www.madridiario.es
Crítica teatral.-Dani y Roberta: Al final, la esperanza

Crítica teatral.-Dani y Roberta: Al final, la esperanza

miércoles 28 de marzo de 2012, 00:00h
Actualizado: 30/03/2012 17:01h
Hace veinticuatro años se estrenó en el Alfil un hermoso y descarnado texto de John Patrick Shanley: Danny y Roberta. Casi un cuarto de siglo después estos dos personajes tienen más actualidad que entonces. La nueva versión, dirigida por Joan María Gual, se puede ver en la sala pequeña del Español hasta el 13 de mayo.
Dani y Roberta son dos jóvenes “poligoneros”, como tantos miles que pululan por las discotecas y centros de botellón cualquier fin de semana. Como ellos, instalados en la treintena, están desesperanzados, desorientados. La vida, en su modesto nivel social, no les ha tratado bien y están de vuelta de todo. Dani es sumamente violento, pendenciero. Roberta está divorciada, con un hijo adolescente, viviendo con sus padres todavía. Ambos coinciden en un descampado y saltan chispas. Se descubren como iguales y, tal vez para mitigar sus soledades, acaban la noche juntos. Pero en ese encuentro fugaz surge una chispa de esperanza. Parece que en la pareja pueden encontrar redención, solución para sus vidas. Puede ser la última oportunidad, el rayo de esperanza al final del túnel. Seguramente los espectadores sabemos que no será así, que tras ese deslumbramiento volverán los problemas. Pero el autor acaba la función con esa posibilidad de rehabilitación por amor.

El principal atractivo de este montaje sencillo es la interpretación. Creo que los dos actores están muy por encima de la dirección. Tuve la impresión, tal vez errónea, de que han sido ellos los que han hecho la mayor parte del trabajo. Y se echa en falta un poco más de esfuerzo rector para evitar los baches en el ritmo. También resultan extrañas algunas posiciones de las primeras escenas, dejando siempre en la sombra a Dani.

Itziar Miranda es Roberta. Lleva la iniciativa, es la seductora. Necesita desesperadamente compañía y no duda en enfrentarse a la violencia del desconocido del descampado. Itziar da a su personaje una fuerza y una dureza que contrasta con lo que cuenta. Álex García es un formidable Dani. Consigue que el espectador pase de odiarlo profundamente en la primera parte a emocionarse con su ternura primaria. El trabajo del actor en la segunda escena es deslumbrante. Es imposible no querer a esa “bestia” –así le llaman sus colegas- seducida por la posibilidad de materializar un sueño. Excelente mano a mano de estos dos jóvenes intérpretes con un potente texto teatral, al que sobran parches como las repetidas alusiones a Usera. El público es capaz de comprender que esa pareja es la misma en los arrabales de cualquier ciudad del mundo.




¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios