La cuadragésima edición de los Veranos de la Villa ha echado el cierre con un espectáculo creado por la bailarina y coreógrafa Sol Picó. 2.500 espectadores se concentraron en los patios del matadero de Legazpi para este final del festival madrileño que, por última vez, ha dirigido Ángel Murcia. En los próximos meses el área de cultura del Ayuntamiento deberá elegir al responsable del verano de 2025.
Sol Picó está celebrando el treinta aniversario de la fundación de su compañía, que tiene la sede en Barcelona, y sigue explorando nuevos lenguajes para la danza, como esta propuesta que ha titulado Carrer 024. Según escribe la creadora:
-En un planeta cada día más poblado, nos sentimos más solos que nunca. Como pequeñas islas errantes, nos movemos en círculo, evitando la quietud, en un movimiento sin rumbo eterno y agotador, en busca del otro que nos tiene que completar, en un mundo de personas solitarias y grises, y donde la mayoría de nuestras interacciones son virtuales.
Fuera de los límites de un escenario cerrado, Sol Picó deja que los espectadores se intercalen con la escenografía abierta. Los intérpretes se van desplazando sobre plataformas y, alrededor de ellos, los espectadores siguen sus peripecias. Hay cinco bailarines protagonistas, interviniendo también el espectáculo, dada su complejidad, otros seis técnicos. Ellos son los encargados del movimiento teatral a lo largo y ancho del recinto. El espectáculo se interpreta con música en directo, a cargo de Juan J. Ochoa. La banda sonora incluye canciones y hasta la Sinfonía nº 5 de Mahler, tanto en la versión original como en una extraordinaria adaptación contemporánea. Reminiscencias de los pasos de Semana Santa, vuelos fantásticos, danza sobre barra… un compendio dancístico-teatral que acaba enganchando al público.
No es la primera vez que Sol Picó se enfrenta a grandes montajes de calle, aunque llevaba casi una década sin hacerlo. Para este cierre madrileño ha recuperado estructuras escenográficas de espectáculos anteriores, demostrando su capacidad para fundirse con el público y captar la atención de cientos de espectadores.
Los Veranos de la Villa comenzaron el 9 de julio con un homenaje sinfónico a Nino Bravo. Durante siete semanas, la danza, el teatro, los conciertos, el cine caliente y, sobre todo, las distintas muestras de arte japonés -país invitado en 2024- han ocupado los distintos escenarios. El patio del Conde Duque ha sido, un verano más, el más multitudinario pero, posiblemente, los seguidores del programa se habrán sorprendido al conocer el espacio de la Serrería Belga, que va cobrando cada vez más importancia en el panorama cultural de Madrid.