En 100 años de existencia, el Monumental ha pasado por varias manos y ha tenido largas temporadas dedicado a la proyección cinematográfica. En el último tercio del pasado siglo, inició una actividad escénica bastante apreciable, aunque no siempre bien acogida por los madrileños.
Matías Colsada
En 1973 el empresario de revista Matías Colsada (Matías Yáñez Jiménez) anunció su entrada en el Monumental, tras una reforma, para convertirlo en teatro. El enorme aforo le iba a permitir montar grandes espectáculos, que podría amortizar en la taquilla. Las obras costaron 30 millones de pesetas y en ellas se perdió una buena parte de la arquitectura original de Anasagasti. Colsada sería el empresario, con socios como Feijoo y Castilla ocasionalmente, hasta su muerte, ocurrida el 23 de marzo de 2000.
Colsada intentó llevar al público con una oferta sin definir y no siempre le salieron bien sus propuestas. De hecho, llegó a hablar en 1975 de demoler el Monumental para, sobre su solar, construir un complejo más moderno. Afortunadamente, no llegó a poner en práctica su idea. O no le dejaron.
En enero de 1975 trajo a España a Liza Minnelli, ya gran estrella mundial desde el estreno, tres años antes, de Cabaret. Dio un solo recital en el Monumental. El gran Raphael, con el que había querido asociarse Colsada, celebro allí en 1980 sus veinte años de carrera.
Entre cierres temporales y reaperturas, se produjo un hecho teatral digno de mención: el estreno, el 28 de enero de 1977, de Divinas Palabras. Nuria Espert había iniciado en 1969 una estrecha -y fructífera- colaboración con el director Víctor García (1934-1982). Con él había estrenado Las criadas, que inició la revolución en la escena española. Después produjeron Yerma y, finalmente, la versión monumental del texto de Valle Inclán. Solamente hicieron un mes con Divinas palabras.
Etapa de musicales
Debemos considerar al Monumental, con el Alcalá Palace, pionero de los grandes musicales en Madrid. Mucho antes de la actual explosión en la cartelera, aquí se estrenaron espectáculos que gozaron, generalmente, del favor del público. Apenas lo tuvo, en noviembre de 1975, una versión descafeinada de Hair. Después vendrían dos montajes recordados: El diluvio que viene, una grandiosa producción de los hermanos Ribas que llenó durante tres años el gran teatro de Antón Martín desde su estreno en febrero de 1977. La noche del 23 de diciembre de 1980 fue de triunfo clamoroso para el equipo que estrenó Evita, con Paloma San Basilio y Azpilicueta en la dirección de escena. Después entraría Flowers, de Lindsay Kemp, necesitado de un gran teatro tras el éxito en el pequeño Martín.
José Tamayo, en pleno éxito de su Antología de la Zarzuela, la trajo en 1982 y 1985. Ese mismo año de 1985 el Ballet de María Rosa estrenaría La romería de la Virgen del Rocío, con la participación de Antonio. Todavía se estrenarían en el Monumental, con regular éxito, la verdad, espectáculos como Barnum, con la familia Aragón al frente, en 1984, A chorus line en el 1985 y el debut de Aitana Sánchez Gijón, en 1986, con La gran pirueta. En 1987 Dagoll-Dagom estrenó Mikado. En 1983 Colsada montó para su musa, Tania Doris, la revista Un reino para Tania.
Con la actual proliferación de espectáculos musicales, el Monumental podría ser un escenario muy apetecible en el caso de que la orquesta de RTVE, dejara el arriendo.