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Ya los árabes hicieron frente a la escasez de agua con un buen uso de ella en construcciones como la Alhambra, al igual que otras culturas de la tradición mediterránea. Así, de la idea de la sostenibilidad surge también hacer una referencia en el parque de Juan Pablo II a culturas como la árabe o la persa, que dejaron un gran legado en jardinería.
Una vez que la idea se ha desarrollado lo suficiente como para tener un boceto de lo que se quiere conseguir, llega el momento de plasmarlo en la redacción del proyecto. Para ello, en el caso del parque de Juan Pablo II participaron unas diez personas. Según argumenta del responsable de Patrimonio Verde, cuanto más preciso sea un proyecto más eficaz es la realización del mismo.
Y la precisión llega a fijar los puntos exactos donde se colocará cada árbol o cada fila de arbustos. Asimismo hay que elegir todas las especies que darán vida al parque teniendo en cuenta no sólo motivos estéticos, sino también de adaptación a las condiciones climáticas del lugar. En concreto, en el parque de Juan Pablo II se escogieron más de 200 especies distintas, algunas realmente extrañas. Otro aspecto en el que el proyecto también se detiene es en la edad de cada ejemplar.
No obstante, en un parque hay mucho más que plantas y columpios: bajo tierra se esconde, junto a las raíces, una serie de infraestructuras que posibilitan que se pueda disfrutar de él. Se trata de las redes de saneamiento y de riego, colectores para recoger el agua de lluvia o la alimentación de todos los puntos de luz.
El comienzo de la construcción de un parque es el movimiento de tierras para hacer más accesible el terreno y que no haya grandes pendientes. En el parque de Juan Pablo II hubo que instalar un colector de lluvias y un transformador de electricidad propios, crear canalizaciones de agua y redes de riego y luz, así levantar muros de contención que salvasen las grandes diferencias de altura que hay en el terreno.
¡A disfrutar!





































