Los muros de Peironcely 10 han sido testigos del lento y constante paso del tiempo. Han visto la metralla hiriendo su rostro con la mirada perdida de dos niños que jugaban inocentes bajo la negra noche de la guerra. Han sido parte de la anexión de Vallecas a la gran urbe y también de la llegada de los hijos del hambre que buscaban huir de la miseria del campo desde todos los puntos del país. Hoy un gran solar separa los muros que retrató Robert Capa y la Parroquia de San Carlos Borromeo, un terreno que esconde la historia de un Madrid que recibió a miles de trabajadores de las zonas rurales y que aquí habitaron sobre los restos de las edificaciones originales destruidas durante la Guerra Civil.
Esta es la segunda ocasión que los picos, palas y cinceles entran en la tierra de este descampado de Puente de Vallecas. El pasado 2022, el equipo que capitanea Alfredo González-Ruibal, arqueólogo y miembro del Instituto de Ciencias del Patrimonio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), inició las excavaciones para rescatar la memoria de quienes, con sus mismas manos, construyeron viviendas precarias en los años 40, 50 y 60 del pasado siglo provenientes en su mayoría de Andalucía, Castilla o Extremadura. Ahora, con el empuje de la Fundación Anastasio de Gracia, inician una segunda campaña que se prolongará durante este mes de octubre para profundizar hasta un estrato inferior y sacar a la luz los restos de aquellas viviendas arrasadas por la aviación del bando sublevado y retratadas por Capa.

“Antes de iniciar los trabajos partimos de una hipótesis”, señala José María Uría, responsable de comunicación y cultura de esta fundación. Fue a raíz del análisis de las fotografías de Capa cuando entendieron que además de la mítica foto, también existían otras viviendas muy cercanas. Tuvieron que consultar la secuencia de imágenes de Capa que se conservan en París para situar los edificios en los que ahora están llegando a sus suelos. A partir de ahí, el equipo arqueológico comenzó a trabajar sobre el terrero y los técnicos de la fundación en los archivos: “Hemos recuperado el padrón de las familias que vivían aquí en el año 35 y estamos tratando de localizar a sus descendientes”, señala Uría a Madridiario junto a las excavaciones.
Mientras conversamos con el equipo que cada día va rescatando del olvido las historias de quienes vieron sus vidas detenidas por el estruendo de las bombas, son muchos los curiosos que se acercan a la verja del solar y fisgonean entre la tierra como quien espera encontrar un tesoro: “Nos ilusiona ver como el barrio se implica y acoge la actividad, ya que sienten reconocida su memoria”.
El sonido de las palas no cesa en la zona gracias al esfuerzo del equipo del Instituto de Ciencias del Patrimonio , que cuenta con las manos de varios estudiantes en prácticas. González-Ruibal explica que quieren "resolver algunas dudas que nos quedaron de la anterior campaña” porque en la primera fase desenterraron hallazgos relacionados con las primeras edificaciones destruidas por los bombardeos: “Localizamos objetos de esa época, como frascos de medicina, tinajas. Claramente no eran de la década de los 70”. Con estos descubrimientos “queremos documentar mejor la vida de Entrevías antes de la Guerra Civil”, señala Ruibal mientras ojea el último hallazgo del equipo, un suelo original que podría pertenecer a aquellas primeras casas.
Ismael, Candela y Lucía son algunos de los estudiantes que en un rato de descanso, antes de la llegada de una nueva visita de otro grupo escolar, repasan con Madridiario los motivos que les empujaron para sumarse a este proyecto. “Tengo familia que llegó de Jaén y Toledo y que también tuvieron que migrar”, reconoce Ismael. “Es importante dignificar a la gente que vivió aquí”, señala Candela. Por otro lado, para Lucía esta excavación ahonda en la recuperación de la memoria histórica: “lLa historia de Vallecas es respetable y necesaria. Hay que hablar del día a día”.
Mientras, junto a la verja que separa la vida actual de Entrevías y la memoria que desentierran palmo a palmo, un hombre mayor pasa mirando atento la excavación con la lista de la compra en el bolsillo de su camisa y se para junto a los estudiantes. Su nombre es Vicente Córdoba y a sus 94 años raro es el día que no se acerque a charlar con el equipo. Creció a pocos metros de este solar. “Durante la guerra pasábamos mucho por esta zona, entrábamos en las casas como si fueran nuestras”, recuerda.

Cuando la sirena avisaba de la llegada de la aviación de Franco, Vicente corría con su familia al refugio de la zona. Le apena que la excavación concluya en pocas semanas y se muestra atento a “las chicas maravillosas”, como describe con cariño a las estudiantes en prácticas que trabajan en la excavación: “Hace falta un toldo para que se conserve mejor”, señala preocupado. Este vecino es de los pocos que vieron con sus propios ojos las casas que hoy se intentan rescatar del olvido por el equipo de arqueólogos y antropólogos.
Excursiones y visitas guiadas
En paralelo a la celebración de estos trabajos, las excavaciones se abrirán al público -hasta el 20 de octubre- con visitas guiadas de lunes a viernes para colegios e institutos en horario de mañana (11.30 horas), y para asociaciones y público en general por la tarde (16.00 horas). González-Ruibal se encarga de explicar a las visitas escolares la conexión entre el pasado y el presente: “Trato de explicar que las vidas de aquella gente no son muy distintas a las de otros en la actualidad. Lo que excavamos es su historia, la de sus padres o la de los niños que habitaron estas casas”.
La casa de Capa, pendiente de un futuro museo
Los muros tapiados de la casa que fotografió Capa en 1936 esperan pacientes a la creación de un museo que recopile, oficialice y difunda los descubrimientos que vayan apareciendo, además de la historia del fotógrafo y su trabajo durante la contienda. Esta es la propuesta que han presentado al Ejecutivo municipal para el edificio de Peironcely número 10.

La importancia de esta casa de estilo neomudéjar llevó al Ayuntamiento de Madrid a tomar la decisión en 2021 de reubicar a los residentes de este edificio. Fue expropiado por 870.000 euros y, dos años después, todavía no se ha determinado un uso definitivo para el mismo. Gracias a su valor histórico se logró incluir en el catálogo de Bienes y Edificios Protegidos a partir de 2017, durante el mandato de Manuela Carmena. En virtud de esta condición, el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida se vio en la obligación de ofrecer nuevos contratos de alquiler con condiciones similares a las 13 familias afectadas, asignándoles viviendas a través de la Empresa Municipal de la Vivienda y el Suelo. Por ahora, el tiempo, paciente y sin descanso, avanza a la espera de la decisión municipal sobre los muros que retrató Robert Capa en el Madrid asediado de la Guerra Civil