Las grandes diferencias en ingresos y nivel de vida que separan a los países ricos de los países pobres han conducido a intentar reconocer y reproducir los patrones comunes que llevan a los países hacia la prosperidad, y evitar los que llevan al fracaso. No obstante, en esta búsqueda el elemento político se ha venido minusvalorando frente a otros, cuando es el factor esencial.
Pero ¿qué factores determinan la prosperidad o el fracaso de los países? Los estudios sobre crecimiento y desarrollo se han centrado especialmente sobre esta materia.
Crecimiento y desarrollo
La teoría económica tradicional trata de la asignación eficiente de los recursos productivos escasos, de forma que se minimicen costes, y del crecimiento óptimo de estos recursos a lo largo del tiempo, para conseguir una producción creciente de bienes y servicios.
Sobre esto, se han ido introduciendo conceptos nuevos. Así, Kuznets definió el crecimiento económico de una nación como un “aumento de su capacidad a largo plazo para proporcionar una oferta creciente y variada de bienes económicos a su población. Este crecimiento se basa en una tecnología avanzada y en los ajustes ideológicos e institucionales que requiere tal tecnología”.
Aquí se introduce la idea de que ciertos avances tecnológicos necesariamente deben ir acompañados por unos ajustes ideológicos e institucionales que, de otro modo, podrían lastrarlos.
La Economía del Desarrollo, es la rama de la Economía que trata de determinar los mecanismos que hay que poner en funcionamiento para internar a los países subdesarrollados en una senda de desarrollo. La Teoría del Desarrollo, por consiguiente, tiene un alcance aún mayor. No sólo trata de la asignación eficiente de los recursos escasos de que se dispone, sino que también debe ocuparse de los mecanismos necesarios para producir mejoras rápidas a gran escala en los niveles de vida de las regiones del Tercer Mundo. Estos mecanismos pueden ser económicos, sociales e institucionales, tanto públicos como privados. Por tanto, se ocupa de los procesos políticos y económicos necesarios para desencadenar rápidamente ciertas transformaciones estructurales e institucionales de sociedades enteras de forma que la mayoría de la población pueda disfrutar del progreso económico.
Las teorías del desarrollo económico han ido haciendo énfasis sobre ciertos aspectos importantes del proceso. Podemos destacar las siguientes:
- a) La teoría del crecimiento económico por etapas se basa en que la experiencia histórica de los países industrializados puede servir de guía para conseguir el desarrollo de los países del Tercer Mundo. Así su principal defensor, Rostow, clasificaba las sociedades en cinco categorías:
- Sociedad tradicional.
- Precondiciones de despegue hacia el crecimiento económico autosostenido.
- Crecimiento económico autosostenido.
- Camino hacia la madurez.
- Etapa de alto consumo.
Las sociedades tradicionales tenían que seguir una serie de reglas para ir cubriendo las etapas, centradas principalmente en generar ahorro interno (privado y público) y, en su caso, externo, y canalizarlos hacia inversiones productivas (también con asistencia técnica de países desarrollados).
- b) La teoría neoclásica del cambio estructural se centra en el mecanismo por el cual los países subdesarrollados, que basan su economía en la agricultura tradicional de subsistencia, transforman su estructura económica para convertirse en economías más modernas, más urbanizadas y con una importancia mayor de la industria y los servicios.
- c) La teoría del desarrollo de Lewis explica el proceso de desarrollo de los países del Tercer Mundo con exceso de mano de obra. En este modelo, una economía subdesarrollada consta de dos sectores.
- Sector tradicional agrícola: superpoblado, con una productividad del trabajo bajísima, lo que lleva a que la mano de obra excedente pueda ser retirada del sector agrícola sin que descienda la producción.
- Sector moderno, de elevada productividad, urbano e industrial. La mano de obra se trasferiría gradualmente del sector tradicional al moderno.
Se produciría, por tanto, una transformación estructural de la economía mediante el paso del sector agrario al industrial.
- d) El Modelo de Hollis Cheney se centra en el cambio estructural y las pautas de desarrollo. Se basa también en el cambio de la agricultura por nuevas industrias como motor del crecimiento económico y se asienta sobre estudios empíricos. Aquí el ahorro y la inversión son condiciones necesarias, pero no suficientes, para el crecimiento económico; hacen falta también transformaciones en la estructura del país en aspectos como la producción, la demanda de los consumidores, el comercio internacional, la utilización de los recursos, la reurbanización o la distribución de la población.
En la medida en que los países en vías de desarrollo puedan aprovecharse de las ventajas que les proporcionan los países desarrollados, podrán evolucionar más fácilmente.
Para este autor, cuando la contribución de la agricultura al Producto Interior Bruto es la misma que la de la industria, el país pasa de la fase de subdesarrollo a la de transición al desarrollo, en la que la contribución de la industria va creciendo.
En conclusión, el desarrollo económico es un proceso identificable de crecimiento y cambio, cuyas características principales son similares en todos los países, aunque la rapidez y las pautas de desarrollo dependen de factores nacionales e internacionales, muchos de los cuales escapan al control del país en cuestión.
- d) Los Modelos de dependencia internacional presentan a los países del Tercer Mundo como atenazados por rigideces institucionales y atrapados por una relación de dependencia y dominación con respecto a los países ricos. Dentro de estos modelos destacan:
- Modelo de dependencia neocolonial: de enfoque marxista, atribuye a la evolución histórica del sistema capitalista a nivel internacional las relaciones desiguales entre países en vías de desarrollo y países desarrollados, dificultando estos últimos los intentos de los primeros por alcanzar un desarrollo autosuficiente e independiente. También destaca la existencia de ciertas élites dentro de los países que están interesadas en mantener el sistema.
- Modelo del paradigma falso: atribuye el subdesarrollo del Tercer Mundo a los consejos inapropiados de asesores o expertos internacionales, generalmente poco informados.
En conexión con estas teorías, se aprecia que los aspectos estructurales de los países en vías de desarrollo pueden influir en su éxito o fracaso, aunque no con la influencia o magnitud que muchas veces se supone. Entre estos aspectos podemos encontrar siete principales.
1- Tamaño del país (geográfico, población y nivel de renta):
El tamaño de un país, el número de habitantes y la renta per cápita se suelen considerar determinantes fundamentales de su potencial: los países de gran tamaño suelen tener ventajas como disponer de recursos, de grandes mercados y presentar una menor dependencia de las materias primas y de los recursos extranjeros. Como contrapartida, suelen presentar dificultades de control administrativo, de unidad nacional y desequilibrios entre regiones.
A nivel empírico, sin embargo, no hay correlación entre tamaño del país, renta per cápita y grado de distribución de la renta.
2- Evolución histórica:
La mayor parte de los países de Asia y África fueron colonias, y suelen dedicarse más a perfeccionar su estructura política y económica que a promover un desarrollo económico rápido. Otros países, como los de Iberoamérica llevan más años de independencia y una herencia colonial más homogénea (Portugal y España), lo que hace que tengan tradiciones económicas y sociales comunes. No obstante, lo relevante es hacia qué tipo de instituciones lleva la evolución de estos países.
3- Dotación de recursos materiales (minerales y materias primas) y humanos (número de habitantes y nivel de cualificación):
Tienen una alta correlación con el crecimiento potencial de un país; otra cosa es el crecimiento real: los recursos materiales que, en principio son una ventaja, a veces se presentan como una maldición (si son explotados para beneficiar exclusivamente a una oligarquía o a potencias extranjeras; incluso podemos ver poblaciones explotadas en régimen de semi esclavitud). El nivel de cualificación sí se considera como altamente influyente en el éxito de los países; incluso en el peor de los casos, la población formada es más difícil de explotar, tiene mayor capacidad para rebelarse y está en mejores condiciones para emigrar.
4- Importancia relativa del sector público y el sector privado:
La mayor parte de los países tiene una economía “mixta”: la propiedad de los recursos, así como su utilización la ostenta en parte el sector público y en parte la iniciativa privada. En el caso de predominio del sector público se realizarán importantes proyectos de inversión estatal y empleo agrícola, y en el caso de predominio privado serán más comunes las políticas de incentivos fiscales. El sector público tiene unas funciones asignadas a ejercer; sin embargo, en los países desarrollados, tiende a extralimitarse en sus funciones y puede llegar a ser una institución “extractiva” del sector privado.
5- Estructura sectorial:
La mayor parte de los países en vías de desarrollo son agrarios. La estrategia para el desarrollo en el Tercer Mundo dependerá de la naturaleza, estructura y grado de interdependencia entre sus sectores. Se ha recalcado la importancia de la transición de economía agrícola a industrial y de servicios en el proceso de desarrollo.
6- Grado de dependencia de fuerzas externas:
Aspecto especialmente relevante. En la mayor parte de los países del Tercer Mundo, la dependencia es muy acusada a nivel económico, social y político.
7- Distribución del poder dentro del país y organización política e institucional:
La organización política, así como los intereses creados y la voluntad de las élites que gobiernan un país determinarán qué estrategias son factibles y cuáles son los principales obstáculos para el cambio económico y social. La mayor parte de los países en vías de desarrollo están gobernados directa o indirectamente por élites pequeñas pero poderosas.
Pero, en definitiva, ¿cuáles de estos aspectos estructurales, además de influir, determinan el éxito o el fracaso de los distintos países? De acuerdo con el planteamiento básico de Acemoglu y Robinsón (2012), el factor fundamental son las instituciones políticas y económicas, que crean esquemas distintos de incentivos para individuos, empresas y políticos.
Independientemente de otros factores que puedan coadyuvar a la prosperidad de un país, es conveniente tener presente que son sus dirigentes y sus políticas económicas los que determinan el éxito o el fracaso del mismo. Las élites gobernantes tienen, por tanto, una responsabilidad clara e ineludible.