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Equipo de Villa Rosa
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Equipo de Villa Rosa (Foto: Antonio Castro)

El tablao Villa Rosa, salvado de la desaparición

jueves 05 de mayo de 2022, 19:50h

La pandemia y el confinamiento mundial, arruinaron, entre otros, al sector turístico. Todos los negocios dependientes de él fueron cerrando, algunos temporalmente otros, definitivamente. Los tablaos flamencos, cuya mejor clientela son los turistas, echaron las persianas. En los últimos meses vuelven a la vida lentamente.

(Foto: Antonio Castro)

El Villa Rosa de la plaza de Santa Ana ha estado a punto de no volver a abrir las puertas y de perder su extraordinaria decoración interior, inspirada en la Alhambra granadina. Parece que solo están protegidos la fachada y algunos elementos interiores. En febrero de 2021, tras un año de espera, el negocio cerró. El Villa Rosa se iba a convertir en un restaurante y sus responsables iban a hacer desaparecer todo lo que pudieran. Ese negocio no llegó a prosperar tras seis meses de intentos pero no se desvaneció el peligro.

Hasta que una nueva empresa, encabezada por Ivana Portolés, entró en el histórico tablao decidida a recuperarlo y a restaurar todos los elementos dañados por el paso del tiempo. Hoy el Villa Rosa tiene las puertas abiertas y brilla como en los buenos tiempos. El bailaor Antonio Canales se suma al equipo artístico que diseña los programas flamencos, que cambiarán cada semana. La nueva propietaria anuncia que, tras el verano, tiene el proyecto de llevar hasta el tablao a los estudiantes madrileños para que puedan entrar en contacto directo con el flamenco.

Antonio Canales e Ivana Portolés (Foto: Antonio Castro)

En el Villa Rosa, que algunos denominan catedral del flamenco, se unen las historias de los grandes de este arte con la historia social de Madrid del último siglo. Pocas de las estrellas internacionales que llegaban a nuestra ciudad se resistían a pasar una velada en este tablao.

Pero es que sus mosaicos forman parte del paisaje madrileño. Son el mejor reclamo del recinto. Datan de 1927 y fueron obra del artista sevillano Alfonso Romero Mesa. Los cuadros representan a Colón, la plaza de España sevillana, la Alhambra, Córdoba, la Cibeles, el Retiro, los jardines de Murillo y una vista de Málaga. A lo largo del tiempo han sufrido, al menos, tres restauraciones y la nueva empresa quiere volver a recuperar su esplendor.

(Foto: Antonio Castro)

En los primeros años de existencia de este local no se dedicó al flamenco. Primero fue un molino de chocolate y, en 1911, los subalternos taurinos Alvaradito, Farfán y Céntimo abrieron una freiduría. Después fue casa de comidas hasta que, en 1921, llegó por fin el flamenco gracias a la presencia del gran cantaor Antonio Chacón. Hasta entonces actuaba en Los Gabrieles, un espectacular tablao que permanece cerrado a cal y canto desde principios del siglo XXI. Estaba en la calle Echegaray. A lo largo del siglo XX cambió varias veces de orientación artística, dejando temporalmente el flamenco. En 1987 se llevó a cabo una rehabilitación del interior en la que trabajaron José Alberto Benedicto, Guillermo López Lázaro y los ceramistas Alfredo Ruiz de Luna y Julián Santacruz, de Cerámicas Villa de Madrid. Ruiz de Luna, por cierto, fue el ceramista que realizó la mayoría de las placas con los nombres de las calles de Madrid.

La Capital está en pleno proceso de recuperación y que no se hayan perdido establecimientos como este flamenco, es una excelente noticia.

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