Maneras de organización de la sociedad
El hombre se ha organizado en sociedad de diferentes formas, sin responder a un estereotipo innato. R.L. Heilbroner agrupó históricamente todas estas formas bajo tres patrones principales. De este modo, todas las maneras que ha elegido la humanidad para organizarse en sociedad se podrían encuadrar dentro de las variedades siguientes:
- La tradición: mediante este sistema, la tarea que desempeña cada individuo dentro de la sociedad y la retribución de la misma se transmiten de generación en generación.
- El mandato autoritario: existe una autoridad que asume de forma centralizada toda la toma de decisiones necesarias para el mantenimiento de la sociedad.
- El sistema de mercado: con este sistema es el individuo el que elige su actuación, de manera que se orienta hacia lo que le reporte una mayor ganancia monetaria.
Si se analizan los distintos modos de organizar las sociedades, podemos apreciar que, aunque a veces haya mezclas de variedades, podemos encuadrar con cierta facilidad cada sociedad, de forma predominante, en una de las tres que se han expuesto.
Orientación económica de las sociedades y surgimiento del sistema de mercado
Durante la mayor parte de la historia, la organización económica fue determinada por la costumbre y la tradición (por ejemplo, se pueden encontrar pruebas históricas de que en la India los oficios se vinculaban a la casta a que pertenecían los individuos). En estas sociedades, las pautas de actuación de las personas estaban encauzadas y la organización económica estaba clara.
También las sociedades han recurrido a una autoridad central para asegurar que las actividades necesarias para su supervivencia sean realizadas. Mediante el mandato coactivo se llevaron a cabo, por ejemplo, los planes quinquenales de la Unión Soviética; no por seguir una tradición ni satisfacer un interés individual.
Los dos sistemas que se han expuesto -tradición y mandato autoritario- son eminentemente claros y objetivos. No existía ni hacía falta la ciencia económica para explicarlos. Sin embargo, al crecer las ciudades proliferaron los burgueses libres que vivían del intercambio y la compraventa; a la vez, las ciudades –especialmente en Europa- adquirían un creciente poder político. Comenzó a tener más importancia el sentimiento de pertenencia a una nación que, posteriormente, daría lugar al concepto moderno de Estado. Todo esto favoreció el desarrollo del sistema de mercado.
En el sistema de economía de mercado el individuo se encamina libremente a la actividad que le resulta más ventajosa monetariamente, aunque ateniéndose a unas normas. El individuo no actúa con arreglo al principio de autoridad ni a ninguna tradición, sino guiado por la ganancia. Esto origina un conjunto de acciones recíprocas cuyo resultado es que se realicen las actividades que requiere la sociedad, dando solución al problema de la supervivencia.
Convencionalmente, se ha hecho coincidir el nacimiento de la ciencia económica con la publicación de “La riqueza de las naciones”, de Adam Smith, donde surge de forma explícita el estudio del sistema de mercado. Esta obra, si bien no supone el descubrimiento del sistema de mercado, sí explica de forma completa la filosofía de su funcionamiento.
El mercado marca una senda de actuación cuando dos o más individuos desean utilizar un mismo bien escaso: poniendo como premisas la existencia de libertad individual y propiedad privada, los individuos realizarían una cooperación voluntaria para la satisfacción de sus distintos fines por medio del intercambio pacífico. El intercambio voluntario se realiza cuando las partes que lo realizan creen que les beneficiará. El precio a que se realizan esos intercambios será la guía que permita que millones de personas actúen coordinadamente y -buscando cada una de ellas el interés propio- alcancen el beneficio mutuo. Es importante recalcar que este beneficio mutuo alcanzado se contrapone a la idea errónea de que una parte sólo puede ganar a expensas de la otra.
Los precios, en la organización de la actividad económica cumplen con las funciones de transmitir información, conducir a los métodos de producción menos costosos y determinar la distribución de la renta. Este ámbito de intercambio, por otro lado, conduce a la división del trabajo y del conocimiento, lo que redunda en beneficio de la sociedad.
Economía de mercado pura y economía de mercado mixta
El sistema de libre mercado, mediante los ajustes espontáneos de la oferta y la demanda, la libre empresa y el incentivo de la maximización del beneficio dentro de un marco de libertad de comercio, tiende a la estabilidad y al equilibrio. No obstante, los problemas con que se han encontrado las naciones que han aplicado el sistema de mercado han sido atribuidos a los fallos de mercado, y esto ha servido de justificación para la intervención creciente de los gobiernos, hasta tal punto que han llegado a asumir un papel crucial en el funcionamiento de las economías, surgiendo también los “fallos del Estado”, que pueden llegar a tener efectos negativos mucho mayores sobre la actividad económica.
En la práctica, el sistema de libre mercado se ha implantado de forma clara y decidida muy pocas veces. Históricamente, encontramos los casos de Japón (durante un período de treinta años posterior a la restauración Meiji, en 1867), Gran Bretaña (durante los sesenta años de reinado de la Reina Victoria) y los Estados Unidos (desde comienzos del siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial). En todos estos casos, en un marco de libre mercado y gastos públicos contenidos, el crecimiento económico y la mejora en los niveles de vida fueron sobresalientes.
Entre los sustentos teóricos de la economía de libre mercado, establecía que el mercado lleva de forma espontánea al pleno empleo. Esta creencia económica, concretada en el llamado Principio de Say, establecía que la oferta genera, vía rentas, una demanda equivalente. Independientemente de lo que crezca la oferta, siempre habrá una demanda suficiente para atenderla. Mediante este flujo circular, la economía avanzará siempre hacia la plena utilización de sus recursos productivos y se mantiene estable al alcanzar dicha situación.
Sin embargo, la Gran Depresión de los años 30 (en la que la economía permaneció durante un período largo de tiempo en una situación estable con desempleo de sus recursos humanos y financieros) puso en evidencia los fallos en el cumplimiento de esta teoría. John Maynard Keynes, refuta esta teoría aduciendo que las fuerzas que llevan al crecimiento económico no se encuentran en el lado de la oferta de la economía, sino en el de la demanda, y propugna una intervención pública explícita para aumentar la demanda.
Las autoridades económicas de los estados establecieron, por tanto, de una intervención pública en el libre mercado. Esto llevó a que las sociedades desarrolladas, basadas en un sistema de libre mercado, pasasen a convertirse en economías mixtas.
De este modo, la mayoría de los países desarrollados en la actualidad tienen el ya referido sistema de “economía mixta”, caracterizado por basarse en la economía de mercado, pero donde el sector público ha dictado normas y ha creado instituciones destinadas a “corregir” y “complementar” al mercado. En las naciones denominadas capitalistas, por tanto, existe realmente un sistema mixto de mercado, con intervención de las autoridades y presencia activa del sector público (es frecuente que la participación del sector público en las economías supere el 50% del producto nacional).
Por otro lado, y a raíz de la crisis de productividad acaecida en la década de los 70 del pasado siglo, se prestó atención a las fuentes de ineficiencia económica generadas por los modos y el tamaño de la intervención pública en el mercado. A partir de ahí los “fallos del Estado” pasan a tenerse en cuenta, y no sólo los “fallos del mercado”. La confrontación entre ambos tipos de fallos es el escenario donde se desarrolla, desde finales del siglo pasado hasta el momento actual, la batalla política y social.
La evidencia histórica es que con la aplicación del sistema de libre mercado es como se han alcanzado las más altas cotas de crecimiento económico, desarrollo y bienestar de las sociedades. Para M. Friedman “…el intercambio voluntario es una condición necesaria tanto para la prosperidad como para la libertad” (es condición necesaria, pero no suficiente).
También es importante mencionar las anteriores economías de planificación central que, ante el fracaso de ese sistema, están inmersas en un proceso de transformación en el que se introducen mecanismos de mercado. Se caracterizan por una mezcla de economía de mercado, fuerte intervención de las autoridades y alta presencia del sector público.
El ejemplo más relevante lo representa hoy China. Tras el fracaso estrepitoso del Gran Salto Adelante bajo el gobierno de Mao, desde que accedió al poder Deng Xiaoping -en 1978-, se fueron introduciendo gradualmente mecanismos de mercado, comenzando por la agricultura y desarrollando el mercado interior; posteriormente se entró en contacto con el resto del mundo produciendo bienes intensivos en mano de obra -barata, por demás- como ropa o juguetes, y reinvirtiendo las divisas generadas por las exportaciones en materias primas y nuevas tecnologías; también buscaron la inversión extranjera, aprovechando su experiencia y convirtiendo a China en una potencia mundial en sectores como la tecnología o el transporte.
El desarrollo económico de China se ha realizado introduciendo las potencialidades del mercado, pero sin dejar de ser una dictadura y sin perder el control el partido comunista. Lo importante sigue siendo el poder, y es omnipresente: y los propietarios de las empresas pueden ser multimillonarios, pero también son “propietarios sin propiedad”, porque si muestran disconformidad con los dictados del partido, desaparecen o son purgados hasta que vuelven a seguir la senda marcada. Se han introducido mecanismos de mercado porque funcionan, pero en un régimen totalitario.
Vemos que la influencia de China es creciente, y no sólo se percibe cuando leemos las etiquetas de los productos que adquirimos. Es una dictadura comunista con vocación de expansión global y Europa es cada vez un actor más secundario e influenciable en la esfera internacional. En esta marea mundial no parece casualidad que las libertades individuales se vean cada vez más restringidas.