Petra y Juan, Juan y Petra son un pilar del teatro español del último medio siglo. La concesión del Premio Nacional de Teatro a este matrimonio es el reconocimiento institucional -tardío- a sus extraordinarias carreras sobre la escena.
Son, además, la base de la historia del teatro independiente en España desde los lejanos tiempos de El Gayo Vallecano o la sala Cadarso. En el teatro rompedor, comprometido y alejado del que siempre se ha llamado ‘comercial’ desarrollaron una buena parte de sus vidas. Luchando, además, por conseguir los derechos laborales de los profesionales. Castañuela 70 fue un punto y aparte en la escena del siglo XX. En aquel montaje -prohibido- estaban también profesionales como Gloria Muñoz, Alicia Sánchez, José Luis Alonso de Santos o Miriam de Maeztu. Creo que pocos artistas suscitan el elogio unánime de todos sus compañeros como esta pareja a la que, en las últimas décadas, nos hemos acostumbrado a verlos juntos en escena. Fundaron Uroc Teatro con el que han venido poniendo en pie sus producciones. En la madurez les llego el reconocimiento a su calidad humana y artística. Juan, que ha escrito y dirigido también, se ha quedado más en segundo plano cuando la extraordinaria Petra se ha convertido en una de las grandes de la escena, el cine y la televisión. Su último papel, la malvada doña Fina de La que se avecina, le permite dar lecciones magistrales de interpretación en cada capítulo. Ambos son maestros de la naturalidad y son capaces de interrumpir una representación si creen que no está saliendo bien e iniciarla de nuevo para mejorarla. Juan es pozo de anécdotas, propias y de extraños. Compartir un café con él es uno de los grandes placeres para los amantes del teatro. Han inoculado el veneno del teatro a sus hijos Juan y Olga. Esta última es ya una reconocida directora de escena.
En este caso, el Premio Nacional se honra con la inclusión en el palmarés de Petra Martínez y Juan Margallo. Hoy las redes sociales de la escena están inundadas con sus fotografía.