Mataelpino ha dado el pistoletazo de salida a sus tradicionales boloencierros de verano, que este año han arrancado sin percances y con una alta participación. Más de un centenar de personas se inscribieron en la carrera infantil y 25 en la de adultos.
Según ha explicado a Europa Press la concejal de Turismo, Olga Romero, en ambas pruebas “se han producido tres lanzamientos de bola” y cada una de ellas ha durado menos de dos minutos, recorriendo unos 800 metros.
Romero ha recordado que se trata de la edición número 16 de este evento, característico de las fiestas de la localidad, donde no se ha registrado “ningún herido”. “La gente ha disfrutado, que es lo importante”, destacó.
La programación continuará este sábado con una segunda jornada: a las 10:00 horas se celebrará la edición infantil y a las 12:00 la de adultos.
Dimensiones y seguridad
La edil ha detallado que la bola destinada a adultos alcanza un tamaño de 2,75 metros de diámetro y roza los 300 kilos de peso, mientras que la infantil mide 1,20 metros y pesa cerca de 40 kilos.
“Lo que hacemos cada año es mejorar las medidas de seguridad. Todos los corredores y los pastores están obligados a correr con calzado deportivo, casco y guantes”, apuntó Romero, quien ha subrayado la importancia de extremar la precaución en una actividad que entraña “peligro” por las dimensiones y el peso de las bolas.
“Es un peligro, al igual que un toro. Parece que al ser una bola no tiene mayor repercusión, y que se puede parar con las manos, pero tiene el mismo peligro que un toro y hay que tenerla respeto”, advirtió.
La normativa municipal establece de forma clara que “está terminantemente prohibido intentar parar la bola” o “correr con el móvil haciendo fotos o grabando”.
El reglamento también especifica las recomendaciones de seguridad para participantes y público: “Debes apartarte de la bola y en caso de no lograrlo a tiempo, túmbate en el suelo. Si estás viendo el Boloencierro desde la talanquera, evita sacar los brazos y las piernas”.
Los boloencierros comenzaron como una idea de varios vecinos frente a la crisis que impidió por primera vez al Ayuntamiento programar los habituales encierros con reses.