"No todo el mundo en el Partido Popular piensa lo mismo en cuanto a la prostitución". Así lo dijo la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, durante una entrevista que puso como ejemplo que en el PP madrileño mientras
Ana Botella "piensa de una manera",
Esperanza Aguirre "piensa de otra". Aguirre, semanas antes de su dimision, reconocio que las diferencias con la alcaldesa "son clarísimas desde hace tiempo". "No es ningún secreto. Siempre he pensado lo mismo y sigo pensándolo (...). Creo que la prostitución se debe regular precisamente para evitar la explotación de algunas de estas mujeres", dijo la expresidenta.

Así, mientras Aguirre se declaraba partidaria de acabar con la alegalidad en la que se encuentra la prostitución en España ("Si se quiere prohibir que se prohíba, pero no está prohibida"), la visión de Ana Botella del problema era completamente opuesta. Lejos de apoyar la regularización de la actividad o las multas a las meretrices, la primera edil madrileña, que considera que la mujer prostituida nunca es libre, en varias ocasiones dijo ser partidaria del modelo sueco, donde se ayuda a la mujer y se persigue al cliente —en el país nórdico pagar por los servicios de una prostituta está castigado con sanciones que superan los 15.000 euros—. La postura de Cifuentes queda a medio camino entre una y otra. A su juicio, el ejercicio de la prostitución en algunas zonas debería limitarse y en otras prohibirse.
Sobre este mismo asunto, el Ayuntamiento de Madrid dijo que planteaba una nueva ordenanza para
multar a los clientes y que iba a presentar en 2012 un nuevo plan contra la explotación sexual, pero que, sin embargo, se ha retrasado hasta principios de 2013. Este nuevo proyecto abordará, por primera vez, la
prostitución masculina con acciones específicas que serán puestas en marcha por la ONG
Imagina MAS.

El tema de la prostitución no fue polémico solo a nivel local. Ya en junio el ministro del Interior,
Jorge Fernández, anunció que su departamento baraja la posibilidad de modificar el Código Penal para poder multar a quien ejerza la prostitución y combatir así un "espectáculo lamentable y degradante".
Lo cierto es que en 2012
la prostitución se agravó en las calles de Madrid. La crisis provocó que mujeres que lo habían dejado volvieran a ejercer, "para vivir" o, al menos, esa fue la sensación que transmitieron algunas organizaciones que les prestan asistencia.