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Los titiriteros, fuera de la cárcel, y los listos, de sus despachos

miércoles 10 de febrero de 2016, 13:20h
El Ayuntamiento de Madrid, liderado por su alcaldesa, Manuela Carmena, sufre en muchas ocasiones el ataque despiadado de la derecha montaraz y de los pensadores que comulgan con las restricciones a la libertad en general y de expresión en particular. Pero esta típica y tópica afirmación no puede ser un salvoconducto para todo como creen algunos que creen tener licencia para todo, es decir, los llamados listos del Paraguay, aquellos que beben de la sabiduría divina y se creen poseedores de la verdad absoluta sobre todo. Recientemente se supo que un acto organizado por el Consistorio capitalino con ocasión de los carnavales lo protagonizó una compañía de títeres al que asignaron los listos del Paraguay un público infantil que no es el más adecuado para este tipo de representaciones artísticas críticas con todo y todos. Los niños, que no entendieron nada de jueces ahorcados, monjas violadas o carteles con la palabra ETA para simular montaje policial contra no sé qué, solo pensaron, si pensaron algo, ¡qué dicen estos gilipollas amigos de los listos del Paraguay! Es lo que pensaría yo si alguien me llevara a un espectáculo en un idioma tan raro e ininteligible que hasta los protagonistas lo pronuncian mal. Bueno, a lo que íbamos. Los titiriteros fueron detenidos y siguen en prisión, porque alguien consideró que este “deleznable” espectáculo, según descripción de Carmena, merecía un severo castigo más propio de dictaduras de uno u otro color que de democracias basadas en la libertad como gran baluarte. Es impresentable que hayan sido detenidos y es necesario que recobren la libertad que nunca debieron perder. Libertad hasta para equivocarse y en materia artística, siempre presente.
Lo único lamentable es que unos listos del Paraguay programasen este espectáculo nada infantil para niños sin darse cuenta que el dinero público no se utiliza con tanta ligereza como aquellos que ocupaban antes los despachos del Ayuntamiento de la capital. También es bastante lamentable y penoso comprobar que todo vale contra el contrario. Alegar que los titiriteros, críticos con la sociedad capitalista y opulenta, enaltecieron el terrorismo por aparecer las siglas ETA sólo es una gilipollez y no entender nada sobre la libertad, el arte, la ficción y la creación. Esa derecha, que mirando más al pasado negro y triste corre el riesgo de perder el camino de la democracia, quiere que dimita la alcaldesa, la única que ha dejado claro que hay que diferenciar entre los que abusan de la ley para cometer un gran error de bulto y una injusticia con los titiriteros y aquellos listos del Paraguay que se parapetan en el histrionismo de los poco amigos de la libertad de expresión para esconder sus vergüenzas y desvergüenzas y no conjugar el verbo dimitir en primera persona. No es un delito, ni debería serlo, ser titiritero y usar su libertad de expresión para crear lo que crean conveniente, como tampoco puede serlo exhibir sin querer una película pornográfica en una guardería, pero sin duda los listos que programaron el espectáculo de títeres para niños y los que hubieran llevado el cine porno a jardines de infancia deben abandonar sus cargos políticos al mismo momento en el que los titiriteros presos abandonen la cárcel.
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