Muchos de los que pasean por el Parque del Retirose habían acostumbrado a las verjas que acotaban un pequeño montículo en la zona cercana a la puerta de O’Donnell. Poca gente sabía que lo que se escondía detrás de esas cercas fue uno de los ‘caprichos’ que planificó el Rey Fernando VII para este jardín real. Un área reservada para su uso personal y el de su familia, sin acceso público. Una joya que ha permanecido cerrada durante 20 años y que hoy será inaugurada por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida.
Las obras para la construcción de esta montaña artificial se iniciaron en 1817 bajo la dirección de Bernardino Berogán, quien diseñó este romántico jardín incluyendo una montaña cubierta de una variada vegetación y coronada por un templete que servía como mirador. El templete tenía un estilo oriental con tres torres: una torre central de planta octogonal y dos torres cilíndricas en los extremos unidas por una arquería. La parcela original donde se erigió esta montaña se extendía desde la esquina noreste de los jardines, en la entrada de la Puerta de O'Donnell, hasta los parterres adyacentes y la Casita del Pescador.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, acompañado por el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, ha visitado este emplazamiento donde ha destacado que, "veinte años después, el Retiro recupera uno de sus lugares más icónicos". El regidor ha admitido que la Montaña de los Gatos se encontraba "en un estado muy complicado" pero el equipo de Gobierno "entendió que era una obra que complementaba aún más un lugar como el Parque del Retiro, Patrimonio de la Humanidad, Paisaje de la Luz, lugar de esparcimiento de todos los madrileños, pulmón verde".
Durante sus más de 100 años, el espacio que pronto volverá a acoger todo tipo de exposiciones llegó incluso a ser utilizado como carbonería: “las paredes estaban totalmente negras y tuvimos que descubrir el ladrillo original”, recuerda uno de los técnicos encargados de la obra. En 2002, el espacio abovedado interior de la montaña albergó su última exposición. A partir de 2004, comenzaron a registrarse desprendimientos, lo que llevó al cierre de la zona destinada a exposiciones y al vallado del conjunto el año siguiente. Desde entonces, debido a los riesgos detectados en su seguridad, no ha tenido ningún uso y el acceso se ha mantenido restringido.
Un estudio realizado por los servicios municipales confirmó que la instalación no era segura para el público debido a filtraciones de agua en su interior. Hasta 2018, con motivo del 150 aniversario de El Retiro, el futuro de la montaña volvió a la agenda de Cibeles. Ese año se convocó un concurso público para la rehabilitación del espacio, pero quedó desierto, lo que impidió su reapertura. Finalmente, en mayo del pasado año, la Junta de Gobierno local autorizó un contrato para llevar a cabo las obras de restauración, que comenzaron en octubre y se han alargado más de ocho meses con inversión de 2,1 millones de euros.El nombre popular de este montículo artificial viene de la gran cantidad de colonias de felinos que durante años se asentaron en esta recóndita zona del parque.
Los trabajos de restauración en el interior de la montaña artificial, que cuenta con un espacio abovedado de planta circular abierto con una claraboya superior y cuatro galerías abovedadas que discurren por el cerro, han logrado concretar uno de sus objetivos prioritarios, que era tratar y eliminar las humedades producidas por filtraciones en el interior de la sala y en la bóveda de la montaña. Para lograr esto, se ha mejorado la cubierta, teniendo en cuenta que en su construcción original fue 'enterrada' con tierra y vegetación para crear la montaña artificial sobre ella. La bóveda se ha mantenido respetando la construcción original, conservando su volumen de 14 metros de diámetro y 11 metros de altura.
Además, se han recuperado las cascadas y láminas de agua, adaptando las zonas arbustivas y el patrimonio vegetal en los pequeños senderos ajardinados ascendentes que rodean la montaña. Se ha restaurado el trazado interior de la montaña y se han renovado los caminos que integran el recorrido con el objetivo de devolver el espíritu original a este espacio, una tarea que no fue nada sencilla. “Cuando estábamos desbrozando, aparecieron las dos leonas de la cascada principal, fue toda una sorpresa”, rememora el trabajador municipal que recorre con Madridiario las renovadas zonas verdes. Los elementos patrimoniales del conjunto también han sido consolidados y revalorizados, mientras que las instalaciones de iluminación y la red de riego han sido sustituidas y adaptadas a la nueva vegetación.
Hallazgos de otra época
Durante el transcurso de las obras, se han hecho importantes hallazgos arqueológicos. Entre ellos, se ha descubierto un viaje de agua que conducía a una noria, anterior a la construcción del parque. Estos viajes de agua formaban parte del sistema utilizado en Madrid hasta mediados del siglo XIX para la distribución del agua a través de una extensa red de galerías subterráneas por toda la ciudad.
Además, durante las obras también se han desenterrado los contrafuertes originales que han sostenido la bóveda desde su construcción. Parte de estos elementos permanecerán descubiertos a partir de ahora permitiendo que los visitantes puedan contemplarlos a través de un cristal.