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Giner de los Ríos
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Giner de los Ríos

Una exposición recupera la figura de Giner de los Ríos, 'el Sócrates español'

lunes 22 de febrero de 2016, 07:48h
El origen de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) puede explicarse por el miedo al mono. Las cuestiones universitarias, que intentaron limitar la libertad de cátedra y prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución a finales del XIX en España, fueron el detonante para la creación de la ILE, de la que Francisco Giner de los Ríos fue el alma. Ahora la exposición 'El maestro de la España moderna' repasa el decisivo legado del ‘Sócrates español’, como le apodó Miguel de Unamuno.

Hoy se habla de innovación educativa, con propuestas como la eliminación de los libros de texto, la enseñanza individualizada que haga a los alumnos ser protagonistas de su aprendizaje e incluso de la supresión de los exámenes, pero estas ideas se plantearon hace más de un siglo por parte de la Institución Libre de Enseñanza. Su figura principal, Francisco Giner de los Ríos, es el protagonista de una exposición para conmemorar los 100 años de su muerte. La muestra reúne fotos, libros y piezas que relatan su historia y ponen de relevancia su papel y el de la ILE en la historia contemporánea de España.

Giner apenas tuvo responsabilidades al frente de la ILE y los organismos que surgieron en su seno. “Nunca quiso ningún protagonismo, pero era el gurú, el alma del proyecto, el maestro de todos”, explica José María García Velasco, comisario de la muestra, que puede visitarse hasta el 10 de abril en la sede de la Fundación de Francisco Giner de los Ríos. En concreto, solo dirigió como interino el Boletín de la Institución y fue rector de la ILE durante un corto periodo de tiempo.

Al margen de esas responsabilidades, Giner de los Ríos fue profesor de párvulos y de doctorado en Derecho, hecho “significativo” que ilustra la importancia que le otorgaba a la “unidad del proceso educativo que dura toda la vida”, según García Velasco. En infantil tuvo alumnos como Antonio Machado y en el doctorado a Fernando de los Ríos, Manuel Azaña o Emilia Pardo Bazán, pero su influencia fue más allá. Medió, por ejemplo, entre José Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno, y fue amigo de Juan Ramón Jiménez o Azorín. “Las principales figuras de Madrid tuvieron relación con él y casi todos los premios Nobel de la época surgieron en torno a la Institución”, contextualiza el comisario, quien subraya su influencia en esta Edad de Oro cultural en España.

Giner vivía modestamente -basta ver la foto de su cuarto-, pero con ciertos gustos exquisitos para la época, como bañarse todos los días o tener flores frescas en su mesa. Se enfrentó a presiones de la Iglesia, pese a ser un hombre religioso, como muchos de sus compañeros de la ILE, que acabaron en el Syllabus, un catálogo de herejes del Vaticano. Según apunta García Velasco, “era un santo laico”, cercano a la mística y a una visión panteísta del mundo, la del Krausismo, del que bebió la Institución Libre de Enseñanza.

Esta teoría filosófica tuvo un especial seguimiento en España. Introducida por Julián Sanz del Río tras su estancia como estudiante en la Universidad de Heidelberg (Alemania), surge de ella el corpus filosófico de la Institución, la búsqueda de la armonía social por el camino reformista alejado de la lucha de clases o las revoluciones. Eran liberales defensores de la intervención del Estado en el aspecto social y educativo, y de la honradez y las virtudes públicas. Al positivismo añadían una dimensión espiritual, algo “muy adecuado en un pueblo como el español", según el comisario de la expsoción. Sobre esta idea de conciliación y de necesidad de diálogo, Giner de los Ríos construyó su figura.

Si una anécdota le define es la que cuenta Luis de Zulueta: Un señor desconcido comenzó a hablar con él y en un momento dado se disculpó porque le estaba quitando tiempo. “Tendrá usted muchísimo trabajo”, le dijo. “Sí tengo muchísimo trabajo. Mi trabajo es este, siga hablando”, le respondió. Otro momento que ejemplifica su visión es la conversación sobre el atraso de España apuntado desde Alemania. Joaquín Costa asegura que hace falta “un hombre”, un líder que lleve a España por la senda de la modernidad, pero Giner de los Ríos no le dio la razón. “Hace falta un pueblo”, dijo.

Historia de la Institución Libre de Enseñanza

Precisamente la necesidad de un pueblo maduro, de formar a los españoles para lograr una sociedad más justa, fue la esencia de la ILE. Nació tras el intento de prohibir la enseñanza de la teoría darwinista y cualquier doctrina contraria a la Iglesia o la monarquía en las universidades bajo el reinado de Isabel II con el Gobierno de Narváez. Los profesores afectados recibieron el apoyo de otros compañeros y fueron expulsados de la universidad. Este grupo adquiere gran protagonismo y mientras algunos apuestan por la vía política para conseguir esa modernización de España, otros, entre los que se encuentra Giner de los Ríos, consideran que “realmente no van a cambiar las estructuras políticas y mucho menos las económicas y sociales en una España donde más de la mitad de la población era analfabeta”, según relata García Velasco.

Con la Restauración, vuelve a producirse el mismo problema. Los profesores habían sido reincorporados a sus cátedras, pero se plantea una segunda cuestión universitaria, y de aquí surge la ILE, cuya primera propuesta es crear una universidad libre al estilo de los krausistas. Tras comprobar que no había base social para que saliera adelante, comprenden que tienen que apostar por la educación pública. Apoyados de nuevo por otra ola liberal en el Gobierno comienzan a promover la creación de pequeños centros públicos, excepto uno privado, que actúan como laboratorios de ideas a extender. El Museo Pedagógico fue el think tank, donde se formaba a los profesores y se analizaban los métodos de enseñanza del extranjero. También surge la Comisión de Estudios Sociales; la Extensión Universitaria de Oviedo, que forma a a los obreros de la cuenca minera; la Junta de Ampliación de Estudios, que manda a 3.000 universitarios a estudiar fuera de España; o la Residencia de Estudiantes, en cuyos laboratorios se formaron premios Nobel como Severo Ochoa. Por último, las Misiones Pedagógicas, que tras años planteadas obtuvieron por fin el respaldo definitivo de la II República.

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