“Un estercolero”. Así de sencillo es cómo definen los vecinos de Carabanchel Bajo, en Madrid, el estado de los aledaños del Cementerio Parroquial de San Sebastián Mártir. Bolsas, botellas de cristal, cajetillas de tabaco, latas, todo tipo de plásticos, madera, vegetación e incluso preservativos usados, son solo algunos de los desperdicios que es posible encontrar en estos terrenos “totalmente abandonados por las distintas administraciones”, que dejan a las claras una “desidia absoluta” y suponen un “tremendo agravio” a esta barriada en el “profundo sur” de la capital.
Tal es la gravedad del asunto que han sido los propios vecinos del barrio, con la ayuda de Ecologistas en Acción, quienes se han visto obligados a organizar grupos de trabajo autónomos para realizar labores periódicas de mantenimiento en la zona. “Nos juntamos varios vecinos, unos 10 o 12, y, cada cierto tiempo, adecentamos los terrenos en la medida de lo posible. Recogemos toda la suciedad y la amontonamos. Una vez hemos terminado de adecuar la basura, llamamos al 010, a la Oficina de Atención al Ciudadano de Línea Madrid, para que venga a recogerla, pero pueden tardar varios días en hacerlo. Es un cutrerío absoluto”, explica Juan García Vicente, natural de Carabanchel y miembro de Ecologistas en Acción.
Los voluntarios incluso han realizado diversas plantaciones de árboles, fundamentalmente pinos, almendros y encinas, para sustituir la vegetación dañada o, en el peor de los casos, arrancada de cuajo por el paso de la borrasca Filomena en enero de 2021, hace ya más de año y medio, y que, tal y como aseguran, “aún no ha sido retirada por completo”.
"Nos sentimos abandonados por las administraciones"
A juicio de la vecindad, lo más preocupante en cuanto al desamparo de estos espacios, que abarcan desde el solar en el que se ubicaba la antigua Prisión Provincial de Madrid, más conocida como cárcel de Carabanchel, hasta el propio Cementerio Parroquial de San Sebastián Mártir, es que las distintas administraciones “jamás han tenido en cuenta su valor cultural y su gran relevancia a nivel histórico”. Los “tesoros patrimoniales” a los que hacen referencia los vecinos son, fundamentalmente, la Ermita de Santa María la Antigua, una iglesia románica de estilo mudéjar que data de mediados del siglo XIII y hace las veces de capilla en el viejo cementerio de Carabanchel, y el yacimiento arqueológico que registra vestigios de asentamientos romanos y carpetanos en la zona tales como cerámicas, losas y ánforas. “A pesar de ser emblemas del barrio, nunca han sido valorados como merecen. Ahora han convertido estos terrenos en poco menos que vertederos en los que se abandonan todo tipo de desperdicios. Hay incluso quien se atreve a dejar allí el coche, como si fuese un aparcamiento”, añaden.
¿A quién compete el mantenimiento de la zona?
La supuesta inacción a la que aluden los carabancheleros radica en diversas administraciones, responsables de los terrenos en sus respectivos ámbitos de actuación. “Por un lado tenemos al Ministerio del Interior que, desde que se derribase la antigua cárcel, ha hecho poco o nada por conservar este entorno. Por otro, la Comunidad de Madrid, que no vela por el cuidado de la vía pecuaria que une los barrios de Carabanchel y La Latina. Además, en cuanto a la limpieza, el Ayuntamiento no está cumpliendo con su deber en los alrededores del cementerio. Finalmente, la Iglesia, en concreto el Arzobispado, tampoco hace mucho por valer su patrimonio”, apostilla García Vicente.
"Vamos a impedir el acceso para que no se convierta en un vertedero"
En materia limpieza, motivo principal del descontento vecinal, fuentes municipales con las que ha podido contactar Madridiario aseguran que el Consistorio se ha hecho ya cargo de la recogida de los residuos en la zona. Además, como medida adicional, se plantea “impedir el acceso a los terrenos junto a la calle de Monseñor Oscar Romero para que no vuelva a convertirse en un vertedero”. Aún se desconoce la fórmula que seguirá el Gobierno municipal para conseguirlo.
Las mismas fuentes, no obstante, se desmarcan del mantenimiento del cementerio, al escapar este de su ámbito de actuación: “la empresa municipal Servicios Funerarios de Madrid gestiona los dos tanatorios municipales, el Tanatorio Sur y el Tanatorio M-30, los dos crematorios municipales, los del cementerio de La Almudena y el Cementerio Sur, así como los 14 cementerios municipales de la ciudad, pero no los parroquiales. El mantenimiento depende de quién lo gestiona”.
En la misma línea, la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad ya ha puesto de manifiesto en numerosas ocasiones que la responsabilidad en cuanto al mantenimiento de la iglesia y el cementerio corresponde a su titular, la Diócesis de Madrid. Pese a los múltiples intentos de este medio por conocer el punto de vista de la Parroquia San Sebastián Mártir a este respecto, no ha sido posible contactar con los responsables de la misma.
“Un pequeño paso adelante”
Las denuncias con respecto a la falta de mantenimiento en los aledaños de la Ermita de Santa María la Antigua, edificio más vetusto de la ciudad y que fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1981, no son, en absoluto, una novedad. Tanto es así que desde Carabanchel, Historia y Patrimonio, plataforma para la defensa y difusión del patrimonio cultural en el distrito, llevan años apuntando a esta problemática. Sus reivindicaciones obtuvieron por fin respuesta en octubre de 2020, cuando todos los grupos políticos de la Asamblea de Madrid aprobaron por unanimidad el proyecto ‘Carabanchel Zona 0’, encaminado hacia la protección de este entorno. Sin embargo, cuando se cumplen dos años desde la puesta en marcha de la iniciativa y a pesar del apoyo que muestra la oposición en el Ayuntamiento, lo cierto es que los avances no han sido los esperados por la vecindad.
Pese al descontento generalizado, ‘Carabanchel Zona 0’ si ha traído consigo pequeñas victorias. La última, la retirada de la torre de alta tensión próxima a la ermita, una reivindicación histórica de los carabancheleros, el pasado mes de septiembre. “Por fin la han retirado. Es algo que llevábamos esperando casi 30 años. Se trata de un pequeño paso adelante, pero aún quedan muchos por dar en cuanto a la conservación de la identidad de nuestro barrio”, concluye García Vicente.