Insultos, amenazas, golpes... Los sanitarios madrileños, agrupados en la Unión Interprofesional de la Comunidad de Madrid (UICM), denuncian el incremento, de hasta un 58 por ciento, en el número de vejaciones sufridas en los últimos años. Desde la pandemia y el confinamiento, explican, “hemos pasado de los aplausos a un aumento notable de las agresiones, tanto verbales como físicas”, sobre todo entre las profesionales que prestan servicio en los “puntos rojos”: Atención Primaria -que aglutina la mitad de ellas-, Urgencias, tanto Hospitalarias como Extrahospitalarias, y Atención Domiciliaria. La inmensa mayoría de estos episodios son, además, protagonizados por hombres. El resultado, hasta 70 denuncias registradas solo en 2023, un número “elevado” si se tiene en cuenta que, de acuerdo con las estimaciones del colectivo, apenas se comunica el diez por ciento de los ataques.
Entre las causas del aumento de la violencia contra los sanitarios figuran aspectos ligados al contexto y que dependen, en mayor o menor medida, de las Administraciones públicas, como la percepción del usuario en torno al incremento de los tiempos de espera -derivada, en gran medida, de la falta de recursos y profesionales- o la disconformidad con la asistencia recibida. También variables vinculadas a la personalidad del infractor, como la impulsividad, la tolerancia al fracaso o la sensación de vulnerabilidad que se experimenta cuando peligra la propia vida o la de una persona cercana. A tales factores se suman, además, los principales detonantes: la enfermedad mental y los episodios psicóticos. Desde que se elaboran registros, la violencia sufrida por los sanitarios ha ocasionado cerca de 300 bajas laborales en la región. De ellas, dos solo en Atención Primaria en lo que va de año.
“Durante la pandemia trabajaba en el Servicio de Urgencia Médica (SUMMA 112). En el momento en que empezaron los aplausos de reconocimiento a la labor de los sanitarios se me pusieron los pelos de punta. Recuerdo que comencé a sentir un clamor tras de mí, todo el mundo aplaudiendo desde las ventanas... Fue una sensación muy especial. Me sentía como el último guerrero que partía hacia el campo de batalla. Sentía que las vidas de todas esas personas dependían de mí”, explica visiblemente emocionado el vocal de Médicos de Atención Primaria del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid, Rafael Ortega.
"Pedimos que se nos respete"
El escenario, sin embargo, ha cambiado de forma radical. Lejos de salir reforzada, la figura de los sanitarios se encuentra, ahora más que nunca, en la picota. “Pedimos que se nos respete, porque somos los sanitarios quienes seguimos cuidando de la salud de los ciudadanos. Este tipo de agresiones, las físicas, las verbales y también las que se producen en las redes sociales, afectan de manera sustancial a nuestra labor y, por ende, al sistema sanitario, pilar básico de nuestra sociedad del bienestar (...). Debemos prevenirlas, proteger y cuidar a los profesionales. Todos debemos tomar conciencia de esta realidad para que la situación mejore”, añade, por su parte, la presidenta del Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de la región, Marisol Ucha.
Entre los motivos que subyacen tal grado de agresividad, advierte la vicedecana del Colegio Oficial de Psicología de Madrid, Timanfaya Hernández, se encuentran aspectos comunes a escala internacional como la patología mental severa, las demoras en la atención, la carencia de recursos humanos y materiales, la discrepancia en cuanto a los informes y tratamientos propuestos, la negativa a la tramitación de las bajas laborales, la comunicación de fallecimientos o el consumo de drogas. En el ámbito madrileño, no obstante, el abanico se reduce: casi todas las agresiones se relacionan con enfermedades mentales, consideradas “factor de riesgo” para el desarrollo de “desajustes emocionales” en “situaciones de estrés”. También, claro, las circunstancias personales, como el manejo de situaciones de vulnerabilidad y miedo, la impulsividad y la toleracia a la frustración y los niveles de angustia.
Tampoco se puede desligar de la ecuación el componente de género, y es que “la mayor parte de las agresiones, hasta dos tercios, son cometidas por hombres y dirigidas hacia mujeres”. Por ello, más allá de la “indefensión” que pueda presentar una médico, una enfermera o cualquier otra figura femenina del espectro sanitario, advierte Hernández, resulta necesario analizar la cuestión atendiendo al “componente cultural” intrínseco y “con la mirada de la perspectiva de género”: “Definitivamente, la mayor parte de las situaciones de violencia contra sanitarias tienen un componente de género”.

Sin desdeñar la gravedad que puedan entrañar las agresiones físicas, continúan los expertos, los insultos y las amenazas tienen un efecto “devastador” sobre la labor que ejercen los profesionales del sector: “Muchos de nosotros necesitamos incluso asistencia psicológica tras sufrir un episodio como este”. De ahí, destacan, la importancia de incorporar a un mayor número de psicólogos y psiquiátras al sistema público.
Pese a la “infrademanda”, motivada por la “normalización” del fenómeno y el “miedo” derivado de sufrir una agresión, en especial por parte de pacientes habituales, el resultado no es otro que cientos de bajas laborales. Hasta 280. De ellas, dos entre enero y marzo de 2024 solo en Atención Primaria. “Tenemos asumido que forma parte de nuestro trabajo y lo normalizamos. No puede ser porque así no se va a solucionar”, lamentan.
Enfermería y farmacia
"Ocho de cada diez enfermeras han sido o serán agredidas"
En el ámbito de la Enfermería el fenómeno es aún más sangrante. “Nos encontramos ante una situación muy grave. Aunque las agresiones a enfermeras pueden no parecer una cifra demasiado escandalosa -consecuencia directa del escaso número de denuncias-, sí tienen graves consecuencias tanto para la propia profesional como para sus compañeras que, lógicamente, no van a acudir igual a su trabajo si tienen una baja sensación de seguridad. El respeto, la confianza y la confidencialidad son la base de nuestro trabajo, pero con las agresiones estos pilares se quiebran. (…). Ocho de cada diez enfermeras han sido o van a ser agredidas a lo largo de su vida profesional. Sin embargo, apenas un 11 por ciento lo denuncia”, expone la portavoz del Ilustre Colegio Oficial de Enfermería de Madrid, Mar Rocha.
El farmacéutico, otro colectivo con amplia mayoría de trabajadoras, el escenario descrito resulta muy similar, con insultos, vejaciones, agresiones físicas e incluso hurtos en los farmacias. En este caso, en cambio, la motivación principal de los episodios violentos bebe de la negativa de los profesionales a dispensar medicación sin la perceptiva receta. “Por suerte, disponemos del mostrador que nos protege”, señala el vicepresidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid, Óscar López. El porcentaje de denuncias en este servicio, para más inri, apenas alcanza el cinco por ciento.
Para tratar de paliar esta escalada en la violencia, desde UICM apuntan a la necesidad de “visibilizar” las agresiones y encaminarse así hacia una política de “tolerancia cero”, impulsando el “anonimato”, el “apoyo jurídico” y la “coordinación” con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para potenciar las denuncias “in situ”. El foco se sitúa asimismo sobre la prevención, reforzando los protocolos, dotando a los profesionales de más y mejores recursos humanos y materiales y generalizando medidas que “están funcionando” como el “botón del pánico”, la puerta de conexión entre consultas, los cursos de autodefensa o el acompañamiento entre profesionales.
Pese a las reivindicaciones de los sanitarios, fiel reflejo de lo “preocupante” de la situación, el último estudio elaborado por la Organización Médica Colegial de España (OMC) revela que el porcentaje de agresiones registradas en la Comunidad de Madrid (1,37 médicos agredidos por cada mil) se sitúa por debajo de la media nacional (2,52) y muy lejos de las regiones más peligrosas para el colectivo: Cataluña (5,92 ), Cantabria (4,70), Extremadura (4,24) y Baleares (3,89).

Inseguridad en el 12 de Octubre
Las agresiones dirigidas directamente a los sanitarios no son las únicas que enturbian su labor. La inseguridad reinante, en ocasiones, en algunos hospitales y centros de salud de la región, como el Hospital Universitario 12 de Octubre, con reyertas “habituales” en la sala de espera, sobre todo en las Urgencias durante los fines de semana, también dificultan el quehacer de los profesionales, obligados incluso en ocasiones a recurrir al personal de seguridad para evitar una escalada de los acontecimientos.
“Los incidentes son frecuentes. Aquí recibimos a personas violentas y bastante conflictivas habitualmente. También bajo los efectos de las drogas, miembros de bandas, clanes... Suele haber peleas, rifirrafes... Hace aproximadamente seis meses incluso incendiaron una papelera en la sala de espera de la Urgencia (...). Hace poco negué el alta a un paciente y decidió autolesionarse golpeándose la cabeza contra un biombo. Tuve que llamar a seguridad porque me asusté mucho. Terminaron por meterlo en una cama de contención, con agarres, para evitar males mayores. Este tipo de sucesos no se dan todos los fines de semana, pero sí ocurren con relativa frecuencia”, relata a Madridiario el trabajador del 12 de Octubre Alberto García, quien rehúsa dar su verdadero nombre.
Desde la gerencia del centro, con la que se ha puesto en contacto este digital, han preferido no hacer declaraciones. Tampoco se han manifestado al respecto en la Consejería de Sanidad.