Cancelar el billete del abono transporte en cada máquina de cada autobús, Cercanías o estación de Metro tiene los días contados. El Consorcio Regional de Transportes (CTM) mantiene en pruebas la que será la futura tarjeta intermodal: un pase similar a una tarjeta de crédito que se utilizará sin contacto y que permitirá organizar el transporte público a demanda en tiempo real. Los resultados son satisfactorios, pero su implantación sólo está prevista a largo plazo.

Según explica a
Madridiario el jefe de Innovación Tecnológica del CTM, Antonio Rubio, el proyecto no es novedoso, ya que lleva tiempo en pruebas. Los viajeros que se desplazan habitualmente por la
zona A -la corona metropolitana de la ciudad- ya disfrutan de él siempre que adquieran el abono anual en lugar del mensual. Si lo hacen así, reciben una tarjeta que sólo tienen que acercar a las máquinas validadoras para que el torno se abra automáticamente.
Para poder implantarlo en la zona centro, Metro de Madrid adaptó en su día las validadoras de la zona centro con el necesario lector magnético, que lee la tarjeta de forma inalámbrica.
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En la actualidad, todas las nuevas líneas de Metro de Madrid y las que se construyeron en el último plan de ampliación -incluidos el
Metrosur y los
metros ligeros- tienen en sus tornos o puertas el receptor de señal. Es más, la Consejería de Transportes ha implantado en estaciones en remodelación como la de Sáinz de Baranda un sistema también en pruebas que permitiría recargar la futura tarjeta sin contacto. El primer sistema también está disponible para los empleados de Metro de Madrid y el Consorcio Regional de Transportes, pero su extensión a toda la red aún no tiene fecha ni fija ni próxima.
Inversión razonable
Según Antonio Rubio, con
50 o 60 millones de euros se podría extender a el nuevo Abono a toda la red: "El problema es logístico, de cómo y dónde distribuir las tarjetas y de si se va a utilizar en todos los medios de transporte público de la Comunidad de Madrid". Para que la integración del sistema fuera total, añade, las empresas de
autobuses regionales deberían adquirir para sus flotas de vehículos la tecnología necesaria y el
Cercanías -la gran aspiración del Ejecutivo de Esperanza Aguirre- debería ser gestionado por la Comunidad de Madrid.

La instauración a largo plazo de la tarjeta sin contacto supondrá una revolución en cuanto a
las frecuencias de paso y las rutas que cubre el transporte público regional, como explicó el propio jefe de Innovación Tecnológica del CTM en la última jornada sobre intercambiadores de transporte del Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid (
COIIM).
Rubio recordó entonces que hoy, gracias a la tecnología de gestión de los
modernos intercambiadores, el Consorcio sabe qué autobús entra en cada distribuidor, el tiempo que cada uno tarda en hacer su recorrido y cuántos pasajeros suben y bajan de cada vehículo. Pero se aspira a mucho más: gracias a la transmisión y recopilación telemática de datos a través de la tarjeta sin contacto, se podrá saber
cómo,
cuándo y
dónde está cada convoy, el número de pasajeros que lleva, dónde baja o sube cada uno y si al hacerlo conecta con otro medio de transporte público.
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El Consorcio ya está extendiendo y perfeccionando los
sistemas de gestión integral del transporte para que
EMT,
Metro y
Cercanías se integren en esta red de datos cruzados. Una vez conseguido, y con la gran mayoría de los usuarios (los que utilizan el Abono Transporte), armados con su tarjeta, el Consorcio conocerá con toda precisión los movimientos de los madrileños. Esto a su vez hará que tanto las frecuencias como el número de plazas y las rutas del transporte se adecuen a la demanda lo más ajustadamente posible. El futuro está cerca, pero aún habrá que esperar.