Acceder a un establecimiento en Madrid puede convertirse en una auténtica odisea para quienes utilizan una silla de ruedas. Begoña Criado lo sabe bien. Hace tres años dejó atrás las muletas para comenzar a desplazarse con silla de ruedas. “Al principio era solo para disfrutar un poco más, porque con la muleta me tenía que parar cada dos por tres. Pero luego mi salud empeoró y ahora la utilizo a diario para todo”, explica.
Desde entonces, su día a día ha evidenciado que la ciudad no está pensada para todos, aunque "no es de las peores". “Un día recorrimos la calle Fuencarral de arriba a abajo buscando un sitio para tomar algo y no encontramos ninguno local accesible. Al final nos fuimos a casa”, recuerda. Y cuando consigue entrar a algún establecimiento, a menudo se topa con otros obstáculos: pasillos estrechos, mesas altas, baños en plantas bajas o espacios reducidos que impiden moverse con libertad. “Ir en silla de ruedas es un obstáculo constante”, resume.
La situación de Begoña también ha obligado a su entorno a adaptarse. Teresa Pérez, una de sus amigas, admite que no fue consciente de las barreras existentes hasta que lo vivió de cerca: “No me había dado cuenta de cuántos locales no están adaptados hasta que Begoña empezó a usar la silla de ruedas”. Ahora, el entorno de Begoña lo tiene claro: si no pueden acceder, no entran. “Antes, con las muletas, todavía podía entrar a muchos sitios. Pero ahora, con la silla, es distinto. Hay muchas cafeterías de toda la vida que hemos tenido que dejar de visitar porque tienen un escalón en la entrada. Y por pequeño que sea, si no puedes subirlo, no puedes entrar”, lamenta.
“No se trata de una cuestión técnica, sino de derechos humanos. La inacción es también complicidad”
Algunos locales disponen de una rampa portátil, pero hay que pedirla. “Muchas veces nos dicen que la tienen en el almacén y que la sacan si hace falta, pero me siento incómoda teniendo que esperar a que me ‘habiliten’ la entrada. Así que muchas veces prefiero no entrar”, confiesa.

Estos obstáculos no se limitan al ocio. Hace un año, Begoña acudió a un edificio de la Agencia Tributaria y no pudo acceder porque el salvaescaleras estaba roto. “Es increíble la cantidad de edificios públicos que no son accesible. Y cuando preguntas, te dicen que el salvaescaleras no funciona. Pues si se rompe, que lo arreglen”, exige.
Una situación similar vive Jesús Rodríguez. Solía acudir con frecuencia al Teatro Arlequín, pero desde septiembre del año pasado ha dejado de ir: el salvaescaleras lleva meses averiado. “Y para colmo, para llegar hay que subir un pequeño escalón. No tiene ningún sentido”, crítica. “Me gustaría seguir yendo al teatro, pero paso de arriesgarme a llegar y encontrarme con que sigue roto”.
Pero el teatro no ha sido el único lugar que ha dejado de frecuentar. Jesús también ha denunciado ante la Agencia de Actividades, a través de Famma (Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Madrid), al Banco Santander por la falta de accesibilidad de su oficina situada en la plaza de la Emperatriz número 7. Según relata, el local cuenta con dos entradas, pero ambas tienen escaleras. Una de ellas, incluso, está señalizada con el símbolo de sucursal “accesible”, a pesar de no contar con ningún acceso adaptado. “A mí me da risa”, comenta con ironía.
"Hay muchas cafeterías de toda la vida que hemos tenido que dejar de visitar porque tienen un escalón en la entrada"
La única solución que le han ofrecido desde la sucursal es que acuda a otra oficina, pero eso implica desplazarse en transporte público porque no hay ninguna cercana. “Tienes que ir a firmar papeles e historias, y esto no es solo por mí, sino también por toda la gente mayor”, subraya.
Fernando insiste en que el problema tiene una solución sencilla. “Hay dos entradas, y una de ellas tiene solo un escalón. Incluso en la que tiene más escalones se podría instalar un salvaescaleras. No es tan complicado”, concluye.
Más de 400 denuncias ante la Agencia de Actividades
El Banco Santander de la plaza Emperatriz o el Rodilla de la calle Orense son algunos de los ejemplos que Famma ha puesto sobre la mesa ante la Agencia de Actividades del Ayuntamiento de Madrid por su inaccesibilidad. “Tenemos más de 400 informes que hemos trasladado a este organismo y no hacen ningún caso a este asunto, con lo cual nos está perjudicando porque se pone en riesgo la inclusión de muchas personas, no solo de aquellas que sufren discapacidad, sino de todas las personas con movilidad reducida”, critica Javier Font, presidente de Famma en declaraciones a Madridiario.
Desde 2017, la legislación vigente obliga a garantizar la accesibilidad universal a todos los establecimientos abiertos al público, pero centenares de locales comerciales en Madrid “siguen prestando barreras arquitectónicas flagrantes (escalones en la entrada, ausencia de rampas, puertas estrechas o aseos accesibles). No obstante, para Famma, lo más preocupante es que la Agencia de Actividades continúa otorgando licencias o renovándolas sin exigir el cumplimiento estricto de la normativa, provocando una “discriminación y limitación de libertad de movimiento de miles de personas en la capital”. “No se trata de una cuestión técnica, sino de derechos humanos. La inacción es también complicidad”, destaca.
“Somos conscientes de que no podemos estar exigiendo que se cumpla al milímetro todo lo que dice la normativa, pero es que en muchas ocasiones no se puede ni entrar al local, lo que es bastante aberrante”, confiesa el presidente de la entidad.
La organización considera inadmisible que una institución pública siga concediendo licencias a locales que incumplen la legislación vigente en materia de accesibilidad, tanto a nivel estatal como autonómico y municipal. Por ello, exige una actuación inmediata a la Agencia de Actividades del Ayuntamiento de Madrid, con medidas concretas como la revisión urgente de todas las licencias, la revocación de aquellas que no garanticen el acceso a todas las personas, la puesta en marcha de un plan de inspecciones con criterios sociales y no solo técnicos, y la publicación de datos transparentes sobre los locales accesibles e inaccesibles en la ciudad.
No se tratan de casos heredados del pasado, sino de nuevas licencias
En los últimos cinco años, Famma ha presentado más de 430 denuncias formales por establecimientos que incumplen la normativa. Muchas de ellas, según la Federación, han sido ignoradas o han recibido respuestas vagas por parte de la administración. Entre los casos más graves se encuentran locales recién inaugurados en vías principales como Fuencarral, Bravo Murillo o General Ricardos, con licencias municipales que, pese a ello, siguen siendo inaccesibles para personas en silla de ruedas. También denuncian bares y restaurantes en barrios como Malasaña, Lavapiés o Chamberí sin aseos adaptados ni entradas accesibles, así como comercios de cadenas nacionales que operan en la capital sin cumplir los requisitos mínimos exigibles desde hace más de ocho años.
“Estos no son casos heredados del pasado. Hablamos de locales que abren hoy, en 2025, con total impunidad y con el aval implícito del Ayuntamiento, que mira hacia otro lado y convierte en papel mojado la legislación”, denuncia Javier Font. “La accesibilidad no es un lujo ni un capricho, es una obligación legal y moral. Madrid no puede sostener un sector comercial moderno sobre la exclusión de parte de su ciudadanía”.