facilitan la tarea a los más críticos. En muchas ocasiones, demasiadas a mi juicio, las declaraciones de Carmena circulan por una senda tortuosa: comienzan por explicarse con una claridad meridiana, matiza después alguno de los argumentos circunstanciales y termina negando el fondo de la cuestión.

Lo que se presenta como blanco se transforma en gris y la materia ennegrecida acaba por colorearse de morado. Finalmente nadie sabe muy bien lo que ha querido decir y muchos piensan que lo dicho es aquello que quieren escuchar los dirigentes de Podemos. Ahí radica, probablemente, la incongruencia sobrevenida que padece una de las personalidades más coherentes de la izquierda española. Cuando tal cosa sucede, debemos hablar de una Carmena encadenada.

Podemos apostó por Carmena para personalizar una candidatura de jóvenes debutantes, muy conocidos en los círculos izquierdistas de la universidad madrileña y en los movimientos ciudadanos más radicales, pero totalmente desconocidos en la cartelera electoral de Madrid. Pretendían también, creo yo, recuperar el fervor popular que suscitó en su día la figura del Viejo Profesor Enrique Tierno Galván. Una operación singular que logró muchísimos votos en la capital. No consiguió, sin embargo, ganar los comicios y situar al PSOE en la marginalidad política.

Cerrado el escrutinio, Podemos tuvo que requerir el apoyo de los socialistas para cerrar la puerta a la lista ganadora de Esperanza Aguirre y abortar en Madrid un acuerdo de centro derecha. Enfrentado a la evidencia de lo que era posible, el Partido Socialista de Madrid propició la investidura municipal de Carmena. Que nosotros sepamos, no pidieron que se compensara una prestación tan fundamental como necesaria. Ninguno de los suyos se sentó a la derecha de Manuela Carmena o se hizo cargo de alguna de las concejalías ejecutivas del municipio.

Carmena sabe muy bien de lo que habla cuando pide a sus patrocinadores que apoyen en el Congreso a Pedro Sánchez. Su mandato cuelga de la confluencia estratégica de las fuerzas progresistas que defendían un cambio profundo en la Alcaldía de Madrid. Cuando se trata de trabajar para todos los vecinos de la ciudad, Carmena ha demostrado que sobran las líneas rojas y los vetos de plomo. La Alcaldesa convive con los socialistas, sin cuyo compromiso activo no podría seguir en el Palacio de la Cibeles, y cohabita sin demasiados sobresaltos con el gobierno moderado de Cristina Cifuentes.

Y así transcurre la vida pública de doña Manuela, aplicándose de buena mañana con el pragmatismo necesario y dulcificando por la tarde el sectarismo revanchista de alguno de sus concejales. Si fuera capaz de superar la dualidad que estrangula su independencia, es muy posible que veamos emerger una Carmena desencadenada.

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