El teléfono móvil se ha convertido en un elemento indispensable en el día a día del ciudadano medio. Más allá de su uso como elemento de comunicación, en nuestro dispositivo ya podemos llevar asociadas tarjetas de crédito para pagar en cualquier establecimiento, mostrar en la pantalla nuestro carnet de conducir o el Documento Nacional de Identidad si lo requiere cualquier agente de la autoridad y ahora también almacenar en el wallet nuestro abono transporte para acceder a Metro, autobús o tren de Cercanías simplemente aproximando el celular a la máquina validadora.
El Consorcio Regional de Transportes de Madrid (CRTM) puso en marcha al inicio del verano una prueba piloto para digitalizar la Tarjeta Transporte Público Personal (TTP) y probar este sistema con 4.000 voluntarios usuarios de Android. El interés por participar superó todas las expectativas, por lo que el CRTM ha abierto un segundo periodo de inscripción para otros 4.000 viajeros usuarios del abono mensual, con el objetivo de ampliar la muestra y recoger más opiniones. En total, serán 8.000 las personas que prueben el abono transporte digital antes de que se extienda al conjunto de la población.
Un proceso sencillo
Juan es uno de esos usuarios que desde hace una semana está probando el sistema. Residente en la zona noroeste de la Comunidad, cada día realiza unos cuatro trayectos en autobús interurbano, metro y, en ocasiones, también tren de Cercanías para desplazarse entre su domicilio y su trabajo en Madrid. Se quedó con las ganas de participar en la primera prueba piloto y hace unos días, cuando se enteró de esta segunda oportunidad, no la dejó escapar.
“Rellené el formulario de solicitud y al día siguiente de inscribirme recibí un correo con un enlace de descarga y los pasos que debía dar”. El proceso le resultó bastante sencillo, “instalé la app Mi Tarjeta de Transporte y seguí las instrucciones para digitalizar mi abono”, una operación casi instantánea, “simplemente acercándola al teléfono, la tarjeta se digitaliza”. En ese momento, dijo adiós a su tarjeta física, que ha quedado inactiva. Una vez acabe esta prueba piloto ya no habrá marcha atrás, confirma que seguirá utilizando su TTP en formato virtual y no echará de menos su vieja tarjeta, “ya bastante deteriorada por el uso”.

Añade un dato que considera relevante: “Lo importante es que hay que inscribirse en el programa con el mismo correo electrónico que tienes en la Play Store, porque la descarga está autorizada a ese usuario”.
Para este madrileño “la comodidad” es la principal ventaja de la digitalización: “Hoy por hoy, todos salimos con el teléfono móvil siempre. Y es raro que te lo olvides, salvo por un despiste. Es más normal que no lleves la tarjeta porque bajes a dar un paseo y no la cojas”. Otro punto a favor que le encuentra es la recarga del abono, que se puede hacer directamente desde la app.
Sacando partida al móvil
La aplicación, disponible para móviles Android 9.0 o superior con NFC, permite acercar el dispositivo al torno de acceso o la validadora como si fuera la tarjeta de siempre. Juan recuerda que la primera vez que usó el abono desde su móvil no sintió preocupación ante la posibilidad de que no funcionara. “Siempre tienes dudas, pero yo confío completamente en la tecnología”, señala este usuario que saca mucho partido el NFC del móvil y a su wallet, donde almacena tarjetas de crédito, billetes de avión y tren, entradas de cine, teatro y conciertos, tarjetas de fidelización, el carné de la biblioteca y ahora también el abono transporte.
Al principio le chocó que lo que se ve en el wallet de su smartphone es el reverso de la tarjeta de transportes, es decir, la parte donde no aparece la cara del titular. Luego, descubriendo las utilidades de la aplicación, ya encontró un área de usuario donde se muestra la foto del viajero y sus datos.
Solo le ha aparecido una vez en los tornos el temido mensaje "tarjeta ilegible" y tuvo que recurrir al interfono de la estación de Lavapiés para que le abrieran en remoto. El problema se solucionó tras "un reiniciado, una limpieza de caché y un par de cosas más y en Moncloa volvió a funcionar con normalidad". Aunque, hasta el momento, se muestra satisfecho con la experiencia, admite que la posibilidad de que se le agote la batería o que el móvil se estropee podría representar un problema, “pero es raro que me quede sin batería. Podría ocurrir, pero es más posible que me olvide la cartera en casa, como me ha pasado alguna vez”.
Desde la Consejería de Transportes aclaran que, en el caso de que se produzca un cambio de móvil, “para poder seguir utilizando la tarjeta virtual, se deberá usar la misma cuenta de Google que se utilizó en el terminal anterior”. Antes de incorporarla el nuevo dispositivo, hay que desactivar la tarjeta del anterior entrando en Google Wallet, pulsando en los tres puntos de la parte superior y eligiendo la opción "Mover tarjeta a otro dispositivo". A partir de ahí, en el nuevo dispositivo sólo se tendrá que “volver a descargar la aplicación de virtualización y la de Google Wallet. Desde el momento en que se inicie sesión con el mismo correo, el wallet mostrará la tarjeta transporte. Aparecerá desactivada, hay que activarla simplemente pulsando sobre ella”, explican en Transportes.
En caso de pérdida del móvil, se deberá solicitar un duplicado de la tarjeta bien online o en las oficinas de gestión y virtualizarla nuevamente. Del mismo modo, si algún usuario no se siente satisfecho con el cambio de lo analógico a lo digital, podrá volver al abono físico, para lo que “tendrá que eliminar la virtual y solicitar una nueva tarjeta personal”.

Sondeo entre los usuarios
Estas inquietudes son comunes entre los participantes, que durante las 12 semanas de duración del proyecto piloto podrán trasladar sus impresiones al CRTM para que la experiencia mejore antes de abrirse a toda la red. De momento, solo pueden probarlo usuarios con teléfono Android y no iPhone, algo que a este madrileño le parece “absurdo, debería estar para las dos plataformas a la vez”.
Dos días después de empezar a utilizar su tarjeta en el móvil, Juan recibió una encuesta de satisfacción. “Me preguntaron si fue fácil el proceso de instalación, si me causó alguna dificultad y si había utilizado ya el abono en diferentes medios”, comenta. También le invitaba a proponer cualquier mejora para la aplicación. “He sugerido que podía ser más atractiva, porque visualmente es un poco fea”, confiesa a Madridiario. En próximas interlocuciones con los responsables de la prueba piloto espera trasladarles algún problema puntual que ha detectado con el NFC a la hora de usar sus tarjetas de pago, por si pudiera deberse a que el abono recién instalado interfiera con ellas de alguna manera.
El CRTM prevé extender el servicio a todos los viajeros en el último trimestre de 2025, una vez finalice la prueba piloto. En concreto, su implantación para móviles Android está prevista para el próximo mes de noviembre y para IOS a lo largo de 2026.
Según confirman a Madridiario desde la Consejería de Transportes, en esta segunda fase de la prueba piloto aún quedan plazas para los voluntarios que se quieran apuntar. El registro de participantes se cerrará cuando se alcancen los 4.000 inscritos en este nuevo plazo. Los interesados deben disponer de una TTP Personal física que es la que se digitaliza a través de la app. Los usuarios de la Tarjeta Infantil, Tarjeta Azul o Tarjeta con título anual quedan fuera del proyecto. El móvil debe contar con un sistema operativo Android 9.0 o superior con NFC y tener instalado Google Wallet, ya que la tarjeta digitalizada queda almacenada en esta plataforma.
La llegada del abono digital supone un salto en un proceso que comenzó hace años. Desde 2021 ya es posible recargar la tarjeta con el móvil y desde noviembre de 2024 los usuarios pueden llevar en el dispositivo los billetes de diez viajes, los abonos turísticos y el suplemento de aeropuerto. Ahora, con el abono mensual, se añade la pieza más importante del puzzle, ya que este título es utilizado a diario por cientos de miles de madrileños.
Con iniciativas como esta, Madrid se suma a otras grandes capitales europeas que ya avanzan hacia la digitalización total del transporte público, una transición que, para quienes ya la han probado, parece irreversible.