Baldomera tiene 104 años y una prole de hijos, nietos y biznietos. Anda despacito y con ayuda, usa gafas, dentadura postiza y hay que hablarle un poco alto. Su cabeza sin embargo está bien lúcida. Conserva la memoria y tiene opinión sobre casi cualquier tema.
El otro día se cayó y ahora está en el hospital. "¡Hola abuela! ¿cómo estamos hoy? ¿Has cagado ya?", preguntó ayer una enfermera. Dudo muchísimo que la sanitaria lo hiciera con mala intención, dicho sea de paso, pero recibió la siguiente respuesta: "Señorita, abuela solo me llaman mis nietos y, por favor, no vuelva a preguntarme delante de la gente si he cagado o no".
Preguntas como la que le hicieron a Baldomera, en ese mismo tono, se repiten cada día en centros geriátricos y residencias. Eso se llama infantilización. Hablar a los mayores como si fueran niños, como si no entendieran. Hacer como si su intimidad fuera menos importante que la de los demás. Perderles el respeto de manera sistemática. También pasa dentro de las propias familias. Dar por hecho que los mayores 'no se enteran de nada'. Ni se les pide opinión, ni se les tiene en cuenta. Consciente o inconscientemente, se les ningunea.
La mayoría de ellos asume esa infravaloración social. No protestan. Asumen que en las sociedades 'desarrolladas' ser joven es un tesoro. Solo los jóvenes son guapos, solo ellos parecen tener derecho a divertirse. Sus opiniones se oyen con más fuerza. Sus decisiones son más válidas.
Ser joven, sin embargo, es fácil. Casi todos llegamos a jóvenes. No son tantos los afortunados que, como Baldomera, llegan a ancianos con la cabeza funcionando. Tratémosles con el respeto y admiración que merecen.
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Importantes puntualizaciones las que haces en tu columna, Lucía. Creo que este desprecio hacia los ancianos es otro nefasto signo de los tiempos que corren: todo es relativo y todo se pone en cuestión, todo, hasta las más elementales costumbres milenarias, como la del respeto a los mayores. Mi sugerencia para los que pasen de 65 ó 70 años es clara: ¡Huir de médicos y de hospitales como de la peste!
Enviado por: Ángel / 28-10-2011 23:24
Estupenda columna. Aplauso.
Enviado por: Lidia / 25-10-2011 14:40
Esa falta de respeto hacia los mayores también se da hacia los jóvenes: no saben, no entienden, no estudian, se drogan, pierden el tiempo, solo se preocupan por tonterías y superficialidades, son unos maleducados... A los votantes nos pasa lo mismo: los discursos manidos, las promesas al aire y las mentiras descaradas de los políticos son habituales, dicen y hablan como si el que escucha no tuviera capacidad crítica y dos dedos de frente... A los profesionales no se les respeta: a los profesores los maltratan los padres, parece que ningún funcionario trabaja, todos periodistas manipulan, los artistas unos vagos... Son pocos los que se libran del desprecio colectivo. Deberíamos empezar a trabajar la confianza en el otro y deber respeto. Con tanto odio no se construye nada bueno. El otro, mayor, joven, en paro, casado o soltero, manco, guapo, de derechas o izquierdas, se merece que se le trate como un igual, con la misma capacidad. Cada uno debería empezar por ser más humilde porque de esa falta nace que nos creamos más que el del al lado. Saludos