www.madridiario.es

Ser tolerantes nos hace mejores

lunes 16 de noviembre de 2020, 11:42h

Tolerar al que es diferente nos lleva a entender la diversidad desde el esfuerzo realizado por reconocer las diferencias del otro y valorarlas, aceptándolas sin más como parte de nuestra riqueza. Es algo que los seres humanos desarrollamos a lo largo de nuestra vida y que debemos aprender desde pequeños, porque no somos mejores a pesar de nuestras diferencias, sino, precisamente, a causa de ellas.

No hay dos personas iguales, ni siquiera por su color de piel, aunque nos empeñemos en clasificar a la gente en blancos, negros, amarillos o rojos. Eso es, simplemente, una generalización sin sentido que nos ha llevado a numerosos y trágicos capítulos a lo largo de la historia -incluida la historia reciente- y que debe servirnos para examinar cómo podemos seguir avanzando en nuestro país en lo que a tolerancia y respeto mutuo se refiere.

La diversidad sufre en España el ataque xenófobo y supremacista por parte de algunos partidos nacionalistas que llaman a los españoles “bestias taradas con un bache en el ADN” o afirman que “hablamos la lengua de las víboras”, haciendo alarde de una discriminación sin tapujos, basada en prejuicios “autóctonos” como los que desde hace siglos lleva sufriendo mi comunidad, la población gitana.

Otros partidos políticos utilizan la migración como arma arrojadiza, usando a las personas migrantes como meras marionetas de estrategias con discursos populistas que siguen marcando a todo un colectivo. Atacan sin justificación alguna a las personas que vienen a nuestro país en busca de oportunidades, incitando al odio hacia estos grupos de población -aunque sean menores de edad- por el mero hecho de ser diferentes, destruyendo la paz y la convivencia.

Mi comunidad, la gitana, ha sufrido mucho y durante mucho tiempo los efectos de la intolerancia. Entre los siglos XV y XVIII los gitanos fuimos el blanco de la represión por ser considerados una "amenaza" para el orden del país. Por ello, fuimos expulsados, perseguidos y desterrados del Estado junto con otras minorías. La manifestación más cruel de este rechazo fue el intento de exterminio que Fernando VI y su ministro, el marqués de la Ensenada, llevaron a cabo en 1749, con el arresto de 9.000 gitanos en toda España; o el Holocausto, en el que medio millón de gitanos fueron asesinados. Recordemos también como en la posterior dictadura franquista se acentuó la represión cultural y la intolerancia hacia mi pueblo, al que se sometió a una estrecha vigilancia, prohibiéndonos incluso hablar nuestra lengua, el romaní, considerada en aquel momento "jerga delincuente”. Hoy somos la minoría autóctona más importante de España, con más de 750.000 integrantes, y somos reconocidos gracias a la Constitución.

La intolerancia también se viste de colores y se manifiesta de múltiples formas hacia diferentes colectivos, como es el caso de las personas LGTBI, con discapacidad o los migrantes. Esa intolerancia hunde sus raíces en el etnocentrismo, en el racismo sutil, el rechazo o la discriminación, que son caras oscuras de intolerancia que se muestran en cualquier situación, sean de conflicto o no.

Hoy, 16 de noviembre, se celebra el Día Internacional de la Tolerancia. Aprendemos a tolerar mediante la educación, tal y como afirma la Declaración de Principios sobre la Tolerancia aprobada por la UNESCO, porque ahí está la raíz de los problemas. Cuanto más invirtamos en ello, mayor será el respeto a los derechos y libertades del ser humano y la voluntad de protegerlos. Es fundamental, como decía Jacques Delors, “contrarrestar las influencias que conducen al temor y la exclusión de los demás y ayudar a los jóvenes a desarrollar sus capacidades de juicio independiente, pensamiento crítico y razonamiento ético”. La educación en tolerancia, además, fortalece la cultura, que es lo único que puede salvaguardar a un pueblo, porque permite distinguir lo que hay que cambiar y lo que se debe abandonar.

Son ya veinticinco años los que se llevan conmemorando este día en defensa de la diversidad. Queridos amigos y amigas, kamlé amalé, ojalá no necesitáramos un día para reclamar respeto, pero hoy solo puedo desear que sigamos avanzando y que no demos nunca ni un paso atrás.

¡Sastipen thaj mestipen! ¡Salud y libertad para todos!

Carla Santiago

Primera senadora gitana y portavoz de Cs en la Comisión de Políticas Sociales de la Asamblea de Madrid

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios