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El personal de Clece en el Día Internacional de la Mujer
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El personal de Clece en el Día Internacional de la Mujer (Foto: Chema Barroso)

Valientes, un año después

Por MDO
lunes 08 de marzo de 2021, 07:50h

Valentía, fuerza y empatía. Con estas tres cualidades define Benita Chaparro a sus compañeras, con las que ha conformado la primera línea de batalla frente a la Covid-19 en el Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, donde trabaja como profesional de la limpieza. Clece gestiona este servicio en el centro sanitario, escenario, hoy, de un acto simbólico de homenaje a las trabajadoras que han realizado “una labor encomiable” durante un año de pandemia.

Un largo camino en el que el apoyo y reconocimiento de toda la empresa ha sido fundamental. “Nunca nos hemos sentido menos que el resto porque tanto en el Príncipe de Asturias como en Clece siempre se nos ha tenido muchísima consideración”, destaca la trabajadora del Servicio de limpieza hospitalaria. Una tarea indispensable que pone en valor Manuel Pérez-Beato, gerente de Hospitales en Clece: “Son personal muy profesionalizado, cuya labor ha actuado como barrera para impedir que el virus se extendiera”.

La empresa cuenta con una plantilla de 1.085 empleados en el sector de la limpieza hospitalaria en la Comunidad de Madrid, en su mayoría mujeres que han completado un año marcado por la tensión, pero sin perder un ápice de profesionalidad. Doce meses en los que, en paralelo, “todos los departamentos de la compañía se han volcado para proteger al personal y aplicar innumerables protocolos guiados por Medicina Preventiva”. En escasos días, además, se completará la vacunación de los profesionales de limpieza.

Por su parte, más de 2.100 trabajadoras del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) del Ayuntamiento de Madrid, gestionado por Clece en ocho distritos, recibieron la primera dosis del fármaco la semana pasada. “Lo hemos vivido como si fuese una fiesta”, señala María Paz Alonso, auxiliar del SAD desde el año 2005. Considera que su inmunización debería haberse iniciado al mismo tiempo que la del personal de las residencias, “porque somos el mismo gremio”, pero se muestra “muy contenta” ante este paso que la aleja del contagio. No obstante, asegura que la pandemia no ha impedido que acuda a su puesto de trabajo “tranquila”, aunque siempre “con mucha precaución, con mi buzo que aísla, calzas, doble protección de guantes y mascarilla”.

Ana Miren Ramos, jefa de Servicio del SAD de Clece, hace hincapié en la generosidad exhibida por todo el equipo de auxiliares, “más preocupadas por sus usuarios que por sí mismas”. Incluso en los momentos más difíciles de la crisis sanitaria “siempre mostraron la mayor predisposición” y no abandonaron a las personas mayores a las que hacen la vida más fácil a diario. Atienden a un colectivo de riesgo, más de 20.000 personas mayores que presentan patologías como Alzhéimer o deterioro cognitivo, algunos, dependencia absoluta, y el servicio “no se paró en ningún momento”. “En marzo, mientras todo el mundo estaba encerrado teletrabajando, ellas iban a las casas porque no podían delegar su trabajo a un ordenador”.

Su trabajo ha evitado situaciones de vulnerabilidad, y su compañía, la temida soledad no deseada, azote de los mayores. Como ensalza Ramos, “estas mujeres no solo van a limpiar sus domicilios, sino que en muchos casos han sido su única red de apoyo aseándolos, dándoles la medicación, acompañándolos o haciéndoles la compra”.

Las trabajadoras han compartido incertidumbre en los últimos meses, pero también diligencia y compañerismo. “Algunos días nos íbamos a casa con el corazón roto después de ver tanto padecimiento, pero entre todas nos animábamos para seguir adelante”, relata Benita. Como reconocimiento a su papel “esencial” para detener el avance del coronavirus y cuidar de las personas más vulnerables, responsables de Clece en el SAD y en el servicio de limpieza hospitalaria, entregan rosas hoy entre sus empleadas.

De los colectivos esenciales que trabajan “en la sombra”, el de Luisa García es, sin duda, el menos reconocido. Desde su puesto de Vigilante de seguridad de Clece en el Hospital Nuestra Señora del Rosario de Madrid, confiesa haber pasado “mucho miedo” al comienzo de la pandemia, a pesar de la cual, Luisa decidió seguir trabajando “porque había que ayudar mucho”. Ayudar a las familias que se quedaban rotas en la puerta del hospital, por ejemplo. “El vigilante ha sido el hombro donde han llorado muchas personas. Duro, triste y necesario. Te aseguro que eso ha sacado lo mejor de todos nosotros”. Clece le ofreció desde el comienzo de la pandemia todos los medios para garantizar la salud y seguridad de sus trabajadores, proporcionando mascarillas FFP2 y todos los EPIs necesarios. “No nos hemos sentido abandonados por la empresa en ningún momento”, subraya Luisa.

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